En las elecciones de 1977 -y recordemos que no hacía ni dos añitos de la muerte de Fran, cuya presencia dominaba todo el patio–, uno que tenía un hato de unas 70 ovejas vino a ver a un tío mío, a pedirle consejo -ya que él tenía novillos, que en ganadería es un grado–, pues había oído, le habían asegurado, y así estaba el hombre, que Carrillo, nada más llegar, le iba a confiscar el redil completo.
Mi tío, analfabeto pero listo, ni se inmutó. Lo tranquilizó y tal, pero luego, así como si nada, me cogió en un aparte, y muy serio me preguntó qué había de cierto en aquello, dando por sentado que algo habría. Y él tenía terneros, qué coño.
Bien, pues cincuenta tacos después, ese rollo sigue funcionando, aunque no lo creamos, como no creemos que pueda haber tanto analfabeto, tanto miedo a perder unos calcetines sudados, o a que nuestro secuestrador se largue a su casa y nos deje solos y a merced del tío del saco. Glups.
Es el síndrome permanente de Estocolmo del pobre cateto. Que ahora, ya sin ovejos (como no sea uno mismo), teme que le quiten el perro, o el gato, o el bono cultural del chiquillo, o el moldeado recién hecho en la pelu, todo ese bienestar amenazado por unos bárbaros extraños que, si rascas un poco, resulta que pueden ser tu vecino, un amigo o incluso tu padre, y de los cuales, menos mal, ahí está Sánchez para salvarte, que, será todo lo malo que tú quieras, pero es conocido y de los otros fíate tú.
A esta congregación en la que descansa lo peor de cada régimen, los marxistas le llamaban antiguamente, o sea en el siglo pasado, “el elemento atrasado”. Pero las redes son más amenas, y ahí llaman a estos mastuerzos, los pedroplanistas. Los negacionistas, no de Pedro -aquel que, mira por dónde, negó tres veces-, sino del rimero o escombrera que ha liado estos años.
Y todo, porque se supone que todo puede ir a peor. Lo cual, por otra parte, siempre está garantizado. Aunque, si hay que ir al infierno, al menos que podamos cambiar de chófer, ¿no? Y es que, en cuanto las encuestas bajan de 100 diputados, y el ERE y la suspensión de pagos asoman, todo es fascismo, alarmismo e hijoputismo. Aunque paguen siempre los mismos.