Yo quiero que me
pongan un observatorio. El Observatorio del Huevo de Dos Yemas. ¿Qué pasa? Ya
existen el de igualdad de género en la ciencia, el de política criminal o el de
la violencia hacia los animales. Así es que no sería tan raro. Y sí mucho más útil.
No digo yo que ver que haya el mismo número de vulcanólogas, por ejemplo, que
de vulcanólogos, avistar criminales en la política (que debe ser un trabajazo)
o vigilar los posibles (y probables) vareadores de perros y pateadores de
gatos, no sean encomiendas loables. Pero fútiles, me atrevería a decir que
prescindibles, comparado con lo mío, que es atisbar, vislumbrar, llegar a
intuir, adivinar incluso, con la práctica, el huevo de dos yemas, algo tan
básico para mejorar la cuestión yemení, tan esencial, y no solo en lo
gallináceo.
Y es que, por ejemplo, con un solo huevo se resolvería de una vez
lo del precio de esas cosas que cuestan un huevo y la yema del otro. Eso es
ahorrar. Vamos, que sería de lo más práctico, que es a lo que vamos. A lo
instrumental, que es lo de moda, el sector público instrumental, que se lleva
mucho.
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¿Qué fue antes, el huevo (de dos yemas, claro) o la gallina? ¿El político o la mamandurria? |
Pero yo soy más de observatorios. El País Valencià ya tiene diez. Dos,
hechos aposta para Podemos, para ayudarle así a recuperar votantes (los titulados
en paro hacedores de master y otros meritoriajes serán comprensivos, solidarios
instrumentales y nada envidiosos de los colocados). Y pronto, la fiebre se
extenderá al resto de las taifas, y el récord de mamanduñas será pulverizado.
Mientras,
yo, que quiero ser útil, y si hay que ser instrumental, pues se es, sin el mío.
Todavía.
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