jueves, 30 de mayo de 2024

Váyanse


El Día de Castilla-La Mancha es la fiesta del vacío. Nuestra ilustre universidad debería crear un máster mundial para que los interesados en la gentrificación se acercasen a este páramo interior a observar que el vacío también es posible. 

miércoles, 22 de mayo de 2024

Vibraciones


Que Argentina está de moda, no cabe duda. Si es que alguna vez no lo estuvo entre nosotros, y con razón.

jueves, 16 de mayo de 2024

El retiro

 

Pere, o Pera Aragonés, según lenguas, se prejubila. Y dicen que en la banca y Telefónica se jubilaban pronto. Pues éste, ahí, con un par, a los cuarenta y uno, y entregando los huesos intactos a Dios, porque a esa edad ahora no da tiempo ni a terminar el becariado, con lo que chupan el móvil, el tardeo, la socialización o el poliamor. O el perro. 

martes, 14 de mayo de 2024

De la subversión a la subvención (2005)

 

Uno de los rasgos de la postmodernidad más mohosa se vuelve corpóreo de tanto en tanto cuando artistas, intelectuales o simples faranduleros optan por significarse socialmente apuntándose a causas que, por encima de ideologías, el ideario colectivo cataloga como de estricto neutro humanismo, o blancas. Así, el hambre, la paz, la infancia, la ecología, la cultura. De esta manera tan sutil como es el respaldo del talento que no se vende (quizá por falta de compradores), causas tan inocentes como las mentadas pasan a engrosar la recámara de la interminable lista de las ideologías con las que se libra esta eterna guerra, demostrando una vez más que no hay nadie apolítico, ni infantil ni pacífico, ni ecológico ni culto, y sí que alguien tiene que ejercer en cada momento de cuidador del homo candor, que es el que tiene que creer para vivir.

viernes, 10 de mayo de 2024

Ambiente veraniego (2005)

El otro día, la sección del tiempo de uno de nuestros periódicos titulaba, sin quedarle otra: “Ambiente veraniego”. El titulista, meteorólogo a palos, había llegado a la conclusión de que para qué calentarse más la cabeza, si es que es eso. Es obvio. Y la obviedad ha llegado a definir tanto a este país, que no hay que darle más vueltas. Ni reñir. Sólo riñen ya ciertos parlamentarios, y eso en puertas de las vacaciones, mediatizados por el panorama de pasarlas con la parienta u otros seres familiares igual de desconocidos. Todo lo que nos pasa está tan claro, que el que no sabe es porque no quiere enterarse. A qué más historias de incultura, desinformación y manipulación. Y es que este país, que confunde hastío con estío, vive permanentemente bajo el síndrome del verano, que además de ser una patente española, es siempre un tiempo de abandono.

El verano es cuando, queriendo ser jóvenes nos hacemos viejos. Nuestros abuelos lo sabían y no se ponían al sol, e increpaban a los atezados en exceso con cosas como “míralo, si parece un moro”, conscientes de que el astro rey es el que acelera la historia, y no el Islam, aunque éste se dé en países de lo más soleado, donde se dice que fueron inventados los espejos, por el azogue, se supone, para ver si así vislumbraban el reflejo del profeta, y al verse allí, del revés pero más feos, sin depilar, ni makearse y con un moreno agromán del copón, o sea de chilaba, decidieron quitarlo de la liturgia.

Y lo bastante que lo hicieran para adoptarlo por estos pagos, como el más asquerosamente obsequioso utensilio inventado, ideal para tomar esa falaz distancia de nosotros mismos que nos administra la belleza como una renta baja, que era desde el Pleistoceno la gran obsesión creativa (mucho más que el fuego, donde va a parar) del hombre, que ya por entonces se iba diferenciando biológicamente de la mujer, y por lo tanto iba cayendo bajo su influencia, aunque eso habría que verlo, ya que de siempre los ha habido muy remirados.

