Nana sin niños
El corazón es un niño
en medio de una guerra,
al que van a parar
esquirlas de metralla
que él cura como el mar,
con la sal de los besos.
Noche en vela
Nana sin niños
El corazón es un niño
en medio de una guerra,
al que van a parar
esquirlas de metralla
que él cura como el mar,
con la sal de los besos.
Noche en vela
Es un hecho: la guerra lo explica todo. Incluso 87 años despuès. Hasta las cosas más tontas. Que, mira por dónde, también suelen narrar las más relevantes. Y así, un asunto tan tedioso, trivial y perfectamente prescindible, como esas jornadas sevillanas sobre la Guerra Civil, aplazadas por la bronca entre promotores e invitados -eso, antes de empezar a hablar del asunto, agárrate-, lo único que ha dejado claro es que la Guerra imposibilita sine die hasta hablar de ella. Algo que personalmente pude comprobar en los que la hicieron (y conocí a unos cuantos), nada locuaces al respecto.
Y es que la Guerra –iba a decir civil, pero ya dijo Marx que todas lo son- lo destruye todo, lo primero, dicen, la verdad, y a partir de ahí la gente y el resto de las cosas. Cuanto ni más su relato. Y si en la escritura del mismo han de intervenir los dos bandos rivales, siempre será imposible consensuar un acuerdo social a su respecto.
Por eso, la mejor táctica -y perdón por el palabro militar– para superar ese enfrentamiento inicial tan abortivo, es nombrar a un tercero como responsable real del conflicto. Así es como Europa pudo pasar página, echándole la culpa de todo a Hitler, creando un relato general aceptado que poco tiene que ver con lo vivido, sin más traumas que el complejo alemán, tratado desde entonces por sus vecinos con displicencia, comprensión y falsa empatía (ay, pobrecitos ellos también, y tal y tal); o, más concretamente, la Guerra Civil americana, transformada a base de eufemismos –ahora le llaman Guerra entre Estados-, y justificada desde el principio en la abolición, esa gran causa sacada de la manga, pero que, ¡ay!, no se empezó a hacer efectiva hasta cien años después.
Y aún así, aún colea. Porque las guerras
civiles dicen que son para siempre. Como los diamantes, pero en lo malo. Que es
precisamente lo primero que habría que acordar: o sea, inventar un malo
distinto a los conocidos. Una buena mentira siempre es un buen principio (para
otra película). Algo a lo que, a lo visto, no parecen muy dispuestos los citados.
Que, por cierto, ninguno hizo la guerra. Y no sé si el amor. Tan solo dar por saco.
Me juego dos dioptrías a que, cuando Sánchez tenga que comparecer sobre el descarrile -no el suyo sino el importante, el del tren, esa metáfora de España-, y dado que el temporal (no el suyo, sino el diario) todavía no habrá pasado, dado que las nubes dicen que vienen de USA, esa otra metáfora del mal, va y le echa la culpa al cambio climático (metafóricamente, quiero decir), pues echárselas a la ultraderecha sería peregrino hasta para él, que ya no está para más caminos que el de Santiago (¿Abascal?) .
Aunque no es descartable, dada la influencia manifiesta de este sector político (tan mimado por él), tanto en la alta costura, en los meteoros, ¡rayos y truenos!, o en la reactivación del Barça, tal es el poderío que ciertos izquierdistas, por decir algo, endiñan a la ultraderecha. De cualquier modo, tanto en lo cotidiano como en lo meteorológico estamos en una cumbre borrascosa permanente, y acostumbrados ya a que el único tren que no descarrila sea el de las tormentas.
Así, vivimos en una alerta continua, ya sea de (malos) vientos, precipitaciones (de ahogo), marejadas (de odio) y otros fenómenos que nos van forzando a situarnos -también los 850.000 nuevos legalizados, entre otras cosas para eso, para que se posicionen, o qué se habían creído- a ambos lados del laberinto en el que algunos se empeñan en conformar nuestro destino, como si no hubiera otro, como de momento parece.
Empezando por Moncloa y sus secuaces, con esa estrategía de calamar, soltando tinta mugrosa en el entorno, como única forma de sobrevivir a la debacle propiciada por ellos mismos, y mantenerse así como casta, como grupo de presión, influencia y dirección sociales, tan cuestionadas ya por todos; y terminando por los que, con esa misma pretensión, pero de llegar (o volver) a serlo, tan legítima como de igualmente dudosa bondad (o alternativa) para la ciudadanía en general.
El caso es no dejar títere con cabeza, subirse al caballo desbocado del enmarañado presente, convertido en una cabalgata de sucesos más que un panorama de actualidad, y hacerlo parecer tal remolino de basura y desdicha, que el personal ha salido despavorido hacia otras cosas del vivir, dejando vía libre a estos pendejos.
Y mientras, todo va a peor como es ya obvio, y la vida es cada día
más difícil. Eso sí, el país va como un tiro, según los bandarras, aunque esos mismos demócratas no presenciales nos permiten
situarnos, libremente, en un frente u otro del vertedero para que tomemos posiciones. Un gran privilegio. Así pues, nos vamos organizando. ¿Para qué? Ya se verá.
Vivimos tiempos deslumbrantes en la penumbra, y como la ceguera que sigue al resplandor así se plasma un devenir de claroscuros que, entre fogonazo y fogonazo,
Se dice que cuando Hitler invadió Dinamarca solo hubo un muerto: un cabo (no sé si primera) que creyó que todo el país estaba en guerra y se puso muy farruco.
El gachaperomental español es monumental. La mayoría está de acuerdo con el “madurazo”, pero la mayoría, también, cree que va contra el orden internacional. Con un par.
No quiero pensar que Trump
captura y secuestra a Sánchez. Es capaz de dejarnos de presidenta a Margarita
Robles, a la Yoli o incluso a Marlaska. ¡Auxilio!
La gran carrera de propósitos del año acaba de empezar. Sin muchas novedades, la verdad. Sánchez, con su pertinacia numantina de engarabitarse al gotelé monclovita;
Dentro de nada, como quien dice, los máximos defensores de la limitación (y devolución al remitente) de inmigrantes serán los niños que ahora mismo y desde hace un tiempo están naciendo en nuestras maternidades de padres que llevan aquí cuatro días o incluso acaban de llegar.
En la enciclopedia Álvarez mi quinta aprendió que, mucho antes de existir España, hubo un caudillo que ganaba batallas después de muerto.
El imaginario colectivo del bienestar es bien sabido que va por barrios. Así, aparte de algo que garantice la supervivencia, si en Francia, por ejemplo, empieza a serlo el transporte, en España, por cuestiones históricas de escasez, culturales de apego y laborales como el horror
(De la colección Relatos para espantar al miedo. Magacín para la Realización Animal.
Descatalogado.)
Soy Nila López y hago crónicas. Y he visto muchas veces a los humanos. Pero no olvidaré la cara de Lido, la pequeña pata, cuanto su madre, pensando que la gripe aviar se la llevaba al otro barrio, la acompañó a verlos por vez primera, quizás como un regalo, quién sabe si para escarmentar la enfermedad, a sabiendas de que los humanos tan pronto dan la vida como la quitan.
Si hay algo de lo que todo dios habla y nadie sabe lo es, eso es la dichosa libertad, eso que cada uno siente a su bola. Así, los hay cuya libertad consiste en irse de putas. O en tener veintitrés móviles, como Koldo. Qué tío más grande. O en chupar picaportes.
Los viejos no viajamos (o viejemos) porque podemos, por el tiempo libre o por aburrimiento, sino por ponernos al día.
Tengo los ojos tan hechos
a gobernarme en lo oscuro,
que cuando miro tu cara,
con tus ojos me deslumbro.
Cuando tenga la Internet,
con (tu cara) mis ducas voy a hacerme
una paginita web.
Sé que no tengo perdón,
pero disculpa, muchacha,
el prontito que me dio.
Alabo yo tus ojos cuando me miran,
los dedos de tu mano
son como anzuelos,
la raíz de mis carnes
a mí se me eriza,
tu cuerpo es una cama
donde me duermo.
Gente no para de hablar
y hecha gasolina al fuego
para que me queme más.
Y quisiera ir adonde se fueron
los sueños del ayer
cuando se perdieron.
Y poder decir
que las ilusiones
me han hecho a medida
un trajecito nuevo.
El aire que yo tenía.
mijita de pan, mijita de pan,
te lo has llevaíto puesto
cuando coges y te vas.
En mi niñez, una película en color era sinónimo de buena. Algo así como las rubias, o las pesetas. De esta guisa nos tragamos cada callo de no te menees.
España es el país de la UE con más pobreza infantil. El triunfo de Mandani reescribe el mapa moral de Occidente y convierte la ‘segunda ciudad sionista’ en un laboratorio pro Palestina.
Por estas fechas, quien más quien menos saca a pasear su pequeña melancolía de superviviente que echa de menos a sus seres queridos ausentes.
Los adultos, históricamente, siempre hemos hecho el imbécil. Pero, no contentos con ello, pues si algo tiene la idiotez es que es agónica, también hemos hecho lo (im)posible por educar en la imbecilidad,
Todo sucede allí donde los astros
navegan sincronizados con tu pulso,
así la primavera hasta la muerte,
viajando de precipicio en precipicio;
así el dolor cauterizado por el fuego;
así mi malestar ilusionado.
Contigo, con, sin ti,
raudo galopan los recuerdos,
atenazados, roncos, sin pena
por la sed de la resaca cristalina
de pasados a flor de piel, tiranizados
en la desdicha y la memoria inamovibles,
como solo alimento ante la vida,
como objetivo cierto, casi vivo.
Así en la luz a la que todavía perteneces,
te busco donde te halles, sin saberlo,
y no me angustia más un fin precipitado
que el horroroso por contingente olvido.
Estos días la Transición cumple 50 tacos, cuando se nombra a Juan Carlos jefe de estado interino (por segunda vez desde que un año antes Franco entrase en el box hospitalario para su expedición al otro barrio),
La gira sexual de ese dúo de circo (y fieras) formado por Ábalos como empotrador sin fronteras y Koldo como su agente y pagador,
El mundo está lleno de parajodas. Una de ellas es que, cuanto más globales son los medios, más invisibles nos volvemos.
Veo por ahí que la generación Z, o sea los veinteañeros, no tienen esperanza, que es esa cosa que, además de solamente saber bailar chachachá (pues son más tiempos de bachata),