viernes, 26 de mayo de 2023

Los Isidros. ¿Ficción?


El Índice de Ventas. Una contribución a la economía política, o no.

"...no se refiere a ningún índice de caja sino a otro muy peculiar que funcionó a mediados del tercer milenio para contratar los futuros agropecuarios, según los resultados de las corridas de toros en la plaza de Las Ventas, donde llegaron a darse, entre unos y otros eventos, 107 corridas por año, 77 novilladas con picadores, otras tantas sin, varios Bomberos Toreros, Toreo Circense, Teatro Torero, pasarelas de moda taurina, charlotadas, Tauroshows (noches de Tauromaquia que incluían el famoso Estriptis de la Taleguilla, en el que un torero de importación

Tribales

 

El 22 de mayo de 1996 el Marca llenaba su portada con un hirsuto Seedorf recién comprado -palabra típica del vocabulario deportivo-, y el titular: “Seedorf ya es blanco”. El bien pigmentado centrocampista había sido pasado por las arcas madridistas, que en cuanto a blanquear (jugadores) no tiene igual, superando al mismísimo Ariel, que no lava más blanco que el Madriz ni de lejos. 

Pero aparte el macabro chiste, y aun siendo Santa Rita, y lo que se da no se quita, la nueva, legítima y merengue adquisición -otra palabreja no menos ignominiosa del mundillo- siguió igual de negro. Pero eso tampoco era racismo, sino periodismo creativo. 

Dicho lo cual no creo que analizar desde el racismo lo de Vinicius en Valencia sea lo más idóneo, pese a ser un componente importante de la fórmula con que cualquier pitador habitual de estadio (que también podemos llamar hijopita), se desenvuelve. 

El enfoque sería más bien lo tribal, ese paraíso perdido, o  tiempo perdido, no sé, que millones de personas buscan, en vez de en su interior (ya que no han leído a Proust, ni falta que hace), en la algarabía de un estadio, y encontrándolo en una identidad de masa tan fugaz como surrealista (y sin identidad), que va a golpe de pulsión, desde la gloria a la infamia. Y total, para hacer hambre suficiente para tomarse después una de calamares, pues los gritos abren el apetito, y más si son contra quien uno se sacude el miedo atávico: el enemigo de la tribu, que eres tú mismo, cuando eras negro, por supuesto. 

Y luego decimos que Vinicius, que solo por llevar el nombre (o eso espero) del insigne De Moraes, ya merece un respeto, hace muy bien en enfrentar el pifostio. 

Pero Henry Kissinger, ese artista del oprobio y la contradicción humana, que mañana cumple cien tacos, y que dejó dichas frases como: Los políticos corruptos hacen que el otro diez por ciento sea mal visto; o, Los temas son demasiado importantes para dejarlos a los votantes, también dijo que un diamante es solo un trozo de carbón que soportó una presión extraordinaria. Y Vinicius podría haber sido más diamante todavía, si hubiera pasado algo más de tanto imbécil. Digo yo.

viernes, 19 de mayo de 2023

La piel

 

Lo que me temía ha acabado por ocurrir. Venga decir los políticos en esta campaña, ese mariachi que recorre España, que se iban a dejar la piel con nosotros, pues, alehop, ha pasado. Y el otro día me encontré una, así, en plena calle. 

De primeras, y de sopetón, casi traslúcida y arrugada, parecía la muda improbable de una gran serpiente amorfa -y no sean malpensados-. Pero al verle las mangas pensé más bien en el impermeable de algún precavido, que, harto de tanto oír que va a llover, y nada, lo había tirado. 

Sin embargo, al cogerla del suelo y notar su toque suave, apenas usada, intuí, adiviné que era la pellica de uno de ellos, que había adelantado su promesa.¡Hala, ahí va eso. Para que digáis que no cumplimos! (O se le había perdido. A saber). Incluso llevaba una pegatina, que me callo para no influir en el voto de mis lectores/as. 

Y entonces me acordé de cuando, en mi infancia pasaba el pelliquero con su carretilla, y le sacábamos las pieles de conejo, y a cambio nos daba una pelota de trapo o una manzana caramelizada, y por una de cabrito hasta un balón. Y pensé lo que hoy hubiera sacado por la piel de un político (y con la cantidad de cabritos que hay ahora, ni te cuento). Pero como los pelliqueros ya no existen -aunque a este paso se pondrán de moda- me fui a ver a un entendido en estas cosas. 

Yo había visto en una peli que los nazis le sacaban muy buen provecho a esta parte del cuerpo. Pero el susodicho me dijo que aquello no daba ni para una cartera, ni siquiera para una petaca, como el cerdo, por ejemplo, tan similar en cuestión de piel (y de otras cosas); que todo lo más podía hacerme un monedero –“y luego a luego no sé para qué. Es que, tú fíjate, si parece de Hong Kong. Es que no parece ni piel. Ni siquiera humana”-, me sentenció con sorna. Y no era por su poca cantidad, porque, para pellejo, un político; sino por su clase. 

Al parecer, y eso yo no lo sabía, de las siete pieles que tienen para aguantar esos carrerones, se van desprendiendo por láminas, según interese y embaucar así a varias generaciones. Lo que se dice una hepidermis de tomo y lomo. O de siete tomos y un lomo: el nuestro.

jueves, 11 de mayo de 2023

Pobres

 

Los pobres han vuelto. No es que se hubieran ido (al campo, a la playa, a una casa rural, que es adonde suelen ir), sino que de nuevo se han instalado en la retina, en el meollo de la gente. Y no para bien. 

La primera vez de esta percepción perversa de los pobres fue tras la peste que asoló Inglaterra mediado el XVII -ahora es otra y tiene orejas-. Fue tal su aumento, que la rampante burguesía mercantil puritana los empezó a ver con recelo -o la sospecha como lógica social-, y su molestia los volvió inmorales, como un subproducto impropio, indeseable (y delator) de tal sociedad ideal. 

Y como el pobre pasó a ser también mendigo y vagabundo, el sentir medieval hasta ahí predominante, que los naturalizaba y veía como medio de redención, desapareció, y pasaron a ser lo peor. Un peligro desestabilizador. Hasta que la familia, la propiedad privada y el estado (y el sindicato) los reconvierte en clases subalternas, o lo que con sarcasmo otros llaman clase media baja. Y que la Onu y otros tinglados, con esos baremos que se gastan al medir a un noruego con un ruandés, al final ha acabado llamando nuevos pobres, o ricos que no llegan a fin de mes. 

Y quien más quien menos empieza a mirar al vecino como si fuera etíope, que es como un pobre mira a otro pobre. Y a los niños -que siempre son la última esperanza blanca de la clase media en vías de extinción- se les previene contra el pedigüeño, el pordiosero, el tirado, el sintecho, inculcándoles un pavor y una hostilidad que vienen del propio miedo de los padres: a tener también ese futuro. Siendo en ese temor, no a lo desconocido sino a lo posible, en lo que se sustenta el nuevo miedo al pobre, ese espejo no reconocido pero real y temible. Y que empieza a dominar las conductas. 

De ahí lo importante de la apariencia, el mensaje, comunicar que no eres pobre, aunque sí necesites algo del reparto, que es como esto funciona. Esa ambigüedad desambiguada al loro y con tiento, como pose vital. Algo así como las siete y media según Muñoz Seca, que el no llegar da dolor, pues indica que maltasas y eres del otro deudor, más ay de ti si te pasas. Si te pasas, ¡es peor!

viernes, 5 de mayo de 2023

Optimismo

 

Antes, cada cien años o así se acababa el mundo. Lo que pasa en este the end que nos toca vivir es que se acaba más aún. En 1923 había algo de inflación y un dólar valía 47.500 marcos. Aun así, la natalidad era alta -vamos, que la inflación seguía por la noche-. Aquí, en cambio, los nacimientos no cesan de caer. 

Pero es que, desde el covid, la mortalidad aumenta sin parar ante nuestras narices. Ya se sabe, en la España vaciada lo único que se llena son los cementerios. O sea, que no es que se acabe una época; es que nos morimos, pero físicamente. Que, bien mirado, no está mal. Que sigan otros. Pero es que ni eso. Porque lo que también está agotado es el sistema, el post 2ªGM, eso que llaman bienestar, socialdemocracia, acuerdo social u otras lindezas -y la gente se lo huele, y por eso sale en manadas a las playas-. 

Todo eso se ha esfumado, estamos en la prórroga, y las “nuevas” propuestas revitalizadoras son más blufs sacacuartos, frente a lo cual la única gran novedad de cambio de sistema es cierto reparto de migajas del acumulado (y la práctica del poliamor). 

Todo pues, nos remite a una pobreza, material, de ideas, de espíritu, de actitud, traumática, paralizante. Por eso todo lo que a los políticos se les ocurre son ocurrencias, palabrerías, bazofia manoseada, nada con gaseosa, promesas incumplidas de antemano, mojones con pinta de bizcocho, relatos para ir conteniendo al personal y controlarlo, sin soluciones, ni siquiera reformas, grandes pactos que, en una época que se nos va, podrían al menos dejarnos en la unidad de paliativos por un tiempo. 

Cosa que ya no interesa a esta gentualla perdida en su ignorancia, intereses y propaganda. Y lo que es peor: sin llover, esa otra muerte en forma de sequía, la que el régimen anterior se empeñaba en añadirle un orden moral, el de obstinada y terca, con la palabra pertinaz, y que hoy ha cambiado a persistente, que se mantiene, sin más. Ni menos. Porque esa es la muerte definitiva, la ambiental, la del planeta. La que viene junto a las descritas a poner su epitafio. Y que los políticos, como con todas, no sacarán más que votos…que llevarse a la tumba.

jueves, 27 de abril de 2023

Herederos

La campaña, ese mariachi que recorre España, está dejando claro desde la misma  presentación de las listas, que la política no solo es un buen oficio, sino que los buenos oficios se siguen heredando. Como antaño, cuando se veía un buen comienzo (que además podías heredar) ser escribano, recaudador, procurador, funcionario chollista o palanganero de pro. 

Disponer de eso era una oferta que no podías rechazar. Más que si tu padre era churrero, zapatero (no ZP, eh) o cuchillero, a los que continuabas por no haber más remedio. Luego vino el desarrollismo, que es como se llamó, con ese rechazo tan medieval clerical nuestro, al capitalismo cuando hizo su aparición estelar, y los hijos de pelliqueros, los encofradores o braceros, que con tal escuela, más que afrontar la vida, lo que hacían era aprender a morir, renunciaron y cogieron oficios varios. 

Tal era la fiebre por tomar oficio, que uno que conozco renunció a una colocación en Telefónica porque aquello no era ningún oficio, y se metió a mecánico. 

Pero todo vuelve, y las ocupaciones heredadas también. Por no tener, literalmente, nada mejor que hacer. Se empezó al emular labores de cierta honrilla de un padre poeta, pintor o torero, del artisteo, mostrando la suficiente sobra de tiempo y hambre para ser alguien y subirse al candelabro.

 Pero con la crisis la pose se amplió a cualquier clavo ardiente familiar al que agarrarse, con o sin vocación, y se profesionalizó convirtiendo en alimenticio eso que dicen “se lleva dentro”, o “se mama”. Y que en la política llega al extremo (del mamoneo), y como no tengas un progenitor de este auténtico nuevo gremio, no entras en una lista ni haciendo la carrera en unas juventudes, con un master de una Ong y prácticas de okupa o cien manifestaciones certificadas.

 Porque en este nuevo mundo escaso, precario y postneoliberal, lo que cuenta es el gremio, un apellido que garantice tu ideología, que ahora por lo visto se transmite por sangre -qué risa-, como la letra (¿las del Tesoro?) y jurar por tu abuelo represaliado -de lo que sea- que lo vas a dar todo. Y trincar lo posible. Para eso son los nuevos herederos. Y los gremios. 

jueves, 20 de abril de 2023

El Eroticón

Como no se me alcanza eso que llaman erótica del poder -y de la otra es que ya ni me acuerdo-, mi onanismo más socorrido últimamente es imaginar a Sánchez frente al espejo, ese fetiche que para cualquier narcisista es además su oráculo del mundo, a lo madrastra de Blancanieves -¿qué otra cosa si no es para un mortal un gobernante?-, tararear a modo de pregunta y en vez del “espejto, espejito”, como dirigiéndose a su público, insinuante, con ese tono impostado que ponen los asesinos cuando quieren camelarse el instinto de amamantar infantes y otras fieras de esa madre descarriada o de esa abuela/o, que es lo mismo, que él sabe siempre hay más allá de la pantalla:

 Ahora te debes callar y vas a saborear el exquisito manjar que pongo en tu boca. 

Y me imagino una sonrisa lobuna, nada acorde con el ministerio de Igualdad. Pero igual da. Prosigue: 

Sé que me harás disfrutar, que te vas a esmerar, como siempre lo harás, muy bien, muy bien. 

Leve pasito y meneíto de cadera. Ahí está. Bordándolo. Se gusta. Y sigue con el estribillo de esa canción pegada a su hipotálamo como una lapa en plena adolescencia: 


Pero cariño no pares, tú sigue y no pares, que Dios te lo pague, que lo haces muy bien. 

Y ahí mira fijo al espejo. Penetrante, regocijado, seguro de su seducción, sabiendo que todo ese público que está detrás del mercurio (a esas horas ya derretido) del espejo frente a él -o ella, si lo vemos como alter ego de la reina Grimhilde del cuento que tan fielmente representa- le hará lo que le pide, esa manola electoral para hacerlo imperecedero otro cuatrienio, porque él lo vale y lo hace muy bien. Y lo repite:

 Lo estás haciendo muy bien, muy bien. 

Y es tanta su empatía consigo mismo que entre los retortijones de gozo que empieza a sentir, parece oír en el eco de su voz, a miles, millones, a todas esas bocas prestas a masajearle -el medio es el masaje, decía McLuhan- lo que les ponga en ellas, o en sus pequeñas cuentas corrientes, o aunque solo sea en sus retinas ese su contoneante paseíllo olímpico ante las cámaras: ¡Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien!. 

Y los que ponen la boca, ni te cuento. 

jueves, 13 de abril de 2023

Nueva era

 

Hay mujeres que al fin van hallando el sentido de la vida, o al menos vislumbrando su destino. Básicamente se trata de una manera, no de ser, sino de estar en el mundo, que es lo que nos define hoy, la duda de ser frente a la certidumbre de que al menos, estamos. Estar pues, es importante. 

De ahí las estrategias y las herramientas para acometer el día a día, esencia misma del estar, algunas de las cuales se andan generalizando. Así, esa mujer más bien joven, armada de móvil, cigarrillo y perro, lista para desarrollar sus potencias libremente a través de ese ir por la vida, ese estar. 

