jueves, 5 de febrero de 2026

La p… Guerra


Es un hecho: la guerra lo explica todo. Incluso 87 años despuès. Hasta las cosas más tontas. Que, mira por dónde, también suelen narrar las más relevantes. Y así, un asunto tan tedioso, trivial y perfectamente prescindible, como esas jornadas sevillanas sobre la Guerra Civil, aplazadas por la bronca entre promotores e invitados -eso, antes de empezar a hablar del asunto, agárrate-, lo único que ha dejado claro es que la Guerra imposibilita sine die hasta hablar de ella. Algo que personalmente pude comprobar en los que la hicieron (y conocí a unos cuantos), nada locuaces al respecto. 

Y es que la Guerra –iba a decir civil, pero ya dijo Marx que todas lo son- lo destruye todo, lo primero, dicen, la verdad, y a partir de ahí la gente y el resto de las cosas. Cuanto ni más su relato. Y si en la escritura del mismo han de intervenir los dos bandos rivales, siempre será imposible consensuar un acuerdo social a su respecto. 

Por eso, la mejor táctica -y perdón por el palabro militar– para superar ese enfrentamiento inicial tan abortivo, es nombrar a un tercero como responsable real del conflicto. Así es como Europa pudo pasar página, echándole la culpa de todo a Hitler, creando un relato general aceptado que poco tiene que ver con lo vivido, sin más traumas que el complejo alemán, tratado desde entonces por sus vecinos con displicencia, comprensión y falsa empatía (ay, pobrecitos ellos también, y tal y tal); o, más concretamente, la Guerra Civil americana, transformada a base de eufemismos –ahora le llaman Guerra entre Estados-, y justificada desde el principio en la abolición, esa gran causa sacada de la manga, pero que, ¡ay!, no se empezó a hacer efectiva hasta cien años después. 

Y aún así, aún colea. Porque las guerras civiles dicen que son para siempre. Como los diamantes, pero en lo malo. Que es precisamente lo primero que habría que acordar: o sea, inventar un malo distinto a los conocidos. Una buena mentira siempre es un buen principio (para otra película). Algo a lo que, a lo visto, no parecen muy dispuestos los citados. Que, por cierto, ninguno hizo la guerra. Y no sé si el amor. Tan solo dar por saco.

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