Érase
un hombre distinto a usted o yo, pues era honrado, y una tarde en que hacía de
vientre, pensó lo que pensó e hizo la maleta.
Al
ser una persona con conciencia, lo estaba pasando mal como si le hubieran
metido una gata en amor en el bolsillo, y no podía determinar con la meridiana
claridad de un cielo de mistral en qué radicaban ni la avaricia de tanto mal ni
los impedimentos que enzarzaban y hacían inútil el instrumento de su cirugía.