Mostrando entradas con la etiqueta cómo (de poco) hemos cambiado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cómo (de poco) hemos cambiado. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de julio de 2026

Fútbol

 

No es casual que el último gran héroe del fútbol fuese Maradona, coincidiendo casualmente o no con el alargado fin de este deporte como tal y su conversión en el mayor espectáculo circense del mundo de la mano de su invasión y apropiación por el gran capital, allá por los 90.

Por esas fechas, el neoliberalismo entró a saco en los estadios, pero por acá abajo se dio la paradoja de hacer valer esa década como una nueva época heroica, algo meramente anecdótico debido a la coincidencia casi milagrosa de gestas como la de la Quinta del Buitre, un caso tardío en realidad de la época anterior, pero que sirvió para añadir (en falso) esa pátina de reflorecimiento. Aunque fuese un espejismo.

Un espejismo, pues de heroico, al fútbol le quedaba tres estornudos, tras su toma por el billetal. Y de hecho, algo empieza a pasar, pues comienzan a jugarlo niños bien, y hasta algún rico. No quiero decir que antes las chequeras no dominasen el pastel. 

Pero, y llámenme romántico, se trataba de un dinero del fútbol que, en comandita con la fuerza de trabajo salida del barrio, las fábricas, o el campo, eso que una vez existió llamado proletariado, trasladaban al terreno de juego un tándem como la vida misma, capital/trabajo, que en el cuadrilátero telúrico de una cancha constituía, dentro y gracias a su propia contradicción de origen, la fórmula magistral para jugarse las esencias mismas de su ser, su todo o nada, su proyección a futuro, su revolución de cada uno, su emancipación por el paso al Olimpo, o por la simple pelea de la vida que representaba. 

Y todo contra otros ejércitos -pues eso es la cancha, un escenario de guerra, abierta y lo más civil que se pueda-, dándolo todo, sin miedo a revelarse en sus adentros, pues al campo, al pasto, se va a confesar, a mostrarse hasta el tuétano cual eres, y sin arrepentirse, sin pleitesía ni penitencias, como debe ser en la aceptación previa de la muerte, que es por lo que el fútbol no es país para falsos ni huevones. 

Todo eso ha quedado usurpado por los fondos soberanos, que les da igual si en Toronto o Chicago no les suenan de nada los sueños de los niños en los descampados de las eras, sino la necesidad de falsos mitos y palomitas del presente que venden la épica de baratillo entre mazacotes de anuncios de chorradas, y como héroe admirable icónico a un Ronaldo subido al carro de la desmesura triunfal más al uso del relumbrón mediático, y que es como si Ulises, en vez de volver con Penélope hubiese puesto una agencia de viajes. 

Y a eso se le llama nueva épica, épica de masas. De masas para churros, será. Por no hablar de las árbitros. De colorines. Y asistidas por VAR. Qué risa. Una figura primordial, la de la autoridad inapelable, obligadamente patriarcal, casi divina por despótica, y fatal, con el silbato por guadaña y bien de negro, sin la cual, quién coño puede aspirar a héroe como dios manda. Todo lo más, a Yamal. Otro niño rico.

viernes, 1 de mayo de 2026

Pobres pobres


España está invirtiendo en pobres, pero a lo bestia. Y todo dios, dando palmas. El gobierno, porque se supone que los pobres votarán a la izquierda. La iglesia, porque de ellos es el reino de los cielos, amén de que heredarán la tierra. Los sindicatos, porque necesitan nuevos clientes para reflotar un negocio en bancarrota. Y los empresarios, porque les garantiza el ejército de reserva necesario para que los sueldos sigan a la baja. 

