Si hay algo que ya estoy echando de menos en la guerra del Golfo contra Irán es una buena flotilla. Y mira que el Golfo se lo ha puesto a huevo a Ada Colau, Barbie Gaza y demás soldadesca a sueldo, valga la remunerancia, que es lo que más redunda, pidiendo eso, ¡una flotilla europea, por favor!, aunque sea de boqueroneros, o del capellán.
Qué ocasión para reconciliarse Trump y Sánchez. Y yo, ah, lo que hubiera dado por ver una flotilla golfera, siquiera un bote de vela, como el que cantara Paquito Jerez, “a la mar me tiro, sin ancla y compás, rumbo a no sé dónde quiero naufragar”.
Pero, nada, ni unas pobres bateas del mejillón se apuntan al Golfo, ya sea por las Fallas, que, en punto a pirotecnia, ofrecen más versatilidad que el dronerío persa; sea por la Pascua, que no te vas a ir ahora en lo mejor de la repostería del año, o por la operación bikini, ya en sus preliminares, como quien dice y que, como el amor, lleva mucho callejeo, mucho escaparateo y mucho cansineo y franeleo, que diría un porteño, ineludible para el roce, preludio del cariño. Demasiado asorrate como para irse al estrecho ese a que te sofoquen diciéndote de tó.
Ni Macron, que se ha llevado el portaviones de vacaciones a Chipre. Y los demás con él. Y Trump, que vaya un pijo, que así él también hace la guerra, y que luego querrán el petróleo barato y las tías sin burka. Y estos, que si ¿no te vas tú a jugar al golf a Florida mientras tiran bombitas los fanfarrones? Además, nosotros estamos más por el amor que por la guerra, y ya podías tomar nota, que tienes a la Melania abandoná con tanto tiro y tanta hostia. Y el otro mosqueado.
Porque es que lo están dejando más solo que al toro de Osborne. Y entre unos y otros, nada, que no hay emprendedores de flotillas primavera-verano. Y mira que sería algo guay. Y le daría vidilla a las teles, todas repitiendo las ocurrencias del andoba y las flojas insulseces de los escaqueantes.
Sería simplemente la noticia de interés humano que le falta a esta guerra lo más parecido a un videojuego, según nos la muestran, pero cuyos muertos seguro que sigue siendo gente, aunque no aparezcan y figuren solamente como cifra.