Hace dos días, Sánchez era un político de miedo. Literalmente. O del miedo. Hoy, es solo un aspirante de pena. Un sonado que repite su letanía a su audiencia de zombis, rezando porque retiren cuanto antes los trenes de la muerte de la vía, tan muerta como su campaña, antes de que llegue la guillotina. Y es que el destino tiene peor leche que los morciguillos.
Hasta hace nada, y cabalgando sobre el caos de pacotilla de las movidas adolescentes asustaviejas, y el miedo para quinceañeras ansiosas de Freddy Krueger, desde su calabaza macabrita, este Roger Corman patrio (por decir algo) se bandeaba rumbo a un Halloween de terrorcillo infantil cual monja pellizcona, con un truco o trato, o yo o el caos (caosito, más bien), cabalgando entre ladridos, empalmado con el miedo propagado por las tertulias para memos/as/es, al hilo del circo montado por cuatro niñatos que al primer gorrazo llaman a su mama. Por culpa de la ultraderecha, claro.
Y el número de la derecha enrocada en la serenidad, la prudencia, la responsabilidad de estado (a pique de cerrar los parques por inclemencia mediambiental). Vamos, que, de perder, Sánchez, como feriante de atracciones como El tren de la bruja o La casa del terror no tendría precio.
Y va la fatalidad y en una de sus típicas duchas frías de realidad, tira los dados y saca dos trenes donde antes solo había un festival de opereta. Y todo al pijo. Pues el ruido del caos, el miedo de mentirijillas a la violencia de la extrema izquierda (que de ser así solo refrendaría su falta de contenido, su colapso ante lo nuevo sin más propuesta que el estruendo), todo ha quedado sepultado con el cataclismo real del dolor extremo. Toda pantomima desaparece ante la perspectiva de la muerte.
No ha habido más que ver cómo ha sido de anodino y
pusilánime este Halloween. Claro. Se enfrentaba nada menos que a la muerte en su
máxima expresión. Y aunque el miedo es libre y cada cual coge el que quiere, no
es lo mismo disfrazarse de esqueleto que contemplar en directo el apocalipsis
en la tele, con sus zombis y todo como viandantes perdidos por las vías del
tren. Así que, primer tiempo, Halloween 0 (y jugando en casa), Apocalipsis, 1.
Continuará.
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