Prácticamente, los únicos que no saltan de alegría son los pobres de toda la vida, los veteranos, incluso con pedigrí, que ya estaban aquí. Los que no votan al gobierno porque este ya no es de izquierdas y a lo mejor ellos tampoco. Los que ya no desean el reino de los cielos, por fiárseles demasiado largo (¿qué tal, señor, un apartamento, aunque sea de 50 metros?), ni mucho menos heredar la tierra, que hay que cavarla, y los escavillos están por las nubes (y los traumatólogos, imposibles). 

Los que ya no necesitan a los sindicatos, por carecer de un empleo que así pueda llamarse (o sindicalistas de los que fiarse). Los que ya no necesitan ni a los empresarios, ni siquiera para ser pobres. Con hacerse autónomo -establecerse, que se decía antes–, ya te garantizas la pobreza. Hágase usted a sí mismo pobre, podría ser un buen eslogan de la nueva liberación en marcha. Únete a la nueva revolución con futuro. Mañana seremos más. La nueva vía de hacerse a sí mismo. De ser uno mismo. Sea algo en la vida: sea usted pobre. 

Y es que, sea como sea, aquí somos muy de pobres. Nos enloquece sentarlos a la mesa (es un decir), invitarlos a churros, hacerles donaciones (de camisetas de Zara usadas), apadrinarlos -hay quien tiene aún sus pobres-, limosnearlos, compadecerlos. Todo aquello que sirva para estar con los buenos, que son aquellos que, sin ser pobres, se identifican con ellos, pero sin ejercer, por no poder, pues el pobre no es bueno; es solo pobre, y si te conviertes en uno de ellos, adiós redención, redimidos y redentores. 

Así pues, pobres progres pobres, que necesitan de tal inflación para seguir en voga. Bueno, y para que sus hijos no tengan que meterse a basureros, luego a luego, los nuevos ricos.

sábado, 29 de noviembre de 2025

El embanaste

 

A Juan Soto Ivars ya le tienen pillado el DNI. Ahora se va a llamar Juan Choto Ivars.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Ilusión


Por estas fechas, quien más quien menos saca a pasear su pequeña melancolía de superviviente que echa de menos a sus seres queridos ausentes.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Con faldas y a la Feria (2005)

 

Las madres de antes no iban a la Feria. Por aquel entonces, la fiesta aún no era obligatoria, sino más bien la parte de alboroque a pagar como contrapartida del haz y sustancia ferial que era el intercambio, que una vez satisfecho con dinero y enseres contagiaba su esencia mercantil al resto de los materiales con cuya liquidez el hombre saliva fluidos, vino, llanto, y se dirige hacia la felicidad redondeando con este envés de la moneda el óbolo perfecto para trasponer sin temor la frontera del solaz, algo que las mujeres, quizás con buen criterio, buscaban de puertas para adentro, considerando demasiado extramuros los gozos que con demasiadas sombras se servían fuera, en el patio de Monipodio en que la vida alegre se iba abriendo paso entre la desdicha.

jueves, 31 de julio de 2025

Sex o no sex


Ser sexy hoy es, al parecer, muy importante. Hasta en política. Y no me refiero a ese plus de imagen atractiva tan buscado en un candidato -las candidatas lo tienen más crudo,

viernes, 20 de junio de 2025

La edad


Desde que yo recuerde siempre he estado en una edad muy mala. Al principio, por lo frágil, dúctil y maleable que es la infancia, esa impresión al huecograbado que en tiempos

jueves, 22 de mayo de 2025

Los atlantes (2005)

 

Los españoles dejamos abandonados 98.000 perros, que se dice pronto, el año pasado. Ya saben: ese nuevo deporte nacional que muchos quieren hacerlo olímpico sin más tardanza para Madrid 2012, de comprarle al nene un cachorro, porque ha visto esa del perro con nombre de músico (todos hemos visto alguna de perros en nuestra vida) y una vez que aquello crece y saca a relucir el animal (o persona) que lleva dentro y empieza a poner la tapicería llena de pelos, a darte lametones en todas partes menos donde más se agradecen, a obligarte a salir a mear sin gana, que no te sale, como si fuera para un análisis, y a tener picores pensando que puedan ser pulgas, a las primeras vacaciones, aprovechando que son los segundos en saltar del coche en las paradas para cambiar el agua al canario, lo dejan en un ribazo y santas pascuas. Los hay que tienen suerte y les dejan al abuelo para que les haga compañía, pero la mayoría pringa de una u otra manera.

