Gorrión de grana y oro,
pincel errante;
has descubierto el mundo
con sus amantes.
Llevas, tú llevas de la mano
a aquel que vela
con ojos de mil neblis
la sementera.
Verde por las mañanas,
qué gusto verte,
siempre dejando el negro
para esconderte.
Madera que han tocado
mil leñadores
con sus hachas, sus sierras
y sus sudores,
no han podido astillarte
de nuestro tronco.
¿Qué culpa tiene el día
si acaba pronto?
Del cielo en avalancha
bajan los rayos
para enlucir tus ojos
y calentarlos.
Y condenarlos, nena,
para mis labios,
Que con ellos se mueren
hoy los geranios.
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