Porque, lejos de lo que se piensa, que con tal proceder en realidad se emula y se siguen los pasos que una vez dieron los hombres (de móvil, cigarrillo y perro) para demostrar sus posibles y posición a través de su ociosidad, en el caso de la mujer así tridimensionada, se trata de mostrar directamente su empoderamiento, su aquí estoy yo, ¿pasa algo?, no como algo vicario de su nuevo estatus, sino como parte inequívoca de él, entre lo natural y el reto. 

Para comprobarlo sólo hay que fijarse en el uso del tercer adminículo -aunque no por ese orden de importancia-, o sea, el perro, al cual, entre otros cuidados, públicos o privados, se dedican a conminar muy seriamente y de manera pedagógica, seria pero afectiva, cada vez que se pone a ladrar a otros seres de su conditio -sine qua non son tales seres-, con admoniciones sobre la mala educación del ladrido, impartiéndole una nueva moral de cómo han de comportarse en el nuevo mundo del que van tomando posesión, igual que Erasmo de Roterdam dictaba su preceptiva al hombre nuevo que se adueñaba de la Edad Moderna. 

Y no lo hacen, como burdamente se dice, por instinto maternal frustrado o derivado hacia ellos, pues la cultura (o género) está suplantando a la biología (o sexo), y el ansia de reproducción es perfectamente prescindible. Lo hacen por ser las nuevas personas que van tomando forma precisamente en su era, la del feminismo. Por ser compañeros de viaje. Como el móvil. O el satisfyer. Y qué menos que educar a quien te acompaña hacia la victoria, el éxito, o el orgasmo.

jueves, 6 de abril de 2023

Depauperados

Lo malo de vivir en plena era del cinismo y el desahogo es que te vuelve insensible ante cosas de sumo interés y hasta divertidas. El otro día uno del FMI advertía que corren malos tiempos para los viejos. Una perogrullada, habida cuenta de que un mayor es “aquel al que se le pasaron los buenos tiempos”. 

Y explicó que, con su manía de ahorrar para el mañana, se lo iban a dejar todo a la inflación -el buen hombre no contaba con hacienda, los hijos o las funerarias-. “Y no quiero señalar”, podría haber dicho a lo Gila -del cual se notaba que era fan; pues el Fondo tendrá sus videos completos y más de uno se los estudiará al dedillo para dar sus informes-, y no nos recordó, qué detalle, los 43.000 kilos depositados en los bancos de C-LM, por viejos mayormente, y de pueblo. La España vacía. Ricos atrapados en la boina de un pobre.

 Pero se ve que estaba de buenas, y que eso solo era el aperitivo del show que practican esos hijos de perra, con sus salidas a escena para alegrarnos el día, o eso creen. Y ahí, echó el chiste principal: que los que menos sufrirán la ruina actual y la evaporación de la liquidez son los jóvenes. ¿Porqué? Porque ellos ya habían alcanzado el reino de los cielos ideal al quedarse en el estado gaseoso propio de la época, que en economía se traduce en que ni tengo ni debo. Y si debo, no tengo. 

Lo que inhabilita hasta la ley de Gay Lussac, pues a mayor presión de un gas ya no sube la temperatura. Ni viceversa, pues solo te la suda, ya que has pasado a ese tercer grado que es ser pobre de solemnidad, o como ahora se dice, persona vulnerable, pues ya no hay pobres, ni explotados ni oprimidos. Solo malos sinónimos posmodernos de frágiles, débiles o desvalidos. Simples grados de la depauperación, esa clave de nuestro tiempo, limbo (o sudario talla única) al que va a parar quien tiene y quien no. 

Le faltó decir al gachó que lo único que podían perder los jóvenes ya eran sus cadenas (no especificó si la de la moto o la del perro). Pero eso hubiera sido aún peor, pues le habría pisado el discurso a la Yoli, la última esperanza blanca. Y eso nunca. Al menos esta va de peluquería. 

Reciclaje

Si, lo de la Yoli es un Remix; pero es que lo de Podemos es poco más que un mariachi. 

jueves, 30 de marzo de 2023

Subrogación

 

Yo tenía que hablar de Ana Obregón. Es más, yo quería hablar de Ana Obregón. Pero mi vientre no me deja. Ayer se lo alquilé a un cocido de tres vuelcos -cuatro con el mío- y me encuentro imposibilitado, subrogado, a pique de echar los papeles de la dependencia -es lo que tiene la España vaciada de arraigo identitario-, incapaz de algo que no sea soñar con nubes de Alka Seltzer, pues hay que soñar a lo grande mientras te tomas una gaseosa El Vesubio -las de El tigre las dejé, por ser muy fuertes, traidora sugestión-. 

Cuanto ni más, meterme en camisas subrogadas de preñez por poderes, parir en diferido, como diría la Cospe. No. Yo, la escatología, la ontología y la ornitología se las dejo al ministerio de igualdad, y hoy el cuerpo, que es quien al cabo, o más bien desde su mitad hasta el cabo, decide sobre los más altos menesteres, me pide acordarme de algo tan estrafalario y absurdo como los mojes con fumeque -así llamaban siglos atrás a las pachangas con un solo portero-, o sea, patear el balón mientras nos fumábamos algún que otro pitillo. 

Y lo juro por Amancio, fumar jugando al fútbol, o al revés, no es que sea un placer genial, sensual, es que es un dos en uno. Superior incluso al famoso cigarrillo de después, que es por lo que más de uno se metió a donjuán: para poder fumar, y con razón. Aunque quizás todo esto sean delirios muy a toro pasado, cuando ya no practicas ninguno de esos tres deportes, y todo queda reducido al pleonasmo en pantalla grande del recuerdo desvirtuado. 

Pero algo habrá de cierto en esta conjetura escafoide tipo conjunción planetaria, pues siempre ha habido y hay deportistas profesionales, ejemplo máximo del culto a la salud que no solo fuman fuera sino también dentro del campo. Casi tantos como gais. Solo que, en virtud de los tiempos, ahora unos lo camuflan más (en forma de chutes de nicotina, sin humo), y otros se ocultan menos. 

Y es que, será una boutade, pero fumar jugando al fútbol haciendo de la vida un deporte de riesgo (y vivir para contarlo) te subroga cierto placer de haber vivido, aunque solo sea en la memoria, al cabo lo único que queda, y no siempre.

jueves, 23 de marzo de 2023

Para qué

 Dicen que un 7,5% de nuestros jóvenes están deprimidos. Pero verlos es difícil. Un joven deprimido se diferencia de otro que no, por ejemplo en que, ante una proposición sexual, el primero contesta “para qué”, y el segundo “cuándo” (y ello sin renunciar ninguno al cheque cultural, algo escamante). 

Un “cómo” nos hablaría más bien de inquietudes y posturas para pensarse si no tienes un seguro privado, y un “dónde” da que pensar en algún prurito o liebre sospechosa del partner potencial, y un “por qué” te señala más que a un agente de seguros ahíto por llegar al cupo mensual. Así pues el “para qué” sería la clave de esta diagnosis psicosocial digamos cutrefacta de boquimanga. Y no es de ahora. 

Ya Kant, nada más montar su chiringuito (y empezar a vender su Kantueso racionalista) estableció que una cosa es la cosa en sí -en nuestro caso el sexo-, incognoscible, y otra la cosa para sí, que ya sería imposible, por tanto. Que por cierto es lo mismo que se hace en nuestra cultura de masas, que les presentan a Taylor Swift -o a mi quinta a Susana Estrada-, pero de catarla, nada. Total, un puro pajillerismo. Y lo mismo Hegel, que heredó el chiringuito, solo que él decía “para nosotros”. 

Y en esto llegó Lenin, sí, como suena, diciendo que ya estaba bien de renunciar a renunciar a entender -ay, si lo supieran en Chueca- y que lo que había que hacer es hacer la cosa inteligible a base de hacerse con ella, para mí, para nosotros o pa ti y pa mí, o lo que fuera. Que es lo que hace la mayoría del personal, sin conocer ni a Kant ni a Lenin. Menos ese 7,5%, que, con tanta racionalización, desarrollo emocional y superproducción de todo como hay en esta parte del mundo concebida como una inmensa guardería extraprotegida y de autocontrol, ven disminuir tanto las pocas expectativas de llegar siquiera a identificar la cosa en sí, léase su vida, que trascenderla, “para sí”, simplemente les es imposible. 

Y se deprimen. Con razón, o sin ella. Aunque algo más de rebeldía no les vendría mal.  El problema es que el mundo reaccionario contra el que ir está teñido de progresismo. Y eso es pecado. Así que, a deprimirse tocan.

Feijoy en su laberinto.

 La moción de censura ha puesto de manifiesto una vez más el viejo adagio francés “los ausentes nunca llevan razón”. Aunque la razón también se ha demostrado superflua para llegar a gobernar. Vamos, que ni se sabe.

viernes, 17 de marzo de 2023

Escarcha

 


El aguachirle

Pablo Iglesias, que ha resultado el más pillín de la nueva ola de barandas, como es de letras se sabe al dedillo (y si no, se lo inventa) lo que Kruchev le espetó a Molotov -sí, el coctelero, pero no colega de Chicote- el día que se diputaron la herencia de Stalin: que las matemáticas no sirven en política. Lo cual, en versión pablista se traduce en lo que insiste en recordar al respetable podemita -es un decir-: que Sumar resta. Que cuanti más, menos, y que menos es más. Alta matemática.

 El problema es que la clac no sabe si la Yoli es un Kruchev con peluca rubia de bote o si Pablito va de barman autor de daiquiris del terreno, pero en realidad no sale del calimocho. Y es un lío. Incluso para Sánchez, pues ni con ellos ni sin ellos tienen sus penas remedio. Y la prensa no ayuda. Así G.Page, que de tanto sacarlo en las portadas se ha lanzado, dándolo todo, y amenaza con generar cientos de miles de puestos de trabajo aquí, en la España vaciada. Que vamos a tener que trabajar los pensionistas, pues van a faltar brazos, por no hablar de otros miembros (incluso del partido). 

Aunque lo primero que tendrá que hacer es refrenar al alcalde, que sale todos los días en plan McGyver haciendo de geyperman o de playmóvil, acaparando ocupaciones, y eso no es. Que deje algo para los parados, para que puedan batallar con la inflación, que en la región resulta ser la interanual más alta de todo el país. Que por récords no va a ser. Ni por hospitales. Ni por primeras piedras. Ni por lo juro por mis niños. 

Y es que los políticos lo quieren todo, en campaña y antes. Como esas miembras de Vox, tan renegonas y quejicas de la falta de democracia en su partido. Que es atonizante -es que atonitan, tú-, cuando no atocinante. No por la candidez, sino por la falta de profesionalidad y competencia. Pero hijas mías, ¿adónde va a ir ningún partido que tenga democracia interna con la partitocracia corrupia y salvaje reinante? 

Y es que no están puestas en fútbol. Si no, sabrían que con la democracia rige lo que Luis Aragonés dijo del fútbol: esto es un negocio, y el que quiera futbol que se vaya a ver a los juveniles. Pues eso. ¡Visca el Barça! (Por ejemplo). 

martes, 14 de marzo de 2023

jueves, 9 de marzo de 2023

Himnos

 El feminismo, que va camino de ser tan múltiple como las opiniones, o los culos, tiene también muchos himnos. Es lo bueno de poder elegir. Hubo un tiempo en que había que conformarse con, o seguir a las sufragistas, aquellas burguesas aspirantes al mismo estatus que sus esposos, o, todo lo más, hacer de coro de los propios maridos al cantar La Internacional, un hit para nada enrollado ni molón. 

Por eso cuando el feminismo despega de verdad, invadiendo la vida cotidiana, que es cuando las mujeres se empoderan llenando las fábricas en USA con la guerra, manteniendo el país  (y no a partir de la revolución, como quería Clara Zetkin, la propulsora ya en 1911 del Día de la Mujer, eso que muchos creen recién inventado), los himnos no pueden ser nada heroicos, pretenciosos ni pomposos, sino de la calle, o sea de la cultura popular, la subcultura que llaman algunos, incluso underground, que entonces y allí era la música negra, esa mezcla de plegaria espiritual pasada por la piedra de la mala vida del gueto, a medio camino entre la iglesia y la casa de putas, en la que se funden la pena y los sueños, y que es lo nuevo, la vanguardia de la expresión estética que ayuda a identificarse en sentimientos compartidos. 


Algo que, con las modas, y el consumo -ese factor tan maltratado pero tan importante para el feminismo- ha ido cambiando, y a unas les gusta Lady Gaga y a otras Rozalén. Pero si un himno permanece, y con todo su delirio e incluso sinrazón, es Respect, de Aretha Franklin

La causa, además de la trascendencia de esa música en un momento (el de la defensa más radical de los derechos de los negros), está en el descaro y la desfachatez con que se le dio la vuelta a la versión original de Otis Reding, simplonamente machista y patriarcal, con un mensaje feminista, algo condescendiente y maternal, que trata al hombre como un mantenido, y que caló más allá de un ambiente en que era más propio, y que hoy define ese casi supremacismo que empieza a teñir las relaciones. 

Y ahí sigue, en las estanterías de la educación sentimental femenina. Su letra deja mucho que desear. Pero, quién sabe inglés, ni falta que hace.

Más faena

 Me lo dijo un chalado (o algo más que yo) el otro día: Toda la vida huyendo del machismo, y ahora vamos a tener que huir del feminismo.

sábado, 4 de marzo de 2023

Los Titus de marzo

Aunque no lo parezca hay socialistas -Patxi, antes Pachi, López ha dicho que conoce unos cuantos, pero qué más da- muy mirados con las tradiciones cristianas, incluso si son de origen pagano y aunque (en última instancia, ya que siempre hay algún fondo tonto por ahí) haya que pagar a escote, o por escote. 

Como esa cuadrilla, partida o cofradía gastroérótica asociada a un tal Tito -nada que ver con el de Verano azul-, que se iba de picos pardos (y polvos varios) con “muchachas” -muyayas, en canario- a costa de dinero dudoso. Y claro, en un país donde la vianda se va volviendo prohibitiva, los están crucificando como si…, a ver, como si hubieran matado un perro, por ejemplo. 

Y eso que, siendo justos, han cumplido escrupulosamente con toda la preceptiva de rigor, que exige que la cosa carnal se consuma antes de la Cuaresma. Que es lo que han hecho. Nada que objetar, pues. Si acaso, el saltarse la norma, no escrita, por otra parte, de no desprecintar el salchichón -los que aún hagan matanza- antes de Jueveslardero. 

Y los presuntos -me refiero a los señalados, no al pernil curado al humo, que no consta si probaron ni en qué fechas-, lo que viene siendo el salchichón, lo tenían en modo epifanía hacía tiempo. Lo cual tampoco es que sea pecado; todo lo más, un poco de agonía. Y otra cosa en su descargo: lo han hecho antes del 8-M. 

Que es por lo que me parece excesivo, y hasta inadecuado, sacar el tema (que aquí vaya si lo hay) o el asunto, si quieres, en pleno carnaval, que ya se sabe que hay bula, de gula y si me apuras, de lujuria. Como si se hubieran jartao de secreto ibérico (un buen título para este thriller). Vamos, como si se hubieran saltado la cuaresma, cuando no es así. E igual, para cumplir aún más con lo ordenado, mantenían la vigilia los viernes. Porque lo que es pescado, había. 

Así es que no sé a qué viene tanta repulsión en la boca de los compañeros ministros de esa panda de vividores, como si los hubieran visto comerse un arroz con gato, que es ilegal (las putas, no). Y más, estando en su mano la solución y el castigo a tanta “maldad”. Pero igual puede más la hipocresía. Y la partitocracia. 

miércoles, 1 de marzo de 2023

8-M

Se nos rompió el satisfyer de tanto usarlo…, y ahora no encuentro la garantía. 

viernes, 24 de febrero de 2023

Mascaradas

 El carnaval era esa cosa de que el cuerpo social, embozado en el disfraz (y empapado en alcohol), se convertía en una masa abigarrada de individuos indistinguibles para romper una vez al año las ataduras del sexo, de la muerte, de los usos sociales, perpetrando un palo a su guardián, el poder. Vestidos para subvertir. Pero todo eso acabó. 

La muerte es demasiado tabú, el sexo y la droga están por todas partes, y anestesiados los impulsos por la falsa democratización, la transgresión ha quedado relegada a los sentidos más voraces, la vista y el oído: es audiovisual. Solo que hay que tener mucha imaginación para verla en alguien disfrazado de botella de anís del Mono. 

En cuanto a lo oral, la sátira, lo que se lleva es la apología coplera de las leyes del Sísí, Trans y Animal (la trilogía Animaltransísí), cuando lo suyo sería machacarlas, siquiera por un día, como expresión que son de las nuevas prácticas del poder. 

Y es que el carnaval, cuando volvió, allá por los 80, ya venía tocado, sin más ganas de gresca que el rupturismo estético a partir del estilismo y lo fashion (como la famosa Movida), hacia lo cual ha derivado totalmente en una sociedad superficial, teatral y polifacética que obliga a desarrollar una personalidad emoticónica cambiante y visible solo para sobrevivir.

 Domesticado además por esa corrección política que ha elevado a valores el chaqueterismo, la mascarada y la pose, aprovechados por el poder para hacerse cercano, próximo, nuestro, ji, ji, el carnaval se ha vuelto algo turístico, irrelevante, inane, que ya no puede competir con la carnavalada atómicobélicomachiálfica de Putin, reservista espiritual de Europa; o la aparición un día antes de San Biden, Niño de Kiev, para hacer ambiente; o la chirigota inicial de Borrell, uno de los mayores blanditos robaperas chunguiprófugos del Psoe, aspirante a héroe de despacho con medalla al mérito epicúreo, llamando a la guerra en plan Miliko Súbito (o Milikito) sin bajarse del Audi. (Lo de Sánchez es cosa aparte: ese es el Rey Momo).

 Un carnaval, en suma, que es otra máscara, como todo. Menos la guerra, la única verdad que ya quisiéramos mentira.

jueves, 16 de febrero de 2023

Mona y circo

La política se lumpenizó el día en que pasó a ser la quinta columna del fraude, la mentira, la intolerancia y otras prendas impagables como asesinas del contrato social: servir al soberano, el pueblo, por un módico precio. 

Y va a más, con el lumpen mismo como actor al alza en la nube de tordos rapiñante del biotipo político. Y no son los desarrapados, groseros y zafios de Viridiana, la parábola buñuelesca de lo más bajuno del humano arramblando con sus más altas miras, sino gente “normal”, asentada y hasta fashion. 

Solo que hoy, según el tango, “es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, generoso, estafador, no hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao”. Versión coplera de la propia evolución del lumpen, que si empezó siendo lo más rezagado del proletariado y una verdadera tara, ahora se parece más a esa gente bien recién llegada, acomodaticia, transfuguista por vocación, con principios muy marxistas (pero de Groucho) y siempre en el mercado con su tenderete, tratando de vender su nuevo paño de postín. 

¿Bautizando o enterrando?
Una cosa muy normal aquí, con tanto lumpenproletario como ha llegado a clase media –para acabar casi necesariamente en la clase media lumpen-, impregnándolo todo con sus tics, tanto de antes de reconvertirse como de sobrevenidos (pequeños) nuevos ricos en medio de la miseria galopante. 

De ahí lo difícil de identificarlos, si no fuera por sus actos, tan típicos del frustrado mirón de escaparates que luego delira con alicatar hasta la perrera, y si es con dinero público (y nunca hubo tanto), tirar de veta en chabacanerías, farolas y céspedes, primeras piedras, obras versallescas ruinosas a futuro y otras inutilidades para la galería, y lo demás, en rastrojo.

