Yo no sé si será una suerte o no, pero
gracias a la lengua los hispanohablantes podemos distinguir, percibir y
conceptuar los dos modos de existencia, que son el ser y el estar, que tanto
tienden a confundirse, aunque en todas partes se acabe pasando del primero al
segundo, volviéndose el vivir un estado, que al final se convierte en ese algo
cochambroso e incierto donde el vivir ya “ni está ni se le espera”, que cada
vez más dura toda la vida, y un Sartre redivivo bien podría cambiar su El ser y
la nada por El estar y la nada, más propio de los tiempos actuales llenos de
muerte social, luz de gas y defunciones anunciadas.