miércoles, 21 de mayo de 2025

Hale, a la guerra


Hay quien dice que ya estamos en guerra. Lo tienen fácil: aranceles, guerra comercial, el proteccionismo económico como señal inconfundible de nacionalismo excluyente,

domingo, 27 de abril de 2025

Ahora lo llaman perfil (2005)

 

Las paredes no sólo oyen; también hablan. Para muestra, el grafiti que vi el otro día: “Nuestros sueños no caben en las urnas”. Lo típico. Sólo que debajo alguien había apostillado, o contestado: “Por no hablar de otras cosas”. Que, al margen de lo poético de tomar ese receptáculo, y perdón por la palabreja, como objeto simbólico de la bella imagen de contención de los deseos abstractos, y hasta de los más bajos sentidos (tómese bajo sólo en sentido geográfico), me dejó con el enigma de a qué cosas se referiría el tapiógrafo, al que de inmediato acoplé en el perfil (que es lo que se lleva ahora) del tópico segmento JASD (Joven Aunque Sobradamente Decepcionado) en que suele a cualquiera que ligue urna y obscenidad con el suficiente desparpajo anticonvencional; aunque también podía haberse tratado de un sátiro canoso, un ama de casa traumatizada por el precio de las bajoquetas o una abuela necesitada. Pero pongamos que era un joven.

viernes, 21 de febrero de 2025

Ya empezamos de albañiles (2005)

 

No estoy seguro si fue el Guerra el que, toreando en La Coruña, cuando aún no era nacionalidad, y decirle un periodista qué lejos le pillaba Sevilla, dijo aquello de “lo que está lejos es esto; Sevilla está en su sitio”. Con esta paletada de carallo el torero expresaba no obstante la idea etnocéntrica tan generalizada entonces de la patria, tan próxima en la lejanía, que casaba perfectamente lo local con lo general. 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Retorno a la fe (2005)

Con este título ya habrá alguien temblando sólo de pensar en volver al hospital de ese nombre para una biopsia, una diálisis o un tacto rectal. No cunda el pánico. Es sólo que en la sociedad crece el deseo de creer a la par que disminuye el ansia de verdad. Vamos, que la fe, el esoterismo, la superstición y hasta la brujería ganan terreno a expensas de la ciencia, el empirismo y el positivismo. En suma, la ilustración baja, el oscurantismo sube. Para ejemplos, el desinterés por la escuela, la deseducación, la apatía del saber, la deserción de la cultura y el apego a la pseudoinformación y la pseudocultura. Vivimos de nuevo tiempos de renuncia a la búsqueda, la investigación y la explicación, de aceptación ciega de lo que nos echen. Tiempo pues de derrota.

viernes, 20 de septiembre de 2024

Tiempo de crepusculos (2005)

 

Cada noviembre simultaneo el manto del azafrán con la recaída en esa gallardía estéril de querer comprender –pues aún no he llegado a esa edad de Fernán Gómez de estar hasta los cojones de comprender– cómo vivimos de pendientes de cosas que en realidad no existen, que incluso cultivamos el afán de su creencia, tal vez huyendo de una realidad tan irreal como la que se nos impone, yendo de la sartén de lo virtual al fuego de lo sólo verosímil, inermes frente a lo casi inerte, al mando de una felicidad malva como esa flor empeñada en anunciarnos un tiempo, más que de difuntos, tordo y radical, un tiempo de crepúsculos, que es como más gótico y matizado.

