Una ilusión muy extendida, fruto del pensamiento positivo y asertivo hoy día exigido para no ser muy infeliz, es que al morir no desaparecemos del todo. Y es verdad. Eso es algo que se suele conseguir más en vida. Cuando un día desapareces de la vida de un montón de gente, y la única prueba de supervivencia, de estar aún en el estercolero, es institucional.
Y más o menos intuyes que sigues ahí, nominalmente, por las facturas de Iberdrola y la opresión de la Agencia Tributaria, las ofertas de tu banco o los recibos del seguro. Ya eres un zombi institucionalizado. Si no fuera por la atención que aún mereces a esos y otros delincuentes, caerías en la anomia más absoluta, y cuando a los cuatro años recibieras la propaganda electoral a tu nombre, no sabrías muy bien a quién se dirigen -bueno, ni así tampoco-.
Y es que, con el tiempo y una caña, o muchas, según la sed de cada cual, te vas difuminando, adoptando unos el formato de simulacro vital, otros de hombre nuevo, o del mismo de siempre (que no sé cuál de los dos es más patético), como hay quien es sombra de lo que fue, quien adopta forma de segunda oportunidad o quien simplemente pide prórroga, o se va a Denia. El caso es no desaparecer del todo. Aprovechar la inercia (o la inepcia).
O, como ahora ha puesto de moda espero que pasajera, Sánchez, resituarse en el lado correcto de la historia, y hale, a vivir. Y que es algo así como una reedición 2.0 de aquel “quien se mueva no sale en la foto” de su antecesor casi jurásico Alfonso Guerra, que a su vez era revisión del clásico “quien no está conmigo está contra mí”, y que no es otra cosa que la expresión tribal del rechazo más absoluto de lo que esté más allá de tres palmos de mi culo (y si me lo besa, mejor), condenándolo como lo peor, y, naturalmente, negándole cualquier tipo de evolución que no sea la de convertirse a eso, a mi culo hecho religión.
Por eso sé yo que dejé de estar en el lado correcto de la historia hace mucho, cuando dejé de vendimiar, de servir, de ser útil, de callar, de asentir, de “trabajar para el progreso”, de comulgar. Y si desaparecer ya es fácil, imagínate si estás donde no debes.
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