Incluso en tiempos tan horrendos
laboralmente como estos en los que prima la afirmación de Don Vito, “me es
indiferente cómo se gane nadie la vida”, sigue llamando la atención lo distinto
que se habla según qué ocupaciones, pudiéndose observar en el lenguaje un
acentuado toque clasista para categorizar los oficios, clasificándolos según no
sólo sus posibles gratificaciones, algo admitido por todos y que se hace
abiertamente, sino también por cómo se accede a ellos, algo que en su misma
enunciación ya se expresa del modo más “inocente”, delatando así el empeño
creciente por acotarlos, delimitarlos, valorarlos, calificarlos e incluso
juzgarlos al mismo sacarlos a la palestra.