Que nos aburran (2005)

Al llegar los primeros ayuntamientos democráticos me busqué la vida en la propaganda institucional como creativo cutre todo terreno, y a juzgar por la imagen que años después mantienen, no debía ser muy bueno; a pesar de lo cual, cuando veo ese tipo de publicidad no puedo por menos que interesar al gusanillo de la cosa, sin cesar de preguntarme a qué responden esos anuncios que reverberan en las pantallas, y al ver que en su mayor parte se dirigen a reforzar tópicos, identidad o mensajes manidos y archisabidos, vender cosas donde y a quien no toca, o simplemente para cubrir el expediente o cuota de pantalla, acabo concluyendo que la función de esa publicidad es hacer un gasto y dar de comer, que no está mal, salvo que se indigesten, a algunos de los que siguen en el gremio.

miércoles, 12 de junio de 2024

Progresos de ida y vuelta(2005)

  

Desde mi más tierna infancia, que allá por los cincuenta no lo era tanto, ya que hasta el pan solía ser del día anterior, mi padre decía que había que colocarse. No es que el hombre fuera un beatnik, aunque por la edad bien pudiera haberlo sido, y ansiase un futuro para sus hijos colgado sobre las nubes de Katmandú, que tampoco habría estado mal, sino más bien lo que trataba de inculcarnos era esa forma de vida ya entrevista por él como cuajada en el régimen anterior que consistía, y consiste, en mantenerse en un estado sufragístico de la propia existencia tan alejado y equidistante de la necesidad como del exceso de esfuerzo para lograrlo.

martes, 14 de mayo de 2024

De la subversión a la subvención (2005)

 

Uno de los rasgos de la postmodernidad más mohosa se vuelve corpóreo de tanto en tanto cuando artistas, intelectuales o simples faranduleros optan por significarse socialmente apuntándose a causas que, por encima de ideologías, el ideario colectivo cataloga como de estricto neutro humanismo, o blancas. Así, el hambre, la paz, la infancia, la ecología, la cultura. De esta manera tan sutil como es el respaldo del talento que no se vende (quizá por falta de compradores), causas tan inocentes como las mentadas pasan a engrosar la recámara de la interminable lista de las ideologías con las que se libra esta eterna guerra, demostrando una vez más que no hay nadie apolítico, ni infantil ni pacífico, ni ecológico ni culto, y sí que alguien tiene que ejercer en cada momento de cuidador del homo candor, que es el que tiene que creer para vivir.

viernes, 10 de mayo de 2024

Ambiente veraniego (2005)

El otro día, la sección del tiempo de uno de nuestros periódicos titulaba, sin quedarle otra: “Ambiente veraniego”. El titulista, meteorólogo a palos, había llegado a la conclusión de que para qué calentarse más la cabeza, si es que es eso. Es obvio. Y la obviedad ha llegado a definir tanto a este país, que no hay que darle más vueltas. Ni reñir. Sólo riñen ya ciertos parlamentarios, y eso en puertas de las vacaciones, mediatizados por el panorama de pasarlas con la parienta u otros seres familiares igual de desconocidos. Todo lo que nos pasa está tan claro, que el que no sabe es porque no quiere enterarse. A qué más historias de incultura, desinformación y manipulación. Y es que este país, que confunde hastío con estío, vive permanentemente bajo el síndrome del verano, que además de ser una patente española, es siempre un tiempo de abandono.

El verano es cuando, queriendo ser jóvenes nos hacemos viejos. Nuestros abuelos lo sabían y no se ponían al sol, e increpaban a los atezados en exceso con cosas como “míralo, si parece un moro”, conscientes de que el astro rey es el que acelera la historia, y no el Islam, aunque éste se dé en países de lo más soleado, donde se dice que fueron inventados los espejos, por el azogue, se supone, para ver si así vislumbraban el reflejo del profeta, y al verse allí, del revés pero más feos, sin depilar, ni makearse y con un moreno agromán del copón, o sea de chilaba, decidieron quitarlo de la liturgia.

