viernes, 11 de septiembre de 2026

El relevo

 

Hoy, si no eres CEO, laboralmente estás acabado, eres un pringado. En cambio, si además de CEO eres, por ejemplo, coach, o trainer, vas de puta madre, directo hacia el influencierato.  De lo que sea. Lo mismo dan personas que máquinas que animales, hoy personas de cuatro patas. Y no crean que es algo del presente. 

La cosa viene de atrás. Mi padre, por ejemplo, fue un atrevido CEO y notable influencer de treinta vacas, con las que ejercía de coach y trainer, eso sí, con ventaja, porque eran frisonas. Pero basta con tres cabras, o un móvil -para triunfar siempre se necesita un móvil– , o incluso la boquilla, si no eres muy anacoluto, para hacerte CEO y emprender. Y de hecho el país se está llenando de Ceos. 

Sea porque no hay puestos más bajos en el mercado o porque aman la libertad, las nuevas generaciones parecen preferir ser un pobre CEO a un rico funcionario. Yo veo a gente muy joven andando por el canal, supongo que porque no tienen para un patinete –seña inequívoca de que van para Ceos-, hablar de emprendimiento como en mis tiempos de comprarnos una Gimson. Lo tienen asumido. 

Así que no sé a qué viene tanto rasgarse la camisa por el informe PISA, que es como la torre, que parece que se cae, pero ahí sigue, y que lo único que deja claro es que los profesores de los interfectos se van a ver negros para cobrar la jubilación. No porque no hayan sido capaces de inocularles los números y la comprensión lectora a sus pupilos, sino porque estos son los futuros Ceos y apenas cotizarán siquiera para ibuprofeno, cuanto ni más para mantener menas y viejos. 

Además de ser digitales, o sea, no analógicos, que tampoco, sino ni siquiera orales, pues no hablan, muchas veces porque no lo necesitan ni entre sí, ni para ligar, y robotizados con adminículos que facilitan su conexión con la nube, la galaxia, el tiempo, el espacio y toda la pesca. 

¿Para qué quieren pues, lenguajes arcaicos, sintagmas anacrónicos y sintácticas sociales semi caducas? Eso es lo que mide PISA. Y medir tiempos nuevos con baremos viejos siempre arroja el fracaso. O sea, tutto in ordine. No pasa nada. Solo es el futuro, que suele ser aquello con lo que no soñamos.

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