Acudían a la ciudad
regazo a renovar la dicha de sentirse en sus brazos, serenamente alegres, no
muy en sus cabales por el carácter de su negocio, que era divertirse en el
mucho balumbo de su fiesta, y en ella embracilados, se unían al balamío.
Muchos, venían con la aniaga en zaquiles o costales, y había quien, viniendo en carro, traía medio serón de melones y escriños con cosas de horno, aunque no fuera menester, tonterías, más que nada para que el pisto con pollo del hospedero, hermano, primo o sobrino, no pareciera tan socorrido y también para no quedar como un esquilahuevos y luego no fueran por todo el pueblo pregonándote de ranra, pues si la feria era argumentalmente un tiovivo, no había que tomarlo tan al pie de la letra, coño.
Naturalmente, esto
era en tiempos en que el mundo era una hospedería recíproca, cosa que
materialmente ya no puede ser: hoy te acude un alguien a tu domicilio con un
pollo de esos con plumas para matarlo y desplumarlo y se acaba la parentela. Si
en vez de pollo es un conejo vivo, hacen como que no te conocen y llaman a la
policía de proximidad, que para eso está. Para vender cara la pellica, supongo.
Pero aquello eran huéspedes, gentes que con un porzuño de entre gordo y magro y
media redoma aguantaban relojeando los puestos de chiches más allá de una hora
políticamente correcta, que a ratos parecía que estaban asistiendo a algún alumbrado
yacente en una saca en el suelo: y es que aún estaban tratando con el feriante,
que se había echado allí mismo a dar la cabezada, rendido por su tesón.
Huéspedes con temple,
ya digo. Parejos y tostoneros como sus medios de tracción animal, pero de una.
A los de ahora les va
más el farusteo, entre otras cosas porque son mayormente políticos foráneos que
se apuntan a este dulce bombardeo –o salado, según– y son más previsibles al funcionar más como
measalves laicos, que no tienen hartura ni con una barrera para El Juli, ni los
arreglas con una vuelta al redondel, ramaleando sobre el gachapero de gambas,
quisquillas y camarones de sus plazuelas, que se gastan menos que un chupachups
de plástico.
Y como no hay donde
aparcar y todo es a pata, en seguida hay que echarles los mansos, a ellos, que
si lo fueran de corazón, no vendrían a tenernos de morilleros llevándolos como
quien dice a la silleta de la reina, que si comen de pie no es por no dar la
nota ni por departir con el electorado, como algunos se creen, sino porque les
entre más, ingiriendo a recalcamaza y sin atisbos de regomeyo, que el Dios que
los sopesca después, que es por lo que se dice que los políticos en Feria es
cuando más arromanan, entre racaneo y racaneo. Si les gustan hasta nuestras
migas ruleras....
Y es que lo de los
primos poco ha cambiado (bueno, lo que es primos, primos, siempre son los
mismos). Aunque a mí, los que de verdad me chocan son esos zaramingos con terno
de Zara que se traen algunos, siguiéndoles a todas partes armados de móvil y
gafa de marca a una distancia lo bastante prudencial como para que no les
aticen con las almejas. Se llevarán lo suyo, digo yo, pero no sé qué pintan
porque no son ni huéspedes, sino salvahuéspedes, una figura redundante y por
demás que tendrían que descartar al venir a la tierra más terrestre según
Alcántara, que es la salvahuéspedes por excelencia aunque algunas ilustrísimas
no se lo merezcan. ¿Qué puede pasar, que
les tiren un centollo? Se lo comen y ya está. ¿Qué puede ocurrir, que les
lancen un coctel? Seguro que se lo beben. Si aquí, hasta atacando somos hospitalarios.
Quizá sea porque aún nos queda algo de huéspedes. Que aproveche.
Prontuario léxico:
1.–embracilados, llevados en brazos.
2.–balamío, la que arman los ovinos en rebaño desaguisado.
3.–aniaga, comida del día de la gente del campo.
4.–zaquil, saquito típico manchego de tela.
5.–serón, capazo bajo de esparto para cargar cosas de peso.
6.–esquilahuevos, rata arañante ahorrador a más no poder.
7.–ranra, jeta que no se paga nada ni a tiros.
8.–porzuño, tosco trozo de comida, mayormente de carne.
9.–relojeando, mirarlo todo con ansia y avaricia.
10.–tostoneros, jodones, porculeros.
11.–farusteo, holgazanería zascandil sin mucho fuste.
12.–ramaleando, tirar del ramal de alguna bestia.
13.–gachapero, barrillo purulento formado en el suelo por los desperdicios de celebración masiva. Originalmente, barro aguateado por efecto del pisoteo del ganado tras la lluvia en los corrales.
14.–morilleros, que van de ayudantes como porteadores de otros, mayormente señoritos.
15.–recalcamaza, comerse hasta los gusanitos.
16.–regomeyo, así como un ligero (pero muy ligero) afán de contrición.
17.–sopesca, sopesa.
18.–arromanan, pesan, a ojo, en vivo o en canal.
19.–ruleras, migas hechas con migas de pan, ajo, aceite, acompañadas de pepino o uva.
20.–zaramingos, zagales creciditos y folloneros.
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