Y lo bastante que lo hicieran para adoptarlo por estos pagos, como el más asquerosamente obsequioso utensilio inventado, ideal para tomar esa falaz distancia de nosotros mismos que nos administra la belleza como una renta baja, que era desde el Pleistoceno la gran obsesión creativa (mucho más que el fuego, donde va a parar) del hombre, que ya por entonces se iba diferenciando biológicamente de la mujer, y por lo tanto iba cayendo bajo su influencia, aunque eso habría que verlo, ya que de siempre los ha habido muy remirados.

En cualquier caso el espejo es el precedente histórico sin el cual hubiera sido imposible inventar la tele –o mismamente a la madre de Blancanieves–, que no es una ventana, como se ha dicho, sino un espejo al revés, o sea la vida misma del derecho, para poner de relieve (muy bajo, eso sí) todo excepto ciertas protuberancias, que en eso seguimos tan hieráticos como una tabla del románico, que es por lo que la gente vuelve y vuelve a las mismas playas, porque la vida es una playa a la que se vuelve siempre, en busca de una belleza, no interior, que eso ya habíamos quedado era improbable aunque no imposible, sino anterior, no en el tiempo, sino de la parte de delante, ahora que las playas se miden en implantes, o  para recordar aquélla ola, con la tabla (de surf) dispuesta a ver si a Jessica le salieron estrías tras el parto. Hieratismo puro.

Y es que el tiempo, especialmente el veraniego, es un espejo deformante. Será por la calima. Luego viene la decepción. Algunos cogen el coche, y el que no consigue esclafarse a medio camino mientras hablaba con el móvil, se planta en el pueblo, allí, con la gente sana, a gozar de la francachela, de su sentido común exacerbado, de los pisos erigidos sobre casas antiguas, de ese acento sacado de los últimos programas cutres de la tele, que tan divertido resulta una o dos horas, hasta que ves que el sentido común es el grado precedente de la imbecilidad y que el pueblo se caracteriza por destruir los edificios elevados sobre él, como el idioma, un suponer, que como juan  palomo, se lo guisa, se lo come y lo excreta, y consistir su catarsis en regodearse en su miserias pasadas, que hace presente cual fantasmas para ejecutarlos y bailar con ellos al son de su horror, exorcizándolos con esa mezcla de impudicia, miedo, morbo y recochineo en danzas macabras de elogio del andrajo, secuelas de la escasez (de todo) cultivadas de tal modo, que se confunden con la humildad en la que el pasado es tratado como un difunto que es concitado para recordarle que no vuelva. Todo lo cual forja ese humor popular que puede degustarse haciendo puebling, lo mismo que los de pueblo, teniendo nostalgia de la gente, visitan la ciudad, que está llena de eso, mientras el pueblo suele estar hasta los topes de vecinos. Y no es igual.

Pero ya digo, la morriña es libre en pleno verano. Algunos incluso la tienen del 18 de julio. Por lo de la paga. Yo tuve mi primera paga del Glorioso a los diecisiete, en una fábrica de Elda donde marcaba zapatos del 42 para las mujeres de Arkansas. Desde entonces sueño que hago el amor con mujeres que se tienen de pie sin ninguna dificultad, pero yo me voy a caer en cualquier momento. Menuda ruina me busqué de por vida. Y aún tengo que dar gracias. Porque los que les tocó Misisipí, hacían hormas del 44 y desde entonces andan de terapia soñando con mandingas que les dan mogambo, sin Grace Kelly ni nada. La provincia de Alicante es que hace soñar mucho.

