En la Edad Media el gran patrimonio de la iglesia eran los pobres. Bueno, aparte de la tierra y lo que contenía. Y claro, los pobres que se rebelaban eran herejes, y el peligro protestante consistía en que sus ideas permitían salir de pobre, o sea dejar de ser cliente de la Santa Madre.
Pues bien, 500 años después y gracias a iglesias como el Psoe (o a un Psoe como Iglesias), los pobres florecen, pero así, a lo Mao: que florezcan 100 (mil) pobres, y 100(mil) escuelas que expliquen su abundancia. Aunque para ello solo haya que observar fronteras y aeropuertos. Pues, si no hay bastantes del terreno, se traen, y punto… y seguido.
Creced y multiplicaos. Más mandatos divinos, aunque solo sea para seguir en el poder otro mandato. Pues los pobres son de nuevo la salvación, la prueba de la presencia de Dios en el mundo (mientras la clase media es el infierno, o sea, los otros).
Y con tal política de dejad que los pobres se acerquen a mí (pero no a mi casa, que no me quedan camas para alquilar), si en el 15-M no había pan pa tanto chorizo, en el 26-S no hay chamizo pa tanto sintecho. Y eso sin contar el perro que ahora lleva adosado, uy, perdón, cualquier millenial, como prole.
Una prole que, salvo injerto de IA, no esperes que llegue a proletaria. El gran sueño actual es la vivienda. Para seguir siendo pobre, pero por lo profesional, afincado. Un sitio para recoger los paquetes de Amazon, que no está en contradicción con la pobreza, sino al contrario.
Pobreza, techo, patinete e
Instagram. He ahí la cuatrilogía de la nueva dignidad. Lo demás es vanidad y
riqueza, de lo más repudiables y condenables según el neocristianismo que
insufla la nueva resignación del “no nos interesa ser ricos, sino disponer de
sus pisos”, que no es técnicamente dulcinista (o matarricos), ni franciscano
(salvo por los perros), sino solo una expropiación de mínimos de la burguesía,
a plazos y por lo pobre, de modo que dure lo suficiente para no tener que hacer
la revolución, que es un trabajazo, o, peor aún, hacerse ricos, que está de un
prohibido que es solo insinuarlo y te quedas sin ligues. Además de que eso de
los cuartos (y los pisos) está ya muy pillado.