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viernes, 5 de junio de 2026

Selectos


La selectividad ha estado presidida por una consigna que ni sacada del almario progre de la Guerra Civil, y al grito de ¡No copiarán!, los pobres chiquillos han sido evaluados, o medidos, o baremados, ni se sabe, para esos estudios que, de superiores solo tienen ya el precio, y aun así se rifan. 

Por algo la universitaria ha devenido la única enseñanza de conocimientos, ya que hasta que los chiquillos llegan a esa especie de caja de reclutas que es la PAU, por lo único que han pasado es por guarderías de diverso tipo y grado en las que, por mucho que se empeñe el maestro en formar individuos, estudiantes, ciudadanos o lo que esta castaña de sociedad exija egresar, ya se encargarán el sistema, los políticos, los padres, los psicólogos o las redes de engolfar cualquier adquisición de conocimiento, dejándoles el justo para pasar el día.

 Y el nivelazo es tal que, por regla, hay alumnos de último curso que no saben de donde se saca el vinagre, o creen que Kant es el taxidermista que disecó el ET de Spielberg. Y acostumbrados a extraer del móvil cualquier bien inmaterial, pues los ñoquis de pavo, las sudaderas o el parné los sacan del frigorífico, del armario o de algún bolsillo ajeno, donde han sido metidos se supone que por el mismo arte de magia con el que ellos acceden a ese wonderland de la red, donde todo es gratis e amore. 

Y ciertamente no tienen por qué pensar otra cosa, al ser sus padres, sus mayores, sus capos los que les han proporcionado ese pasaporte para la gloria como forma de vida. Así que su gran sorpresa y disgusto es que, cuando más necesitan ese apósito vital que les acerque un esbozo siquiera de Hegel, ese ladrillo, o tal derivada o algoritmo que se les hace engrudo en la pituitaria, en ese momento crucial para traspasar sus propios límites, la línea roja que les hará ir derechos a cualquier carrera para zopencos en la que harán también arrepentirse de haber estudiado a sus futuros profesores, ¿por qué no pueden utilizar la IA? Aunque sea la más básica (que siempre será superior a la suya). 

Y eso es un peligro. Porque, como cojan algún trauma, ya verás tú cuando nos tengan que operar del menisco o hacernos la renta.

viernes, 22 de mayo de 2026

Ladrones


ZP, padrino del sanchismo, de la perversa Alianza de las Civilizaciones, la memoria histórica cunetera, la dichosa discriminación positiva, la entrega final del País Vasco a los abertzales, del engendro del Procès, y gran recortador del bienestar (10.000 kilos, se dice pronto) y sin que lo exigiera Europa; el único presidente que me ha removido el yuyu de algunos bajos instintos, hasta hacerme votar (en contra) en este siglo, por temor a su mayoría absoluta; ese pedazo de pan buenista y más peligroso que un chimpancé con una navaja de afeitar, resulta que va a ser, también, un ladrón.

 Lo cual es de lo más lógico, si consideramos que aquí es lo más fácil para cualquiera con posibles -del resto ya se encarga el gran ladrón: hacienda-, y es casi legal. De hecho, es tan nuestro que se considera gilipollas a quien, pudiendo, no roba (a otro ladrón, pues todo el mundo lo es, y de ahí lo de los cien años de perdón). 

Si no, no se explica tanta permisividad, comprensión, simpatía y olé tus huevos para con la sisa, la propina, la mamandurria, la gorra, el porcentaje, el apaño, el menudeo, la mordida y otros parabienes, y tanta justificación y dar por hecho que para vivir hay que robar. Debe de ser la miseria de mamar ansia y envidia y ganas de ganeta durante siglos de secarral y no solo ambiental, y de hidalguías arruinadas. 

Y luego está esa casta sin oficio ni beneficio que se adueñó, conjuntamente con los grandes ladrones de siempre, de la política, desplazando a los que la llevaron, por convicción, a ciertas cotas de dignidad, estableciendo el esquilme, la extracción y el saqueo como norma y maricón el último. 

Que es lo que, una vez liquidadas las clases menestrales, y ya todos pobres al menos de espíritu, ha terminado por integrar el latrocinio y el que parte y reparte como señas de identidad de lo público hecho una ciénaga, y su admisión como equipo de serie, hasta el punto de que cualquiera ve anormal ya la honestidad y presagio de necesidad de trato psicológico en quien no mete la mano en el cajón. En estas circunstancias, la corrupción ya no pasa ni factura, y si el menda es de los nuestros, es un héroe. Así nos va (a ir).

jueves, 14 de mayo de 2026

Zoofilia


El hombre está dejando de ser aceptado como animal de compañía. La mujer, en pleno apogeo de la nueva sororidad -que vaya pan como unas hostias han hecho con la igualdad, total, para acabar otra vez en lo monjil, aunque sea por lo civil– pues, menos. 

O sea que, si es admitida como animal es para acompañar a otras mujeres. Vamos, que lo de compañera te doy y tal, ahora va por ellas. Y eso, lo de cambiar el sentido a la Biblia, sí que es darle la vuelta a la tortilla, y ahí lo dejo, sin entrar en derivados. 