 Esa es la política más en voga, la ansiosa de hambrones nunca ahítos de pasteles cuando tocaba, tan conceptualmente lumpen y tan barroca, aluvial y parasitada por los sin oficio ni beneficio y los que no conocen otra teta desde niños, y creen que todo es gratis, cuyo sueño es repartir monas en Jueveslardero montando el circo.

 A su lado, Felipe Juan Froilán es un hombre de provecho, porque, no serán lumpen en sí mismos, pero, como diría José Mota, ser, son. 

jueves, 9 de febrero de 2023

Cagaleos

 

Digan lo que digan, que diría Raphael, lo del gobierno Frankenstein no es nuevo, pues el socialismo –estos son niñatos con buena cartera- siempre fue el arte de uncir minorías a una locomotora, antes el proletariado y ahora las mujeres, bajo la premisa de que la historia y la razón, el nuevo Dios desde Diderot (“no seremos libres hasta que el último rey sea ahorcado con las tripas del último cura”), estaban de su parte. 

 El problema es que las minorías crecen en un mundo que el poder quiere atomizado, para manejarlo, y el progresismo llama plural para justificar el menú de mierda que hay que tragar. Pero, entre el cambio climático, el vaciado territorial, la despoblación, la concentración y la migración (y el estancamiento distante entre todos, me temo), y con tanta postverdad, o sea derecho de todo quisque a llevar “su” razón, a base de fakes o lo que sea, pues la red y el móvil sobrevivirán, lo que está garantizado es tal minoritarismo, tal fragmentación y pifostio, que para cuadrar intereses no bastará con unas políticas a la carta más larga que de aquí a Lima. 

Ahí quiero yo ver leyes como la del “Sísí”, que de ser una ley llevadera y casable con una educación al respecto, que es lo que de verdad resultaría, ahora será más punitiva y mucho más disuasoria y temible, como si la sociedad la hubiera rechazado en su contra, y que dará alas a sus contrarios. 

Otra cosa es no tragarse los dislates monteriles de que hay que caer rendidos a la ley como una revelación, por deslumbrante; o que “protege a todas, denuncien o no”. Pues si ya hay minorías (y no pequeñas) sin denuncias, en esa alianza de las civilizaciones a todas luces fallida que nos cacarean, ¿cómo casar una ley para todos igual con una realidad superminoritaria y multicultural con plenos derechos? 

¿Con una policía sexual tipo saudí con capacidad para vigilar, invadir y extraer el asunto sexual (para muchos algo inviolable que la ley misma protege, y para otros algo sagrado por religioso) para exponerlo y tratarlo ecualizado con el resto, ignorando sus circunstancias? 

Y es que, si el futuro ya es incierto, las políticas erráticas de hoy, más.    

 

viernes, 3 de febrero de 2023

Cigüeñas

 Conforme las españolas/es van dejando de parir, el número de cigüeñas no deja de aumentar por nuestros pagos, aunque hayan pasado de temporeras a ser fijas discontinuas, que es lo que se lleva en los gremios, y que en realidad es lo mismo. 

Es así que, al estar fallando los encargos más que el Ogino, estas repartidoras de buena esperanza, que diría una abuelita cursi, han devenido paqueteras en paro intermitente, y al calor del cambio climático han acabado por instalarse acá, en los destríos,  comistrajeando basuras, como todo quisque, por otra parte, y, ya puestos, reproducirse. El ministerio del Interior, pues, ha sido derrotado por el efecto invernadero, y las cigüeñas, consideradas ya migrantes con derecho a cocina, van perdiendo su carácter nómada al naturalizarse como blancas residentes eventuales sin papeles (BRESP). Bien. 

El daño colateral de esto es la pérdida de funciones de san Blas, especialmente la de hacer de introductor de embajadores, ellas, y más que de la primavera, de sus preparativos, anticipándose así a Becquer y sus golondrinas, a búhos, mirlos, marmotas, morciguillos y otros bichos de agüero regular y peor leche. 

Lo cual es todo un boicot al patrón de los otorrinos –aunque, al paso que lleva la sanidad, en vez de a ellos, nos van a mandar al ornitorrinco-. Pero solo uno más, pues son muchos los agravios y recortes con los que ha de bregar para mantenerse vigente y permanecer en el almario, que un santo sin nada que proteger es casi peor que un ministro sin nada que hacer (véase Garzón). 

Desde los quintos del año (sustituidos por el cubo de quintos, que no hay quinto malo), a los que se obsequiaba con sus migas y rosquillas –por si era las únicas que algunos se comían-, a los faringíticos, amigdalíticos, aquejados de garrotillo y agarganchados en general –gargantas profundas no-, por los que velaba antes de la hipervacunación, como gran primer romero del año -san Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito (en singular)-. 

Pero lo que es las cigüeñas, están. Y tras los matachines o la corrida de la bandera (de Balazote, no de Cibeles), aparecerán. Es lo suyo. Por san Blas…