Cobra fuerza la idea de que la democracia tiene los días contados, que pronto engrosará la lista de especies en extinción del planeta. Y como síntomas de esta debacle jurásica se exponen ejemplos de tan distintos biotipos políticos, como la estrafalaria deriva dictatorial de Trump (y sus dudas electorales), la enconada erosión democrática del rechazo electoral de Sánchez, o el descarado y fulminante fin de la democracia impuesto en Nicaragua por Ortega, y el que quiera votar, que se largue a Suiza (je,je).
Hace 30 años, todo eso era impensable, y al mismo verlo, se habría desatado una beligerancia importante. Hoy, no pasa nada. Lo cual es el gran síntoma de que algo está pasando. Y en más de uno aflora ese sentir de que, los sitios de donde vengo empiezan a desmoronarse.
En cambio, en los que no vienen de ninguno, y solo van, no supone mayor problema; ya llegarán. El futuro se acepta mejor según viene para quien no tiene pasado. ¿Son ellos, pues, el problema? ¿O, según ellos, los viejos?
En todo caso, es un hecho que las elecciones están sobrevaloradas. No hay más que ver la miseria alcanzada (partiendo de la más absoluta miseria). Aunque también lo es que, a partir de ahí, se empiece a minusvalorar, si no a despreciar, la democracia, aceptando que sea esa cosa estereotipada que nos hacen tragar a lo pavo. Ya que no hay democracia -ni cocina, ni amor, ni clima, ni cine, ni vida- como la ya pasada.
Para mí, el periodo más democrático vivido va de 1978 a 1984, cuando el Psoe empieza a hacer de las suyas. Y la percepción era de gran insatisfacción. Quizá porque había mili, no había divorcio, o atención médica universal. Esas cosas con las que se mide la democracia, comparándola con otros sitios, y que no están nada claras.
Si así fuera, los jóvenes, que lo tienen todo -¿o es que alguien cree que
nosotros veníamos de fábrica con trabajo y casa puesta?- deberían de estar más
satisfechos con el sistema. O quizá lo estén y piensen que un ajuste fino -terrorífico
para tantos mayores- lo hará más democrático. Y si, al final, no resulta
democrático, pues tampoco pasa nada. Al fin y al cabo, es algo que se verá
dentro de mucho.
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