Y, a lo que iba; hoy preferimos como compañía más a una mascota (si es que el humano no lo es) que a un semejante, cosa que es ya difícil de identificar en un humano, de cuya semejanza solemos huir, tal es la fe en nuestra pertenencia al grupo, del que siempre nos vemos como individuos excepcionales. Y la prueba es nuestro amor a los que, sin aspirar a entrar en el club, tratamos ya como semejantes interinos. 

La hija de una amiga suele regalar a una suya ratones para que la boa constritor que tiene de compañera de piso se los meriende de aperitivo. Lo típico. Y mucho más políticamente correcto que regalarle puros a una colega para que su marido (aunque no sea constritor, ni constructor) se los fume, siquiera sea en el balcón. Ese despropósito. La hija misma tiene una rata. Y lo peor es el rabo, dice la madre. Era de esperar. 

Y es que es difícil, a cierta edad, habituarse a las nuevas relaciones sociales, que hoy son más mixtas que nunca. Yo mismo -tranquilos, que aún no hablo con mis gallinas, y si me las como es solo por socializar–, veo cosas, en una esquina cercana donde hay un veterinario, que exceden con mucho las connotaciones del amor expresado por Petrarca, Shakespeare o incluso Bukowski

Y no es que tenga envidia. Hombre, a mí me gustaría también que me tomasen como a un perro, y no solo por gilipollas, como sucede. Pero es que la zoofilia, así, a lo pavo, sin póntelo, pónselo (retóricamente, digo, que se farda mucho, y luego, nada, igual que entre humanos), trae sus virus y se complica. Pero, ¿a quién se le ocurre montar un crucero con roedores, habiendo gigolós y chicas de alquiler, so snobs?

viernes, 17 de abril de 2026

Colas

 Recuerdo que en la puta mili no se aceptaba la expresión fila india -ni tanque, ni bazuka- para referirse a una hilera -a un carro de combate, a un lanzagranadas–. Pero si hay una afición patria inconmovible, esa es la fila india, esa inclinación a hacer el indio en hilera a la menor ocasión. Deporte que, lejos de menguar con la implantación de la socialdemocracia como impronta vital, mande quien mande, que era para que ese ya uso social idiosincrático, se hubiera disipado con la relativa abundancia y cierta educación ciudadana. Y no. 

Lo cual es todo un signo del mal funcionamiento democrático, de escasez, tanto material como espiritual, como los países socialistas ilustraron siendo potencias olímpicas del asunto, que aquí nos encanta. Es ver a dos presuntos colistas, y ya estás ahí de tercero, enganchado como con ánimo de konga y a pasárnoslo yupi aguantando mecha, a pie derecho, contentismos como si ese residuo de la cartilla de racionamiento y del Auxilio Social fuese lo más civilizado, progre y guay. Y un orgullo, pues si antes la cola era con jersey de borra, hoy vas de Zara, y eso ya es un avance. 

Incluso si es uno solo el avistado en actitud de espera. Esa es la mentalidad. La del comprador de churros. El otro día esperaba yo grácilmente que abrieran un comercio, y en esto que llegó otro primo y, sin anestesia ni nada, me preguntó si yo estaba en cola. Yo le dije que no, que simplemente estaba frente a una puerta. Me miró con cara entre compasiva y mosca. ¿Para qué otra cosa podía yo haber salido de mi casa si no era para hacer cola? Pero cuando abrieron, me obligó a pasar primero. Te puedes poner como quieras, que hagas lo que hagas, siempre trae cola. 

Y el colista profesional, el preponderante, siempre gana. Hasta en las situaciones más peregrinas. Como al pasar a un cine, en que, incluso si es con entrada numerada, automáticamente se forma una cola de quince o veinte metros, como si, asustados por la multitud, se tendiera a reaccionar con aquel “¡disuélvansén!”, para acabar con tal anarquía y vorágine, ordenándola, aunque sea en una cola. Que, eso sí, nos salen de preciosas, que ni la Pantera Rosa.

viernes, 2 de enero de 2026

Presentismo


La gran carrera de propósitos del año acaba de empezar. Sin muchas novedades, la verdad. Sánchez, con su pertinacia numantina de engarabitarse al gotelé monclovita;

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Primicias

 

España es el país de la UE con más pobreza infantil. El triunfo de Mandani reescribe el mapa moral de Occidente y convierte la ‘segunda ciudad sionista’ en un laboratorio pro Palestina.

jueves, 30 de octubre de 2025

Herencias


Los adultos, históricamente, siempre hemos hecho el imbécil. Pero, no contentos con ello, pues si algo tiene la idiotez es que es agónica, también hemos hecho lo (im)posible por educar en la imbecilidad,

jueves, 16 de octubre de 2025

Cartuchos

 

La gira sexual de ese dúo de circo (y fieras) formado por Ábalos como empotrador sin fronteras y Koldo como su agente y pagador,

jueves, 7 de agosto de 2025

Molicie


A mí, como ser evolucionado, en las olas de calor ya no me puede la molicie, aquella sensación de galvana extrema, aquel parón metabólico que se te apoderaba al llegar la calor

jueves, 26 de junio de 2025

La rueda


El otro día, lo confieso, puse la tele y por primera vez en mucho tiempo, tras cuatro zapinazos, di con un programa que me enganchó hasta el final en que el tío, el conductor,

jueves, 12 de junio de 2025

Rindansén


Creo que Sánchez está acojonado, que no da pie con bola de canguelo, que desde que Feijoy le conminó con su “¡ríndete, pecador!”, le tiemblan las piernas más que si lo saca

miércoles, 9 de abril de 2025

Impresiones

 

Vivimos de incertidumbres y morimos con dudas -y algunas deudas-. Y nuestras certezas son pocas (y menos que cervezas). Así, yo no sé si Ábalos es un picha brava o un pagafantas, pero sí estoy bastante seguro del triunfo tanto de Trump como de Sánchez en sus envites.

jueves, 27 de febrero de 2025

El siglo


Los siglos son como los trenes, nunca van en hora. Así el XIX, que empezó en 1789, o el XX, con el charleston, el cine mudo y el fascismo.

martes, 30 de julio de 2024

Postit


El giro occidental actual hacia lo oscuro ya fue explicado por el marxismo, con perdón, esa óptica que hace tiempo pasó a especializarse en su primera premisa, interpretar el mundo, dejando a otros lo de transformarlo, con la famosa frase de Groucho, “vamos de victoria en victoria hasta la derrota final”, definiendo así, surrealista pero exactamente, el Nuevo Asalto a la Razón -por evocar el famoso libro de Lukacs sobre la genética ideológica del fascismo hace un siglo-, y aunque suene a astracanada hacerlo con un chiste. O no. 
Igual es desde la sinrazón cómo hay que evaluar lo que viene, dado que la razón, eso cristalizado con la Ilustración y practicado hasta hace dos días, ha pasado a ser otra cosa, si no su contrario, parecido, y querer seguir en ella quizá sea quedarse fuera de juego ipso facto. Que es lo que le pasa a la izquierda. Mucho diagnóstico, pero ninguna propuesta. 
Y eso es como no salir en la tele: que no existes. Y como única salida, las redes y la guerra cultural. Aceptar las reglas y el terreno del contrario, haciendo más evidente aún el papel de colgados del pasado (o past) que le adjudica la percepción social de la época, generada por la otra parte, que es a la que se otorga el carácter de nueva y renovada (o post). 
Porque ese es el juego de lo que se anuncia y que también tiene sus orígenes: el postismo de finales del XX, primero desde la estética, el arte y las vanguardias, esa degeneración pseudo regeneracionista que al llegar al lenguaje, a las ideas, se convirtió en postverdad, postmodernidad, posthistoria, postideologías, haciendo de la vida un postit. Pero no como lo que se deja para mañana sino como el mañana mismo, que ya está aquí. Post contra past. 
Y que se va perfilando en una idea cada día más arraigada, que la misma izquierda está renunciando a combatir: la postdemocracia. Como si solo fuese retórica. Una performance. Cuando empieza a ser un hecho consumado. Y no solo por sus promotores. Ahí está Maduro. Ese revolucionario a pucherazos de postdemocracia. Algo que cada día admitimos más como animal de compañía. Mientras la otra, la democracia a secas, se convierte en postit, pero para luego.

jueves, 30 de mayo de 2024

Váyanse


El Día de Castilla-La Mancha es la fiesta del vacío. Nuestra ilustre universidad debería crear un máster mundial para que los interesados en la gentrificación se acercasen a este páramo interior a observar que el vacío también es posible. 

miércoles, 22 de mayo de 2024

Vibraciones


Que Argentina está de moda, no cabe duda. Si es que alguna vez no lo estuvo entre nosotros, y con razón.

martes, 5 de marzo de 2024

Fakes

Hoy, en el llamado Día de la Mujer, me pregunto si todo esto no acabará en otro fake. La historia está llena de ellos. La abolición de la esclavitud, por ejemplo, es de los más sonados (y soñados, pues ahí sigue, de muy diversas formas).

viernes, 26 de enero de 2024

El sofrito

Ni perdón ni olvido. Con esa frase antiguamente, o sea hace un plisplás, se instaba a no pasarse un pelo del muñón en lo que fuera. Pero en los tiempos azules, o grises, todo eran líneas rojas.

miércoles, 17 de enero de 2024

Bestiario

 

Sánchez no ha ido a Davos a tratarse con los dirigentes mundiales. Ha ido a refrescarse. Como hay tanta gente deseándole que mia si le cayera un nevazo, y como el nevazo no llega, él se ha ido al nevazo, pero así, sin esquís ni nada, solo con el Escrivá

jueves, 11 de enero de 2024

Sobras

 

En cuanto acaba la Epifanía, empieza la carestía. Y según se entra en el limbo litúrgico -hasta el domingo de Carnaval-, en lo gastronómico, la pitanza que acompaña a la fe, que más que montañas mueve quijadas, el limbo es ya ostentóreo, que dijo Jesús Gil, el creador de esa síntesis de la Navidad, entre ostentosa y estertórea, aún no recogida por la Academia.