jueves, 3 de septiembre de 2026

Comparecencia


Escribo mientras Sánchez actúa en el Congreso -este hombre no desunce, y como intérprete siempre hace de sí mismo, solo ante el peligro, aunque no vaya Al magro- cantándonos en tono fin-de-fiesta-rave el título, Tangas, moritos e informes policiales, lo mala que era la vida antes de él, así a lo llano, a lo Quintín Cabrera, o sea sin esdrújulas y porque yo lo valgo: en el tiempo los apostoles, los hombres eran barbaros, se subían a los arboles y se comían los pajaros. 

Nada. Que nos ha tomado por una tribu urbana de gorriones. O gorrones, no sé. Lo cual no deja de ser un micromachismo. Y es que menuda Dana le está cayendo al pobre. Él, que era un coloso con los pies de fango, ahora un ecce homo fangoriento, fase que en la posmodernidad va detrás de pegamoide. 

Y la oposición, incendiada. Que no es raro. De hecho, todos los incendios del verano han sido en sus fincurrios. Cómo me encanta el fango. Y más si es real. Y los sociatas de a pie, haciéndose la famosa pregunta del millón de la IIªGM, Why we fight? O sea, y qué hago yo ahora con la pescadilla que he sacado del congelador? ¿Volverla a congelar? 

Hombre, ahora, menos los precios y las papas (bueno, y los hijoputas), todo se congela: los óvulos las que creen que algún día podrán ser madres, y los ricos lo pretenden hacer con su vida cuando asome la parca. Todos piensan que lo único que tiene futuro es el futuro. Aunque, a la vista del presente, más bien sea el pasado. 

Es el problema de andarlo todo procrastinando, que hay que joderse con la palabreja, que como definitoria del presente ya asusta. Por eso la derecha se ha hecho revolucionaria, al haberse propuesto no dejar para mañana dejar hoy hecho unos zorros a Sánchez. Y en esto veo por el display de la página en pantalla que aplauden al susodicho. Mira que si era un chiste, y yo aquí, con mis sandeces… 

Si bien este pavo, desde que fue a China solo suelta morralla. O más bien cosas de la gran morralla. Ah, sí. Es que exculpa de todo también a Rusia y a Israel. Y promete que estudiará hacerlo con Islero, el toro que mató a Manolete. Pero, como no me lo musite, yo no me lo creo. Musítate algo, Pedro. Hazte creíble.

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