jueves, 28 de mayo de 2026
La carga
viernes, 22 de mayo de 2026
Ladrones
ZP, padrino del sanchismo, de la perversa Alianza de las Civilizaciones, la memoria histórica cunetera, la dichosa discriminación positiva, la entrega final del País Vasco a los abertzales, del engendro del Procès, y gran recortador del bienestar (10.000 kilos, se dice pronto) y sin que lo exigiera Europa; el único presidente que me ha removido el yuyu de algunos bajos instintos, hasta hacerme votar (en contra) en este siglo, por temor a su mayoría absoluta; ese pedazo de pan buenista y más peligroso que un chimpancé con una navaja de afeitar, resulta que va a ser, también, un ladrón.
Lo cual es de lo más lógico, si consideramos que aquí es lo más fácil para cualquiera con posibles -del resto ya se encarga el gran ladrón: hacienda-, y es casi legal. De hecho, es tan nuestro que se considera gilipollas a quien, pudiendo, no roba (a otro ladrón, pues todo el mundo lo es, y de ahí lo de los cien años de perdón).
Si no, no se explica tanta permisividad, comprensión, simpatía y olé tus huevos para con la sisa, la propina, la mamandurria, la gorra, el porcentaje, el apaño, el menudeo, la mordida y otros parabienes, y tanta justificación y dar por hecho que para vivir hay que robar. Debe de ser la miseria de mamar ansia y envidia y ganas de ganeta durante siglos de secarral y no solo ambiental, y de hidalguías arruinadas.
Y luego está esa casta sin oficio ni beneficio que se adueñó, conjuntamente con los grandes ladrones de siempre, de la política, desplazando a los que la llevaron, por convicción, a ciertas cotas de dignidad, estableciendo el esquilme, la extracción y el saqueo como norma y maricón el último.
Que es lo que, una vez liquidadas las clases menestrales, y ya todos
pobres al menos de espíritu, ha terminado por integrar el latrocinio y el que
parte y reparte como señas de identidad de lo público hecho una ciénaga, y su
admisión como equipo de serie, hasta el punto de que cualquiera ve anormal ya
la honestidad y presagio de necesidad de trato psicológico en quien no mete la
mano en el cajón. En estas circunstancias, la corrupción ya no pasa ni factura,
y si el menda es de los nuestros, es un héroe. Así nos va (a ir).
lunes, 18 de mayo de 2026
jueves, 14 de mayo de 2026
Zoofilia
El hombre está dejando de ser aceptado como animal de compañía. La mujer, en pleno apogeo de la nueva sororidad -que vaya pan como unas hostias han hecho con la igualdad, total, para acabar otra vez en lo monjil, aunque sea por lo civil– pues, menos.
O sea que, si es admitida como animal es para acompañar a otras mujeres. Vamos, que lo de compañera te doy y tal, ahora va por ellas. Y eso, lo de cambiar el sentido a la Biblia, sí que es darle la vuelta a la tortilla, y ahí lo dejo, sin entrar en derivados.
Y, a lo que iba; hoy preferimos como compañía más a una mascota (si es que el humano no lo es) que a un semejante, cosa que es ya difícil de identificar en un humano, de cuya semejanza solemos huir, tal es la fe en nuestra pertenencia al grupo, del que siempre nos vemos como individuos excepcionales. Y la prueba es nuestro amor a los que, sin aspirar a entrar en el club, tratamos ya como semejantes interinos.
La hija de una amiga suele regalar a una suya ratones para que la boa constritor que tiene de compañera de piso se los meriende de aperitivo. Lo típico. Y mucho más políticamente correcto que regalarle puros a una colega para que su marido (aunque no sea constritor, ni constructor) se los fume, siquiera sea en el balcón. Ese despropósito. La hija misma tiene una rata. Y lo peor es el rabo, dice la madre. Era de esperar.
Y es que es difícil, a cierta edad, habituarse a las nuevas relaciones sociales, que hoy son más mixtas que nunca. Yo mismo -tranquilos, que aún no hablo con mis gallinas, y si me las como es solo por socializar–, veo cosas, en una esquina cercana donde hay un veterinario, que exceden con mucho las connotaciones del amor expresado por Petrarca, Shakespeare o incluso Bukowski.