También, desde entonces, más o menos, me pregunto por qué los comerciales llevan traje en pleno verano. Pero un día coincidí con un psiquiatra en un merendero, en verano era, precisamente, y mientras nos quitábamos como podíamos las moscas de un forro de cabeza más duro que el cocote un cristo, y una sangría de sobras completas, que por poco nos da un cólico miserere, me dijo que no me preocupara más por ello, que era una fijación relativa al uso del condón, y que me hiciera la vasectomía. Y así, como quien hace mutis por el forro, le hice caso, y desde entonces, oye, mano de santo. Como dicen eso: después de muerto, la cebada al rabo. Veo un comercial, e igual que si viera un mecánico. Vamos, que me la sudan igualmente un proletario manual que uno intelectual. Esto, dicho así, ya sé que suena a reaccionario y burgués. Y de hecho, lo es. Pero uno va ya para viejo, porque el verano envejece, es lo que tiene, y ¿qué quieren, que cuando vea un comercial con traje me afecte y me ponga a sudar la gota gorda? Pues no estoy yo ahora fresco ni nada disfrutando de este ambiente veraniego. Eso sí, tengo ganas de que llegue agosto. No es por nada. Pero estoy seguro que, con algo más de ambiente, llegaré a ser todavía un poco más tonto. 

martes, 9 de abril de 2024

Un Quijote para Sanchos (2005)

 

Yo tenía preparada una confesión para el Quinto Centenario del Ingenioso Hidalgo, pero como estoy viendo que lo mismo no llego, la voy a hacer en el cuarto; será menos solemne e impactante, pero así al menos mis detractores transpirarán tranquilos. Me acuso, pues, de que jamás he conseguido leer completo El Quijote. Es más: dudo que lo haga algún día. Ni mi cuerpo ni mi mente están ya para deportes de riesgo. Es más todavía: creo firmemente que no deberían encumbrarse tanto en la escuela ni libro ni autor, ni mucho menos animar a inocentes educandos a aficionárseles. Sinceramente: es como darle papilla de cereales a un mamoncete y la mejor manera de que un neófito abandone para siempre la extraña perversión de la lectura, pues, como recordaba hace poco Delibes, considerado el cervantino superviviente, él se inició por desgracia con ese libro. Y no le ha ido tan mal, dirán algunos. 

Claro está que el maestro demostró ser un depravado total que, superando ese tremendo escollo estigmatizante, ha conseguido páginas de altura no sólo semejante sino actualizadas. Pero seguramente le hubiera ido tan bien, y seguro que mejor a nivel personal, de haber empezado sus pajillas mentales con Stevenson o Salgari, debidamente traducidos y tamizados, que es la sangre con que mejor entra la letra, ya que la traslación hace las veces de excipiente de tu mismo grupo sanguíneo para tragar y asimilar tamaña medicina transfusiva.

Personalmente, mantengo que El Quijote no sólo es muy largo –ahora hay quien dice extenso, como si los libros se midieran en hectáreas– sino lo que es más irremediable: es intraducible. Sé que esto suena a absurdo drama, pero dada la hipócrita devoción con que el libro se venera entre nosotros, cuando mayormente pasamos de él como de un truño, y el que dicho culto seguramente provenga tanto de haber triunfado traducido en el extranjero como de su proselitismo por generaciones como la del 98 y parientes, que es como si fueran extranjeras, corrobora sin embargo mi certidumbre de que, para ser debidamente apropiable, intelectual (o ética) y estéticamente, un libro debe ser adoptado por el canon principal que rige por principio todas esas categorías añadidas. Me refiero al lenguaje. Y ahí está el problema.

Cualquier traducción de un libro a otra lengua se hace de acuerdo a la necesidad de entendimiento del momento. Salvo los ex libris o una traducción lo más “facsímil” posible, la inmensa mayoría de los libros se traducen abiertamente, no a la antigua versión de esa lengua sino a la del día. Todo lo más, y dependiendo de la generosidad del traductor, se les añade ese toque de “autenticidad” morfológica o semántica con aire de búsqueda de raíces, que siempre va por modas, tan propio del método historicista o genético de cada idioma, pero manteniendo siempre esa prioridad de integración lingüística que les es inherente, pues idioma quiere decir eso precisamente, la forma en que se representan las ideas. 