En cualquier caso el espejo es el precedente histórico sin el cual hubiera sido imposible inventar la tele –o mismamente a la madre de Blancanieves–, que no es una ventana, como se ha dicho, sino un espejo al revés, o sea la vida misma del derecho, para poner de relieve (muy bajo, eso sí) todo excepto ciertas protuberancias, que en eso seguimos tan hieráticos como una tabla del románico, que es por lo que la gente vuelve y vuelve a las mismas playas, porque la vida es una playa a la que se vuelve siempre, en busca de una belleza, no interior, que eso ya habíamos quedado era improbable aunque no imposible, sino anterior, no en el tiempo, sino de la parte de delante, ahora que las playas se miden en implantes, o  para recordar aquélla ola, con la tabla (de surf) dispuesta a ver si a Jessica le salieron estrías tras el parto. Hieratismo puro.

Y es que el tiempo, especialmente el veraniego, es un espejo deformante. Será por la calima. Luego viene la decepción. Algunos cogen el coche, y el que no consigue esclafarse a medio camino mientras hablaba con el móvil, se planta en el pueblo, allí, con la gente sana, a gozar de la francachela, de su sentido común exacerbado, de los pisos erigidos sobre casas antiguas, de ese acento sacado de los últimos programas cutres de la tele, que tan divertido resulta una o dos horas, hasta que ves que el sentido común es el grado precedente de la imbecilidad y que el pueblo se caracteriza por destruir los edificios elevados sobre él, como el idioma, un suponer, que como juan  palomo, se lo guisa, se lo come y lo excreta, y consistir su catarsis en regodearse en su miserias pasadas, que hace presente cual fantasmas para ejecutarlos y bailar con ellos al son de su horror, exorcizándolos con esa mezcla de impudicia, miedo, morbo y recochineo en danzas macabras de elogio del andrajo, secuelas de la escasez (de todo) cultivadas de tal modo, que se confunden con la humildad en la que el pasado es tratado como un difunto que es concitado para recordarle que no vuelva. Todo lo cual forja ese humor popular que puede degustarse haciendo puebling, lo mismo que los de pueblo, teniendo nostalgia de la gente, visitan la ciudad, que está llena de eso, mientras el pueblo suele estar hasta los topes de vecinos. Y no es igual.

Pero ya digo, la morriña es libre en pleno verano. Algunos incluso la tienen del 18 de julio. Por lo de la paga. Yo tuve mi primera paga del Glorioso a los diecisiete, en una fábrica de Elda donde marcaba zapatos del 42 para las mujeres de Arkansas. Desde entonces sueño que hago el amor con mujeres que se tienen de pie sin ninguna dificultad, pero yo me voy a caer en cualquier momento. Menuda ruina me busqué de por vida. Y aún tengo que dar gracias. Porque los que les tocó Misisipí, hacían hormas del 44 y desde entonces andan de terapia soñando con mandingas que les dan mogambo, sin Grace Kelly ni nada. La provincia de Alicante es que hace soñar mucho.

También, desde entonces, más o menos, me pregunto por qué los comerciales llevan traje en pleno verano. Pero un día coincidí con un psiquiatra en un merendero, en verano era, precisamente, y mientras nos quitábamos como podíamos las moscas de un forro de cabeza más duro que el cocote un cristo, y una sangría de sobras completas, que por poco nos da un cólico miserere, me dijo que no me preocupara más por ello, que era una fijación relativa al uso del condón, y que me hiciera la vasectomía. Y así, como quien hace mutis por el forro, le hice caso, y desde entonces, oye, mano de santo. Como dicen eso: después de muerto, la cebada al rabo. Veo un comercial, e igual que si viera un mecánico. Vamos, que me la sudan igualmente un proletario manual que uno intelectual. Esto, dicho así, ya sé que suena a reaccionario y burgués. Y de hecho, lo es. Pero uno va ya para viejo, porque el verano envejece, es lo que tiene, y ¿qué quieren, que cuando vea un comercial con traje me afecte y me ponga a sudar la gota gorda? Pues no estoy yo ahora fresco ni nada disfrutando de este ambiente veraniego. Eso sí, tengo ganas de que llegue agosto. No es por nada. Pero estoy seguro que, con algo más de ambiente, llegaré a ser todavía un poco más tonto. 

