Desde hace una semana asistimos a una de las producciones más desopilantes que la industria del entretenimiento pueda ofrecer para el regocijo (o la paciencia).
Los medios en general, las redes y las teles en particular, ofrecen un espectáculo tan depravado, degradante y nauseabundo de violación de meninges, guarreo de emociones y saqueo de neuronas al por mayor, que no sabe uno si cortarse las venas o comerse una cabeza de cordero asada (como la nuestra).
Y te cuentan lo de los pobres niños abandonados por sus padres en la jungla ceutí, ahí te quedas, nene, apáñatelas, y escríbenos cuando estés en un piso; y lo de las pobres embarazadas (con un bebé en brazos, a lo Romero de Torres), buscando un tocólogo; o lo del nenico agarrado al picoleto, buaaa, que no me lleven a mi pueblo, buaaa, gritando aquella de Los Chichos, ¡me quedo contigo!, y señalando a España cual ET, ¡mi caasaa!
A esa juventud perdida por la ciudad (¿perdida?), sin saber dónde cagar, durmiendo en ¡los árboles!, ¡buaaaaa! Y esos seguratas marroquís, tan panchos (o igual los de aquí, que, con razón, pasan ya de todo).
Y luego, el festín, la coprofagia del actor secundario Marlaska, tratando de enmendar todos sus malos papeles en Producciones Sánchez, que si Europa, que si el Supremo (la bicha para todo, sea el cambio climático o la muerte de Manolete), que si las mafias (las otras, querrá decir), o Trump. Marruecos, no, siempre positifo. O esa perla de Margarita se llama mi olor, defendiendo a toro pasado la impenetrable frontera, proclamando la virginidad tras una violación. ¿Hay algo más patético?
Y Sánchez llamando a Mohamed por teléfono: “¿Te das cuén cómo pican? Si es que se aburren en vacaciones. Yo he puesto la gasofa a 2€. ¿Y tú?”.
Mientras tanto, miles de inmigrantes ilegales llegan en avión en forma de turistas que nunca volverán, tras regularizarse (con sus familias). Y si alguien piensa todavía que los 12 millones ya de no nacidos en el país han venido a nado como estos pobres de patera y flotador, es que está muy tonto…, o ve mucho la tele. Solo son la tapadera, y el espectáculo oficial de un tinglado que da mucho dinero, y muchos votos. La carnaza.