Cuando Lipovetski anunció nuestra invasión por el vacío, esa paradoja, pues lo suyo es que nos invada algo, el hambre, la desidia, la congoja o el optimismo, o ambos, como tantos optimistas acongojados demuestran…, a lo que se refería era a que el individualismo exacerbado en todo actuaría como una bomba de vacío, dejándonos en meras cápsulas sin nada más que nosotros mismos, o sea, nada, aunque por ello muy bien conservados.
Esto, que resulta un poco sartriano, explica en parte por qué la mayoría de los “visitantes” de Ceuta se han vuelto: porque aquí no hay nada. Lo cual es muy fácil de percibir estando de visita, y tan arduo de ver desde dentro.
Es como ver el escaparate desde fuera. Una vez entras en él, ves la ficción, el fake; aunque, si vives en él como elemento decorativo, esa función, por irrelevante que sea, resulta ser vital, y si desaparece te genera eso que llaman vacío irremplazable. No irrellenable, que sería más propio, pero imposible, pues funcionamos como vacíos aislados y estancos relacionados por la oferta y la demanda de todo.
Por eso los aspirantes a nuestro mundo, equivocados ellos, vienen pensando a la antigua, como elementos de relleno, cuando todo lo más que conseguirán es llegar a ser otra cápsula en competencia junto a las que ya estamos aquí. Son, por así decir, vacíos de reemplazo. Lo que echa por tierra la gran mentira sobre la que se nos ha educado hasta aquí y que sostiene todo este tinglado, de que somos irremplazables, únicos, especiales.
Estas cinco semanas nos lo dirán mucho. Pero, ojo. Son los mismos que elevaron a la categoría de ciudadanos, y no de segunda, a perros, ratas o cacatúas, reemplazos típicos del vacío. Y que, basándose en el dolor, en los sentimientos que se empiezan a atribuir a los nuevos seres creados por la IA, ya están pensando en una ética para máquinas y demás, con la que ni el ordenador de 2001 una odisea del espacio, podría soñar.
El día que eso suceda, Kant estará más acabado que Machín, y las enseres digitales, como soportes reales e irremplazables de contenido, serán la nueva especie dominante. Y nosotros, ya sin dolor, no seremos ni siquiera mascotas. Solamente tamagochis.