Solo hay una manera de contener eso que llaman extrema derecha, y es cobrando (quiero decir en billetes). Y Sánchez, ese Kerenski contra el fascismo, que es economista y doctor
martes, 27 de mayo de 2025
miércoles, 23 de abril de 2025
Historias
Hace 33 años, Francis Fukuyama, un listillo japoamericano, decretó el fin de la historia. La gente creyó que se refería al folk-rock, al pantalón campana o al capitalismo postbélico, con el neoliberalismo ya en plan kamikaze -que también-.
viernes, 28 de marzo de 2025
Saberes
En esta vida saber ponerse malo resulta fundamental para la supervivencia. Y es que hay mucho temerario por ahí.
jueves, 13 de marzo de 2025
Sueños
Al parecer, todo el mundo sueña. Así, sabemos (por W. Allen) que hasta los seductores tienen sueños; que (según Galeano) las pulgas sueñan con comprarse un perro; o que (por P.K. Dick) los androides sueñan con ovejas eléctricas.
viernes, 29 de marzo de 2024
El mozaje
Los adolescentes están cada día más locos. Literalmente. Es como un virus que da la cara en cuanto llegan a la ESO esa, que parece inventada, diseñada como una mili púber para superar la edad del pavo -y así está de fracasos-, un campamento con jura de bandera de apollardamiento extático.
jueves, 9 de marzo de 2023
Himnos
El feminismo, que va camino de ser tan múltiple como las opiniones, o los culos, tiene también muchos himnos. Es lo bueno de poder elegir. Hubo un tiempo en que había que conformarse con, o seguir a las sufragistas, aquellas burguesas aspirantes al mismo estatus que sus esposos, o, todo lo más, hacer de coro de los propios maridos al cantar La Internacional, un hit para nada enrollado ni molón.
Por eso cuando el feminismo despega de verdad, invadiendo la vida cotidiana, que es cuando las mujeres se empoderan llenando las fábricas en USA con la guerra, manteniendo el país (y no a partir de la revolución, como quería Clara Zetkin, la propulsora ya en 1911 del Día de la Mujer, eso que muchos creen recién inventado), los himnos no pueden ser nada heroicos, pretenciosos ni pomposos, sino de la calle, o sea de la cultura popular, la subcultura que llaman algunos, incluso underground, que entonces y allí era la música negra, esa mezcla de plegaria espiritual pasada por la piedra de la mala vida del gueto, a medio camino entre la iglesia y la casa de putas, en la que se funden la pena y los sueños, y que es lo nuevo, la vanguardia de la expresión estética que ayuda a identificarse en sentimientos compartidos.
Algo que, con las modas, y el consumo -ese factor tan maltratado pero tan importante para el feminismo- ha ido cambiando, y a unas les gusta Lady Gaga y a otras Rozalén. Pero si un himno permanece, y con todo su delirio e incluso sinrazón, es Respect, de Aretha Franklin.
La causa, además de la trascendencia de esa música en un momento (el de la defensa más radical de los derechos de los negros), está en el descaro y la desfachatez con que se le dio la vuelta a la versión original de Otis Reding, simplonamente machista y patriarcal, con un mensaje feminista, algo condescendiente y maternal, que trata al hombre como un mantenido, y que caló más allá de un ambiente en que era más propio, y que hoy define ese casi supremacismo que empieza a teñir las relaciones.
Y ahí sigue, en las estanterías de la educación sentimental femenina. Su letra deja mucho que desear. Pero, quién sabe inglés, ni falta que hace.
lunes, 3 de enero de 2022
Protocolos
Si caes enfermo, con suerte te darán cita con el médico una semana después. Luego mejor ir a urgencias. Será la única manera de obtener un tratamiento y, si es preciso, la baja. Ahora bien, si el mal puede tener relación con el Covid, el médico se pondrá en contacto contigo, te dará la baja y lo que te haga falta, solo a condición de que te hagan el test de antígenos, su test, porque no te sirve si te lo haces por lo particular. Así que son ellos los que han bloqueado y anulado la sanidad primaria, con el objetivo de utilizarla para otra cosa.Y luego dicen que el Covid no es una excusa para hacer pasar por el aro, el redil, la piedra a todo bicho viviente bajo la nueva dictadura, en este caso con la salud como bandera. Los protocolos de la renovada tiranía.