Y no es que tenga
envidia. Hombre, a mí me gustaría también que me tomasen como a un perro, y no
solo por gilipollas, como sucede. Pero es que la zoofilia, así, a lo pavo, sin
póntelo, pónselo (retóricamente, digo, que se farda mucho, y luego, nada, igual
que entre humanos), trae sus virus y se complica. Pero, ¿a quién se le ocurre montar
un crucero con roedores, habiendo gigolós y chicas de alquiler, so snobs?
viernes, 8 de mayo de 2026
Recetas
El comunismo no volcó en el 89 al periclitar la URSS, sino mucho antes, cuando Den Xiaoping se sacó de la manga su “da igual que el gato sea blanco o negro; lo importante es que cace ratones”, asumiendo así el modelo de producción capitalista, disfrazado en un control estatal, para frenar la miseria y los millones de muertos por hambre (y otras cosas) que daba el sistema.
Igualmente, la socialdemocracia no feneció cuando con la crisis se abandonaron las políticas expansivas, o sea de ayudas a gogó para todo, sino cuando los socialistas adoptaron el modelo neoliberal (enmascarado en esas mismas ayudas como trampantojo) tanto en la gestión como en la economía. Así es cómo el estado del bienestar, el socialismo, la izquierda y demás ínfulas baratarias del paraíso soñado se fueron a hacer puñetas.
Lo demás que ha seguido hasta hoy es un puro tente mientras cobro a la espera de que las urnas (con suerte) refrenden un cambio de ciclo histórico por agotamiento y extinción de ideas, mentalidad, visiones, ganas y otras savias occidentales, incluido el rechazo a la reproducción. Para qué, que diría Hegel. Y luego que si la demografía, el no nacer, nos mata -habrase visto mayor racismo, con la de gente que hay por ahí loca por venir aquí a parir.
Así las cosas, un nuevo fantasma y gran trending topic empieza a recorrer Europa, alimentado por viejos socialistas, nuevos no socialistas, empresarios, sindicalistas a la page (que no a lo Page) y otras ruedas de molino de aguas más o menos pasadas y ¿claramente? recicladas, y es que, la vacuna, la receta para que esto siga, y la ultraderecha no entre a saco en nuestro sueño averiado, es que la derecha moderada tome el testigo, más o menos socialdemócrata, claro (y hasta capitalista, aunque sea post, tras el rastrojo dejado por el neoliberalismo estatal) de nuestro condenado y casi extinto continente, incluida España, aunque algunos no lo crean. Ahora, bien, la pregunta es: ¿Y qué coño es la derecha moderada?
Pues lo mismo que la izquierda moderada: recetas viejas para
un mal nuevo, la época, que hasta que no se instale no sabremos de antídotos.
Será tarde, seguro. Pero es que esto va así.
viernes, 1 de mayo de 2026
Pobres pobres
España está invirtiendo en pobres, pero a lo bestia. Y todo dios, dando palmas. El gobierno, porque se supone que los pobres votarán a la izquierda. La iglesia, porque de ellos es el reino de los cielos, amén de que heredarán la tierra. Los sindicatos, porque necesitan nuevos clientes para reflotar un negocio en bancarrota. Y los empresarios, porque les garantiza el ejército de reserva necesario para que los sueldos sigan a la baja.
Prácticamente, los únicos que no saltan de alegría son los pobres de toda la vida, los veteranos, incluso con pedigrí, que ya estaban aquí. Los que no votan al gobierno porque este ya no es de izquierdas y a lo mejor ellos tampoco. Los que ya no desean el reino de los cielos, por fiárseles demasiado largo (¿qué tal, señor, un apartamento, aunque sea de 50 metros?), ni mucho menos heredar la tierra, que hay que cavarla, y los escavillos están por las nubes (y los traumatólogos, imposibles).
Los que ya no necesitan a los sindicatos, por carecer de un empleo que así pueda llamarse (o sindicalistas de los que fiarse). Los que ya no necesitan ni a los empresarios, ni siquiera para ser pobres. Con hacerse autónomo -establecerse, que se decía antes–, ya te garantizas la pobreza. Hágase usted a sí mismo pobre, podría ser un buen eslogan de la nueva liberación en marcha. Únete a la nueva revolución con futuro. Mañana seremos más. La nueva vía de hacerse a sí mismo. De ser uno mismo. Sea algo en la vida: sea usted pobre.
Y es que, sea como sea, aquí somos muy de pobres. Nos enloquece sentarlos a la mesa (es un decir), invitarlos a churros, hacerles donaciones (de camisetas de Zara usadas), apadrinarlos -hay quien tiene aún sus pobres-, limosnearlos, compadecerlos. Todo aquello que sirva para estar con los buenos, que son aquellos que, sin ser pobres, se identifican con ellos, pero sin ejercer, por no poder, pues el pobre no es bueno; es solo pobre, y si te conviertes en uno de ellos, adiós redención, redimidos y redentores.
Así pues, pobres progres
pobres, que necesitan de tal inflación para seguir en voga. Bueno, y para que
sus hijos no tengan que meterse a basureros, luego a luego, los nuevos ricos.