Contradiciendo (que es lo mío) al gran Terenci, sí digo que sí fue un sueño, lo de Cuba, digo, y es más, siempre lo digo, que nunca fue otra cosa que un sueño inacabado, como todos los sueños (y como debe ser). Lo demás, son pesadillas (y ay de quien se confunda), que son las que llegan al final. Hasta que te despiertas. O no.
El problema es que, los que despertaron del sueño ya no están allí (es lo que tiene el despertarse). Unos porque se fueron a otro sueño. España, por ejemplo, ese sueño templado desde el que otros soñaban con el sueño dejado atrás por los que huían, hay que joderse, soñar a contrapié. Y los demás porque han pasado a vivir la pesadilla, una pesadilla que se muerde la cola, ese regreso al futuro sin futuro (pues aquí al menos es malo, solamente), ese agujero negro sin salida, pues lo que tienen las pesadillas es que en ellas no se puede soñar despierto. Y ahora todos se preguntan si de verdad alguna vez fue un sueño.
De este lado del sueño, esa fue siempre la pregunta, producto, no de lo real sino más bien de una nostalgia somnolienta cultivada desde la pérdida de ese trozo de pasado imperial y luego casi de provincias, de donde esa relación de ida y vuelta tan especial, convertido en una ensoñación húmeda, caliente y de lo más romántica, y no solo por las rumbas que los músicos o chamarileros catalanes (o ambos, como Cugat) se trajeron hasta los 30 del pasado siglo, o las guajiras que Pepe Marchena impartía a públicos babeantes pro trópico. Música, mulatas, assúcar y leyendas que las viejas y nuevas Trovas y sus propios actores posteriores han seguido mitificando, incluso el mismo Fidel, el genuino mito de último revolucionario bandido, barbudo y bravucón.
Todo un suflé sentimental que, a la quinta generación, se ha quedado sin gasolina. Y a la añoranza de ese futuro que ya es pasado le sucede ahora la indiferencia, que es lo que precede al olvido. Cuba ya es solo un baile lejano de salón, a oscuras y en silencio. Y aún hay quien quiere enviar otra flotilla. ¿Se trata de revivir la aventura del Granma, de llamar la atención o solo de hacer el imbécil? No hay cosa más patética que la parodia de la historia.
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