jueves, 18 de mayo de 2017

Tres novios y un funeral

Si Pedro gana a Susana lo mismo es acusado de callicidio. Una pena. Aunque me la trae floja. Y eso que a mí los entierros como que me van. Porque este serial patrocinado por Moncloa S.A. me suena a tres que, vestidos de novios, a lo que van en realidad es a un funeral: el suyo. 
La muerte empezó a ocurrir hace mucho, como suele, antes de que Felipe, Bono, ZP y otros troles cometieran dos errores (además de ser ricos), como en aquella de Clint Eastwood, al defenestrar al mayordomo: uno, liquidar a un inocente, y dos, no terminar el trabajo. [Inocente, porque, si bien en tales tugurios no los hay, el jugador (de basket) no es más culpable que los mismos linchadores del desastre.] 
Y ocurrió antes incluso de aquel bipartidismo centrado y sustentado en una extensa clase media que se daba el lujo de ser bipolar a voluntad, y que al proletarizarse se torna radical y populista hasta el extremo más barato y facilón, tensando el arco en el que estos flechas rezagados empiezan a no caber. 
Y la ruina no viene del putiferio de líderes y facciones, sino de la ideología y su práctica en pleno fin de época que ZP, su ciego epítome, no vio venir, haciendo malo el dicho de que no hay quinto malo (claro, que era poco taurino y más bien de contrabarrera), haciendo así saltar la banca, con la falta de harina, y la mohína consiguiente, en una organización de pesebrismo pastueño al que hay que echarle pienso a punta de pala.

¿Pero es un debate o una fábrica de material de construcción?
Lo que sigue ahora no son tres posturas sino tres imposturas, que son una: no admitir que el PSOE no es un partido de izquierdas. Y todo es pantomima, un puro postureo, una ficción muy poco verosímil. Un fraude, un fiasco y un relato donde el protagonista principal es el vamos a contar mentiras. Y como no hay espacio para la refundación, nadie se la toma en serio. 
El máximo capital con que cuentan es que esa misma ilusión de creerse de izquierdas está muy extendida, por no decir que es una auténtica plaga en un país en el que muchos, por el solo hecho de llevar mono, se creen más rojos que Lenin, a la vez que piensan que todos esos miles y miles de jóvenes setecientoeuristas trajeados son más fachas que el azul marino, solo porque van embutidos en los ternos baratos a que les obliga su empresa. País.
Por eso solo con Sánchez tienen alguna posibilidad, al menos de competir por los jirones del destrozo de la sociedad del bienestar. Y sus afiliados (en especial los fasciosoberanistas de los "territorios") en espera de destino (en lo universal, también) lo saben. Se trata pues, más de deconstruir que de reconstruir. Así que, de costureras, nada, y el vestido roto, mejor hacerlo trizas y dejarlo aunque sea en bikini para pasar el verano. Y luego ya veremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario