Cualquiera que siga las noticias -si la tele, la radio o las redes las dan- dirá que Sánchez está hecho caldofrán. Y, en efecto, el menda, de la fórmula del no gobierno como política, el como si, el fiasco, vendiendo a la vez que los gobiernos de otros son aún peor, que una nada desdeñable base sociopatética, sea bizarra, conversa, o por súbita revelación, pero autoconvencida de ladocorrectohistoricismo, se traga como un tiramisú, ha pasado directamente al desgobierno.
Ahí están Margarita se llama mi horror y Marlasky. Lo que en cualquier país medio normal haría saltar los plomos -y no quiero dar ideas a Red Eléctrica- aquí solo da de reír al reino alauí, que estarán negros, con perdón, por no tener a Los Teleñecos para satirizarnos. ¿Y qué pasa? Nada.
Es como si hubiéramos asumido que la política ya no va de gobernar, sino de ejercer el poder (cosa que Sánchez hace y muy bien), y como buenos ciudadanos entrenados para postergar lo urgente, simplemente esperamos al voto, no como solución, tampoco hay que exagerar, sino como revancha casi poética pues de sobra se sabe que poco o nada cambiarán las cosas.
Algo que no solo ocurre aquí -aunque aquí sea un escándalo-, y solo hay que ver el mundo. Y sí, despotricamos, blasfemamos, echamos pestes, nos desahogamos, y decimos eso de “pero nadie hace nada”. Bueno, sí, nos bañamos contemplando incendios por drones en el mar Negro, con perdón, o viendo asesinar a alguien la policía, en USA, u observamos aquí cómo llegan pateras gigantes a nuestra playa, y de buena gana disfrutamos de ver desaparecer el dinero por la inflación, como un carterista que nos enseña el truco, y cómo se esfuma, como por ensalmo, nuestro modo de vida, del que tan orgullosos estamos (pero que cedemos sin más al primero que pasa).
Es el famoso síndrome de la orquesta del Titanic,
esa mezcla de resignación victimista, impasividad lacónica y fervor fatídico ovino
colectivo, disfrazados de deber, tradición y cultura, mientras se va hacia el matadero
como si no hubiera donde ir, que se extiende como gran signo de la era que
viene, y para la que nuestra única preparación desde el buenismo del bienestar es
la de hacer de víctimas propiciatorias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario