viernes, 27 de marzo de 2026

Dolores

 

La onomástica me trae la impresión, quizá un tanto vana, lo más seguro inconstatable, de que hoy el dolor ya no se ejerce como antes. Para empezar, puede que se haya vuelto más transitivo, o más pasivo, desde que la intantilización general exalta el horror del más pequeño dolor físico, o la hiper psicologización victimista construye dramas con los más nimios contratiempos, haciendo de un anodino pasar en realidad algo cercano a los Siete Dolores de Nuestra Señora. Ay, qué dolor, que dirían Los Chunguitos

O, en otras palabras, a falta de ese dolor infligido de verdad (y que, nadie se apure, siempre llega), se practica un sucedáneo impostado del sufrimiento, en general formateado y desarrollado de maneras tan uniformadas como sospechosas del adiestramiento social más simiesco y circense, que en el caso de lo físico es bien adobado con una farmacopea más amplia y con menos miramiento que la artillería en marcha en el estrecho de Ormuz, y en el psíquico con el respaldo garantizado de camiones de Prozac y Lexatin, y el ejército de psicólogos de rigor, para dolerse a gusto y a destajo. 

Y todo, por aquello de haberse impuesto en esta época la necesidad sine qua non se es persona, de amar, pero también sufrir, como canon de autenticidad que hay que asumir y exhibirlo a la más mínima como el ideal para ser valorados como humanos último modelo. 

Algo así como cliquear ese espacio en los formularios digitales de que no eres un robot, que cualquier inteligencia artificial se pasaría por el forro descojonada de la risa, y que me recuerda a aquellos androides de Blade Runner al hacer guiños y gestos compungidos e imprecisos, y cómicos al tratar sin conseguirlo de dar a entender sentimientos que han visto por ahí pero que no acaban, claramente, de tomar prestado de los humanos (aunque los que se ven son irónicamente aún más inhumanos). 

Porque si hay algo, estoy seguro, que la IA es capaz de clonar, mutar, practicar, adoptar y modular como le salga por el forro, es el dolor y sus manifestaciones actuales. Es que está chupado, visto lo visto, y no hay más que fijarse. Del amor, ni te cuento. Aunque de eso ya hablaremos otro día.

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