Otra cosa no, pero la abuela España siempre ha sido lo que en inglés dicen exciting, que es entre interesante, emocionante y apasionante, ahí es ná. Por eso le salen tantos nietos. Y hay tanta gente pendiente de nosotros que desde fuera meterán baza, seguro, en este episodio piloto del futuro que es este solar surrealista, chusco y melodramático. Como si no tuviéramos bastante con el gobierno.
A ver dónde convocan una huelga general contra la oposición y el parlamento, después de ocho años rascándose el bolo. O, mejor, de resistencia a la ultraderecha, así definida por ser la oposición, así, a lo Gila, “pues no seas enemigo”.
Y como detonante, el desahucio de una abuela que da lugar a una movida en la que surgen descubrimientos extraordinarios; el gobierno descubre de pronto que entre sus competencias está también la vivienda; la clase obrera a un nuevo tipo de proletario, el inquilino; y la economía política a un muy novedoso explotador de masas: el casero de un piso.
Y encima la abuela, va y se muere. Así, como aposta. -Como me hubiera gustado ver la cara de Sánchez al enterarse-. A ver si no es para que vuelva Berlanga y haga otra parte de La escopeta nacional. Y lo que iba razonablemente mal, va y se pone irrazonablemente mejor, pero para quienes propugnan la algarada y la revocación de los principios democráticos.
Lo que no sabemos es si eso va a ser el medio o el fin, del máximo actor que es Sánchez (y su partido), que, revuelto como un jabalí olfateando miedo y sangre, plantea resistir y confrontar en río revuelto. No desde las instituciones (que también, pero bien diluidas), ni la ideología, ni la economía, ni la relación de fuerzas, sino desde las emociones y la calle, legitimándolas y anteponiéndolas a la razón y las instituciones.
Y con lo que hoy se sabe de psicología, IA..IA..IA,
y con unos medios de masas que, a su lado, los de Goebbels eran un juego de
niños, nadie sabe adónde puede llegar la cosa. El enfrentamiento. Esa es la
clave. Si lo consigue con estas elecciones, aunque no gane (que puede), habrá vencido. No es de extrañar que a algunos les empiecen a rechinar las bisagras.