jueves, 9 de mayo de 2024

Abstención

 

Que el mundo funciona al revés es un hecho archisabido. Votar, por ejemplo, es una actividad, sea de riesgo o rentable -hay incluso quien cobra por ello-, que estudian los sociólogos, mientras que la abstención la llevan más bien los politólogos, los psicólogos o incluso los criminólogos, por esa connotación negativa que se le endiña a una opción que es tratada por el negocio político como presuntamente antisocial. (Ojo. Lo que estoy escribiendo es puro fango).

miércoles, 1 de mayo de 2024

Maduros

 

A Sánchez se le ve más maduro. Quiere ser nuestro padre, nuestro tío de América, nuestro amigo gay sensible y empático.

domingo, 28 de abril de 2024

Letras pa'l cante: malagueña

 Materialismo impuro

Ausente te convoco

al pertinaz deseo de la presencia

que el jardín de tus ojos poseía,


donde volver, volver con la impaciencia

de mi carnal y fiel infantería.

 

viernes, 26 de abril de 2024

En obras

 

En estos momentos, un millón de cuerpas y cuerpos -igual hasta el ministro de Economía- están en un gimnasio escurriendo sus carnes de cara a la campaña de verano.

viernes, 19 de abril de 2024

Rentas

 

La declaración de la renta siempre suscita alguna reflexión fatua, más allá del tópico que un pobre pensionista (que es un decir, por si jode) como yo tenga que pagar, y que a un pobre rico típico le salga a vomitarle la caja registradora. 

sábado, 13 de abril de 2024

Sumario

Sánchez debería de investigar el Maserati del novio de Ayuso para incriminarla. Nada mejor que restos de semen como prueba concluyente de corrupción en pareja. Lo malo es si el ADN no coincide con el de ella. Aunque hacerlo en un Maserati, que debe de ser peor que en un Simca 1000, la convertiría más aún en superwoman. Y yo con estos pelos. 

jueves, 11 de abril de 2024

Una edad


Una de las cosas buenas de la edad –¡arrea, si hay una!– y los de mi quinta me darán la razón, por una vez, y aunque sea un mal síntoma, es que no hace falta ser felices directamente, pudiendo serlo por delegación.

martes, 9 de abril de 2024

Un Quijote para Sanchos (2005)

 

Yo tenía preparada una confesión para el Quinto Centenario del Ingenioso Hidalgo, pero como estoy viendo que lo mismo no llego, la voy a hacer en el cuarto; será menos solemne e impactante, pero así al menos mis detractores transpirarán tranquilos. Me acuso, pues, de que jamás he conseguido leer completo El Quijote. Es más: dudo que lo haga algún día. Ni mi cuerpo ni mi mente están ya para deportes de riesgo. Es más todavía: creo firmemente que no deberían encumbrarse tanto en la escuela ni libro ni autor, ni mucho menos animar a inocentes educandos a aficionárseles. Sinceramente: es como darle papilla de cereales a un mamoncete y la mejor manera de que un neófito abandone para siempre la extraña perversión de la lectura, pues, como recordaba hace poco Delibes, considerado el cervantino superviviente, él se inició por desgracia con ese libro. Y no le ha ido tan mal, dirán algunos. 

Claro está que el maestro demostró ser un depravado total que, superando ese tremendo escollo estigmatizante, ha conseguido páginas de altura no sólo semejante sino actualizadas. Pero seguramente le hubiera ido tan bien, y seguro que mejor a nivel personal, de haber empezado sus pajillas mentales con Stevenson o Salgari, debidamente traducidos y tamizados, que es la sangre con que mejor entra la letra, ya que la traslación hace las veces de excipiente de tu mismo grupo sanguíneo para tragar y asimilar tamaña medicina transfusiva.

