El gachaperomental español es monumental. La mayoría está de acuerdo con el “madurazo”, pero la mayoría, también, cree que va contra el orden internacional. Con un par.
O sea, así, a botepronto, que a la peña se la pelan, tanto Maduro, como el orden internacional, y si no, ¿a qué ese contento por la ‘extracción’ del pájaro. Y ese gran temor por el trumpismo, el neoimperialismo y el fin de la civilización y el mundo occidental, no son sino el viejo dicho: mucho miedo y poca vergüenza, la típica impostura, hipócrita y cínica copiada de los voceros que a diario chapotean en esa mierda en la que, para seguir flotando, hay que apuntar al malo de turno como culpable de nuestra desidia.
Y ahí está Trump, con menos plumas en la lengua que un cunnilingus hetero, adelantando esta semana a Putin en la carrera del maligno. El Jocker del momento, la mayor amenaza para el Gotham de fango y mugre con que la nueva época nos da la bienvenida. Y Sánchez, claro, va y se postula para jefe de la liga anti Trump.
Nada, un brindis al sol para la galería de desahuciados mentales que, a falta de una sola idea que no sea la de seguir chupando del bote (del que sea) por el morro, y gratis, porque aquí lo valemos, porque somos demócratas, y progresistas, y estamos con la ley, los derechos humanos -qué descojono-, el bienestar, la cultura universal, la igualdad, la vivienda digna, un trabajo de por vida y nietos rubios y con ojos azules, que para eso hicimos la revolución (¿) o la transición, o yo qué sé. Y no quieren admitir que todo se va a tomar por...
A ese lodazal mental, a ese gachapero, mayoritario todavía, aunque proceda de fantasías o relatos, que ahora se dice, que impera en la mayoría de más de 50 años y no pocos de menos, es a los que se dirigen a diario los vendedores de humo y cieno, para que no decaiga y todo este imperio de la mentira que se acaba siga aguantando sobre sus pilares de barro un tiempico más.
Y nadie quiere saber que tiene los meses contados. Ni que por aquí pintamos menos que Cagaestacas en la Audiencia para cambiar el rumbo. Ese es el drama. Que no somos nadie (nunca lo fuimos), y además, cada día nos queda menos.
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