Preámbulo
para inadvertidos
(Prólogo del
propio autor aparecido en una edición pirata de un cómic con supuesto guion
suyo, que por lo gratuito, expresivo y a mano es el más utilizado)
Siempre me he
considerado un científico antes que un hombre de letras. Lo que quiere decir
que no tengo palabras, y las que tengo las emplearé para auto denigrarme. ¿Por
qué? Porque soy un zape, un pobre desgraciado.
Esto, dicho así
por alguien que se autoproclama servil para una sociedad que lo considera el
mayor de sus engendros, puede resultar cínico. Que si mis padres vieran en lo
que me he convertido, ya no venderían su par de mulas para poder matricularme
en la facultad de Ciencias y ser algo en la vida, sino que me uncirían a la
yunta como otro acémila más, aún a sabiendas de que entre ellas sería como un
tercero en discordia. Después de todo, su conocimiento sobre mí es superior al
mío propio, aunque inferior a mi desconocimiento de los demás, y así
sucesivamente. Por eso me metí a farandulero y escribí de lo que no sabía,
echando mano de mi fantasía para expresar mi pulsación científica. Y así me
fue.