Hace unos días, derrengado por el calor, derrotado, rendido, claudicante hasta pedir cicuta televisiva, me entregué al telediario a la espera de recibir el descabello, y vi a una mujer, un rostro, una figura de esas que no encaja con el paisaje, ni con el paisanaje, ni siquiera con los que los rodean cuando hablan, y leí: ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico.
Yo, a esas horas, suelo estar muy perjudicado. Así es que leí otra vez. Y era cierto. Miré a mi alrededor, en un acto reflejo, buscando a alguien que hubiera visto lo que yo. Pero estaba solo, claro. Y tampoco sabía a quien llamar a esas horas, siquiera por wasap, para preguntar: ¿Tú sabías que existe un ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico? ¿Y no me lo habíais dicho, con la escasez de temas que hay en verano?
Y me sentí desolado. Fuera del mundo. ¿Pero cómo podía vivir yo así? El país transitando por la ecología, todo quisque de viaje por ahí, saltando de una ecología a otra, entre las abubillas, los cardos, las dehesas, y yo, aquí, ecológicamente bloqueado, embrutecido en una pobreza ecológica del copón. Y si no, el reto.
Con lo que me gustan a mí los desafíos, y más si son demográficos, de aumentar la natalidad y todo el tema, será, ¿no? Y con el tiempo que tengo ahora. Porque de emigración no irá la cosa, que eso lo lleva otro ministerio. Y el caso es que era en un incendio. Claro, el fuego no deja que la ecología transite, ni se potencie, ni nada. Sin embargo, aún no sé bien de qué va ese ministerio.
Suena como a pavada de la China de la Banda de los Cuatro –aquí son más– que decían La garza que se subió a un peral y expulsó al diablo, para enunciar una lavativa, o La flor de loto pica en el coto (¿) -¿no sería ‘como una moto’?-, para hablar de los peligros de la naturaleza -y de la adolescencia, que no te pierdas a los chinos, aunque hoy a lo más que llegan es a tener un ministerio de Asuntos de Veteranos-.
En suma, que no me acaba de
cuadrar el nombrecico. Pero al menos será ecológico, y demográfico, y bien sea demográficamente
ecológico, o ecológicamente demográfico, seguro que está bien. Que llevo yo un veranico
que ya, ya…
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