Personalmente, mantengo que El Quijote no sólo es muy largo –ahora hay quien dice extenso, como si los libros se midieran en hectáreas– sino lo que es más irremediable: es intraducible. Sé que esto suena a absurdo drama, pero dada la hipócrita devoción con que el libro se venera entre nosotros, cuando mayormente pasamos de él como de un truño, y el que dicho culto seguramente provenga tanto de haber triunfado traducido en el extranjero como de su proselitismo por generaciones como la del 98 y parientes, que es como si fueran extranjeras, corrobora sin embargo mi certidumbre de que, para ser debidamente apropiable, intelectual (o ética) y estéticamente, un libro debe ser adoptado por el canon principal que rige por principio todas esas categorías añadidas. Me refiero al lenguaje. Y ahí está el problema.

Cualquier traducción de un libro a otra lengua se hace de acuerdo a la necesidad de entendimiento del momento. Salvo los ex libris o una traducción lo más “facsímil” posible, la inmensa mayoría de los libros se traducen abiertamente, no a la antigua versión de esa lengua sino a la del día. Todo lo más, y dependiendo de la generosidad del traductor, se les añade ese toque de “autenticidad” morfológica o semántica con aire de búsqueda de raíces, que siempre va por modas, tan propio del método historicista o genético de cada idioma, pero manteniendo siempre esa prioridad de integración lingüística que les es inherente, pues idioma quiere decir eso precisamente, la forma en que se representan las ideas. 

Relevado así de buena parte de sus compromisos para con el original, al que la traducción convierte sencillamente en referente, algo que no puede hacer la lengua madre con un texto propio, la lengua de adopción logra siempre versiones más cercanas al pensamiento y al habla de un tiempo y un lugar (a su vida, en suma), consiguiendo por norma, y más si se trata de obras universales e intemporales, un éxito mayor que entre sus supuestos isoparlantes, y digo supuestos convencido de que la lengua del Quijote y la de ahora no son la misma.

A estas alturas cabe preguntarse por qué esa gran acogida entre extraños y el enorme éxito que al parecer acompañó al libro entre los lectores de su época no se repite hoy en día, porque, dejémoslo claro, El Quijote no es en modo alguno ningún éxito de lectura, por mucho que muchos lo tengan como libro de cabecera, como no sea que lo utilicen para retrepar la almohada o algo así. ¿Puede El Quijote ignorar impunemente la teoría de la relatividad sin someterse a sus leyes? A lo mejor. Pero exponiéndose, como cualquier objeto que ha logrado traspasar la barreras del tiempo, exportándose a otro tiempo-espacio, a convertirse en una especie de agujero negro difuso e indefinido, que sirve para hacer ensayos, conferencias, artículos tránsfugas como éste, y conmemoraciones en las que sirva de regalo unisex utilitario, pues el que regala bien vende, aunque también podría decirse que lo regalado, ni agradecido ni pagado (ni leído en este caso), y ahora se van a regalar a ríos, a pique de que, como con el cojín de los setenta, surja la frase difamatoria y ridiculizante de “a mí también me van a regalar un Quijote”, en vez de encarar definitivamente lo que desde hace un siglo viene pidiendo a gritos, si tanta consideración nos merece.

Sé que es un herejía, pero, qué le vamos a hacer, la pregunta es obligada: ¿Por qué no se intenta de una vez traducir El Quijote? No me estoy refiriendo a realizar la enésima versión reducida, infantil, actualizada o simplona para mastuerzos, ni a cargárselo con una versión rap o en SMS, sino una en que, por fin, sin vulgarizarlo y sin derramas de su esencia, lo haga accesible a la respetable buena gente lectora que no se atreve a hincarle el diente por miedo a no pillar ni giros ni vocablos, ni sintaxis ni sentidos, y que siguen preguntando con esperanza pero con la mosca en la oreja a los que alguna vez nos hemos acercado si realmente “eso” es tan bueno. 