miércoles, 7 de julio de 2021
Nueva normalidad
Hacía tiempo que la gente no se mataba con el coche, quizá porque no había donde ir. Que los crímenes de mujeres parecía que habían aflojado, por haber asumido todos un posicionamiento más doméstico. Que los obreros no dejaban su vida en el tajo, porque este se había quedado romo. Que los niños no se ahogaban en los pantanos, porque no había niños ni pantanos. Que los forestales no se quemaban en los incendios, porque los pirómanos estaban en cuarentena. Que los homosexuales no eran pateados hasta morir, pues las jaurías estaban en sus perreras. Que nadie caía en una pelea de bandas, salvo en las de rock; que nadie fallecía por insolación, por haberse agotado los idiotas (cruel espejismo). Que nadie iba a la morgue por un yuyu alcohólico; qué muerte más de garrafón; o que un balconista conseguía morir en su empeño, pues solo los ángeles beodos tienen alas. En fin, que la muerte también es para el verano, y no solo las bicicletas. Aunque igual resulta que lo que queríamos no era morir, sino seguir matando. Nos vamos descubriendo y, por supuesto, mejores. Con lo bien que estábamos de manera pasiva muriendo por covid.
jueves, 4 de febrero de 2021
Neologismos
Hasta aquí era un enigma la ideología concreta de Podemos y el tipo de su revolución pendiente. Pero ya se va vislumbrando a partir de ciertos detalles, que es donde se ve la patita del demonio, y ya se puede avanzar que, en una nueva reformulación de lo clásico con lo postmoderno, la podríamos definir como chachista-leninista, como no podía ser de otra manera en la generación HP (hija de progres) más mimada de la historia. Preparaos para cambiar pañales.
¡Viva (usted) la diferencia!
La diferencia entre la iniciativa privada y la pública es que, de la misma manera que si el gobierno tuviera que darnos de comer, ya habríamos muerto de hambre, si de las vacunas se hubiera encargado Mercadona ya estaríamos vacunados hasta los que no queremos.
miércoles, 13 de mayo de 2020
Crónicas del gulag
lunes, 4 de mayo de 2020
CRÓNICAS DEL GULAG
martes, 28 de abril de 2020
Crónicas del gulag
lunes, 27 de abril de 2020
Crónicas del gulag
miércoles, 22 de abril de 2020
Crónicas del gulag
domingo, 19 de abril de 2020
Crónicas del gulag: Madrid
viernes, 27 de marzo de 2020
Crónicas del gulag
Y es que estamos hablando de un proceso del morir que, a causa del propio desarrollo de la plaga y el modus operandi llevado a cabo para su contención, implican el ahondamiento del ya instaurado a todos los niveles tabú y consiguiente opacado tanto del hecho mismo del morir como de los procesos de muerte, llevándolos al nivel de lo clandestino y la imposición (por necesidades de protección de la población, se dice) de un interdicto a la actuación de cualquier tipo de familiares u otros, en todos los procedimientos, sanitarios, psicológicos, de apoyo, solidarios, etc, a que la muerte suele dar lugar, con el abandono de los mismos a que su disuasión obliga, así como de cualquier práctica individual o grupal al respecto, civil o religiosa, como puedan ser el apoyo a los enfermos o el duelo y funerales a los muertos.
Todo ello está descomponiendo tan aceleradamente los paradigmas de actuación social o individual tanto en lo particular como en lo general, que la muerte y su percepción han cambiado en cuestión de semanas tanto, que puede decirse que ya estamos ante otro tipo de ella, tanto en su elaboración y acabado como producto típico civilizatorio, como en la importancia de su afrontamiento, consideración y el modo de articularse con los demás procesos de vida, en su relación con el poder, los modelos de comunicación y otros paradigmas esenciales de nuestra sociedad.
Y pongo solo un ejemplo: el proceso clásico en esta sociedad por el que pasa cualquiera que ve cercano el fin, y definido hace mucho por Kübler-Ross como en cinco fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Esa trayectoria de asunción de la muerte que define desde hace mucho esa fase previa al pasar como es la moribundia más o menos consciente, hoy es prácticamente imposible. Primero por la falta de tiempo. Luego, por la descomposición de las estructuras, sanitarias, psicológicas, etc. Y tercero, por la prohibición que impone el confinamiento, que convierte a la muerte en un fenómeno individual, anómico y semiclandestino, y por tanto aparte del resto de la sociedad.
Eso en cuanto al morir. En lo referente a las siguientes fases no hay más que ver los testimonios de sus últimos damnificados.Y es preocupante sospechar siquiera las secuelas de todo tipo y los cambios a nivel personal y colectivo a que darán lugar y que serán sin duda tan llevaderos como espeluznantes.
