El lenguaje, o sea la
cultura, puede parecer vivir civilizaciones distintas. Así, en Japón uno de los
caballos de batalla del empoderamiento femenino se apoya, tal cual, en no llevar
tacones en muchos centros de trabajo, una costumbre de cuando la
occidentalización por decreto, devenida ley en la etapa de ocupación gringa,
casi como gesto de sumisión.
Aquí, sin embargo, llevar tacones y cuanti más,
mejor, es visto como signo agresivo de emancipación, y hasta como algo sexy, según
los fetiches y tontunas con los que se ha horneado nuestra peculiar
intrahistoria. Y ni aquí ni allí es tan así.
Las culturas son tan truculentas y
guadianescas que casi siempre quieren decir otra cosa de lo que dicen. Y hay
que distinguir entre cultura y moda. Y que a las mujeres, si bien se las
advierte contra los estereotipos, jamás lo suficientemente contra la cultura,
que tantas veces se vuelve contracultura (y contra ellas).
Hoy y aquí, un
tetuaje (o sea, un tatuaje en la teta) revela mucho más sobre aspiraciones
femeninas que un toples, algo que allí, donde alguien tomando el sol es
considerado sunnormal, sí es realmente transgresor, en un país donde el rapado
del sexo es poco menos que inmoral y el vello corporal se considera tan obsceno
que el del pubis se tapa siempre con un rectángulo negro incluso en las
revistas eróticas.
Y es que hay culturas y culturas, y además, chocan.
En la sociedad postindustrial ha habido un cambio de significado del cuerpo, y, si bien su visibilidad
parece estruendosa, también tiende a manifestarse de manera discreta en los
detalles, como cuando ha de servir, bien domado ya y convertido en un
instrumento de comunicación, de medio de expresión ideológico, pero sin
agresividad, pues ya no se trata de su liberación, sino de manifestar su
intelectualización y su dominio.
Solo que eso, en unas culturas se manifiesta
erradicando el tacón, y en otras a llevarlos de aguja (para sacar un
ojo, si hace falta). Es la gran controversia que se da en todas partes y sobre
las que esperemos que los estilistas no tengan la última palabra.
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