Ya sé que sería un texto desvirtuado. Pero leído. Y no sería la primera vez, pues dudo que lo que circula sea la versión genuina. Y si se hace bien, aun distinto seguiría siendo uno de los mejores libros disponibles. ¿Es que alguien cree todavía que el Dante es el que muestran las versiones recibidas, o que el tarareado Shakespeare, de no jugar con la ventaja de las licencias poéticas y algunas actualizaciones, podrían leerlo ingleses todavía más anglofilizados que nuestros jóvenes? O no tan jóvenes, porque a lo mejor de ese modo, algunos hasta lograríamos terminarlo. Con la cantidad de sesudos que hay por ahí zascandileando de floreros de púlpito en púlpito y de fasto en fasto, ya se podría haber hecho. Lo mismo entonces, no había ni que regalarlo, y hasta lo compraba alguien.

jueves, 4 de abril de 2024

En guerra

 

En general, todos morimos antes; lo que no sabemos es si caeremos antes por una calorina climática o por una socarrina nuclear de la guerra interminable que no deja de venir.

viernes, 29 de marzo de 2024

El mozaje

Los adolescentes están cada día más locos. Literalmente. Es como un virus que da la cara en cuanto llegan a la ESO esa, que parece inventada, diseñada como una mili púber para superar la edad del pavo -y así está de fracasos-, un campamento con jura de bandera de apollardamiento extático.

jueves, 21 de marzo de 2024

Medianitis

 Más de la mitad del gentío se declara de clase media, lo que no deja de ser una declaración de intenciones, pretender pertenecer a algo que fue y que ya apenas existe.

lunes, 18 de marzo de 2024

Autocrítica (2005)

Desde las filas gubernamentales y sus medios, o al revés, que también valdría, se viene difundiendo la especie peluda y sospechosa de que en la oposición no hay autocrítica.

jueves, 14 de marzo de 2024

La gresca

 

Altos funcionarios del estado (jueces, fiscales, inspectores) se están organizando para resistir los ataques del ejecutivo y sus mariachis.

martes, 5 de marzo de 2024

Fakes

Hoy, en el llamado Día de la Mujer, me pregunto si todo esto no acabará en otro fake. La historia está llena de ellos. La abolición de la esclavitud, por ejemplo, es de los más sonados (y soñados, pues ahí sigue, de muy diversas formas).

jueves, 29 de febrero de 2024

Lecciones


En Primaria hay una materia, quizás la más aberrante por representar fielmente el sistema gilipobuenista que engendra esa escuela, que da por supuesta la relación natural y positiva entre el Medio Ambiente, la Sociedad y, ahí es nada, la Cultura. Por pedir que no quede. 

viernes, 23 de febrero de 2024

Perder, o no

 Aunque sea utópico, distópico, atípico y menopáusico, si Sánchez leyera un poco a Fray Luis: “Alargo enfermo el paso, y vuelvo, cuanto alargo el paso, atrás el pensamiento; no vuelvo sino que antes miro atento la causa de mi gozo y de mi llanto”, pues eso, se daría cuenta de que su táctica, basada en esa teoría de que el que pierde, gana, quizá necesite unos retoques. 

martes, 20 de febrero de 2024

El gran suceso (2005)

 

Las páginas de sucesos desaparecieron como tales de los periódicos en la Transición, por resultar inconvenientes políticamente, tanto en el sentido inglés de la palabra political, o cívico, como en el más crudo y directo significado español. 

jueves, 15 de febrero de 2024

Carnavalada

 

Esta semana, algunas parejas habrán aprovechado que San Valentín caía en miércoles de Carnaval para enterrar la sardina, o el satisfyer, o lo que fuera.

viernes, 9 de febrero de 2024

El campo

 

Lo del campo no tiene solución ni lloviendo. No es que sea cosa de locos; es que están locos.