viernes, 23 de enero de 2026

Tragedias

 

Vivimos tiempos deslumbrantes en la penumbra, y como la ceguera que sigue al resplandor así se plasma un devenir de claroscuros que, entre fogonazo y fogonazo, nos lleva de espejismo en espejismo, de zozobra en zozobra, por un derrotero de falsas luces y reflejos desconcertantes que nos mantiene impávidos pero activados cual resortes, siempre dispuestos a darlo todo por lo que pensamos que creemos. Aunque, del dicho al hecho...

Y así cumplimos con nuestros propios anhelos y pulsiones, pero seguro que mucho más con lo que afuera, los hacedores de luz (y de sombra), nos impelen a hacer a su merced. Así hacemos realidad la sentencia vieja ya de Ferlosio, otro olvidado por la ceguera actual, ‘vendrán más años malos y nos harán más ciegos’. Pues la ceguera, desde siempre, no ha hecho más que empezar, y es infinita. Quizá lo único fijo como preludio de la nada.

 Las catástrofes, pues, no son los destellos anuncio de aquello que nos ilumina como una explosión nuclear, sino que son en realidad (como las estrellas) el reflejo, pálido ya, de algo que ya pasó sin darnos cuenta. Otra ilusión. La de que al fin pasa algo y nos conmueve. Pero es mentira. 

Las catástrofes son el simple artilugio por el cual, de tanto en tanto, el esperpento de una sociedad se pone en marcha, con los medios de comunicación, que para eso están, para hacer su agosto, como engranajes -¿carriles?- de toda esta epifanía para aparentar dolor, empatía, seriedad, solidaridad, encomio, y poner de manifiesto que esa fina línea entre el poder y los administrados aún no se ha roto, menos mal, y que el engrudo social sigue vivo. 

Y así, de vez en cuando, cataclismo, descarrile o desgracia mediante, se lleva a cabo la falsa catarsis de llorar y musitar ‘madresmías’, como si con eso ya pudiéramos volver a renacer y empezar de nuevo. Que es de lo que va la pantomima. Solo que las catástrofes no son esas, y en realidad solo hay una y pasa como las estrellas sin que nos percatemos ni tomemos medidas. 

Por eso nuestra catarsis no vale para nada. Porque se hace sobre la sombra del desastre, pero no del desastre, al que, como siempre, dejaremos vía libre hasta la próxima, mientras seguimos en vía muerta.

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