Relevado así de buena parte de sus compromisos para con el original, al que la traducción convierte sencillamente en referente, algo que no puede hacer la lengua madre con un texto propio, la lengua de adopción logra siempre versiones más cercanas al pensamiento y al habla de un tiempo y un lugar (a su vida, en suma), consiguiendo por norma, y más si se trata de obras universales e intemporales, un éxito mayor que entre sus supuestos isoparlantes, y digo supuestos convencido de que la lengua del Quijote y la de ahora no son la misma.

A estas alturas cabe preguntarse por qué esa gran acogida entre extraños y el enorme éxito que al parecer acompañó al libro entre los lectores de su época no se repite hoy en día, porque, dejémoslo claro, El Quijote no es en modo alguno ningún éxito de lectura, por mucho que muchos lo tengan como libro de cabecera, como no sea que lo utilicen para retrepar la almohada o algo así. ¿Puede El Quijote ignorar impunemente la teoría de la relatividad sin someterse a sus leyes? A lo mejor. Pero exponiéndose, como cualquier objeto que ha logrado traspasar la barreras del tiempo, exportándose a otro tiempo-espacio, a convertirse en una especie de agujero negro difuso e indefinido, que sirve para hacer ensayos, conferencias, artículos tránsfugas como éste, y conmemoraciones en las que sirva de regalo unisex utilitario, pues el que regala bien vende, aunque también podría decirse que lo regalado, ni agradecido ni pagado (ni leído en este caso), y ahora se van a regalar a ríos, a pique de que, como con el cojín de los setenta, surja la frase difamatoria y ridiculizante de “a mí también me van a regalar un Quijote”, en vez de encarar definitivamente lo que desde hace un siglo viene pidiendo a gritos, si tanta consideración nos merece.

Sé que es un herejía, pero, qué le vamos a hacer, la pregunta es obligada: ¿Por qué no se intenta de una vez traducir El Quijote? No me estoy refiriendo a realizar la enésima versión reducida, infantil, actualizada o simplona para mastuerzos, ni a cargárselo con una versión rap o en SMS, sino una en que, por fin, sin vulgarizarlo y sin derramas de su esencia, lo haga accesible a la respetable buena gente lectora que no se atreve a hincarle el diente por miedo a no pillar ni giros ni vocablos, ni sintaxis ni sentidos, y que siguen preguntando con esperanza pero con la mosca en la oreja a los que alguna vez nos hemos acercado si realmente “eso” es tan bueno. 

Ya sé que sería un texto desvirtuado. Pero leído. Y no sería la primera vez, pues dudo que lo que circula sea la versión genuina. Y si se hace bien, aun distinto seguiría siendo uno de los mejores libros disponibles. ¿Es que alguien cree todavía que el Dante es el que muestran las versiones recibidas, o que el tarareado Shakespeare, de no jugar con la ventaja de las licencias poéticas y algunas actualizaciones, podrían leerlo ingleses todavía más anglofilizados que nuestros jóvenes? O no tan jóvenes, porque a lo mejor de ese modo, algunos hasta lograríamos terminarlo. Con la cantidad de sesudos que hay por ahí zascandileando de floreros de púlpito en púlpito y de fasto en fasto, ya se podría haber hecho. Lo mismo entonces, no había ni que regalarlo, y hasta lo compraba alguien.

lunes, 18 de marzo de 2024

Autocrítica (2005)

Desde las filas gubernamentales y sus medios, o al revés, que también valdría, se viene difundiendo la especie peluda y sospechosa de que en la oposición no hay autocrítica.

martes, 20 de febrero de 2024

El gran suceso (2005)

 

Las páginas de sucesos desaparecieron como tales de los periódicos en la Transición, por resultar inconvenientes políticamente, tanto en el sentido inglés de la palabra political, o cívico, como en el más crudo y directo significado español.