domingo, 11 de agosto de 2019

LETRAS PA'L CANTE: ALEGRÍAS DE CÁDIZ


Pa mí y pa mi primo

Mi vecina que soñaba
cosas echando la siesta,
la despertó el alboroto
y se cayó de la cama.

Ay, enredándose en la enagua,
tropezó al salir corriendo
con las cosas que soñaba.
Mi primo tiene un dúplex 
y allí da fiestas.
Como ganó a los ciegos,
llamó a la peña.

Y yo le dije, primo, que son las cinco.
Si quieres tomar algo, yo te convido.

Y su vecina, muy mosqueada,
que qué horas eran esas
pa sacarla de la cama".

Y como es abogada y economista,
mi primo, por si acaso, se anda con vista.

Yo se lo digo, yo se lo digo,

pero no me hace caso el muy cansino.

viernes, 9 de agosto de 2019

Culpables


Si la propaganda es Dios, el Psoe es su profeta. Para eso cuentan con el grueso de la caterva mediática. Expertos en dar carrete a asuntos con falso consenso social, como el feminismo o la violencia de género, para subirse a la chepa y venderse como los legítimos poseedores de la patente –los demás, o son fachas o no tienen sensibilidad-, y arrearnos como a mulas sordas para aplaudir y seguirles la corriente. 
Este verano, a cada ola de calor, nos agobian sin piedad con el cambio climático, eso tan misterioso y patente a la vez, tan esotérico como empírico, y tan fácil de resolver como irresoluble. Saben lo inútil de una acción que no sea global, y aun así van de curanderos universales, con la demagogia del fraile barato que basa su sustento en la fe de una feligresía impotente y perpleja ante la catástrofe siempre aplazada y remota, pero cada vez más presente, y la esperanza puesta en el último vendedor de crecepelo llegado al púlpito del poder desde el que nos conmina, “¡arrepentíos –y votadnos-, que la fin del mundo está cerca!”. 
Pues la culpa aquí es esencial, para ayudar al rebaño a salvarse del holocausto climático, de la bendita mano de estos predicadores de ocasión, que por cierto jamás han dicho cómo, manteniendo oculto lo que debe de ser un arcano tan indesvelable que ni Harry Potter. Pero funciona. Por doquier se oye, nos oímos, el lamento y reniego de lo que nos merecemos, por malos. 
Y ellos, tan contentos con la parroquia, pese a que ese sea más bien un logro de la izquierda post 68, quizá la más dada, después de la marxista pureta, a esta nueva religión profana. Pero ellos se ponen la medalla y van levantando su Iglesia Triunfal de los Últimos Días, a lo que no llegaremos si les tenemos fe y asumimos que nosotros solicos somos los únicos culpables de todo, y por supuesto aguantemos sus homilías de terror, como aquel cura del chascarrillo, que en misa no se hartaba de imprecar,  “¡por vuestra culpa lo prendieron; por vuestra culpa lo maltrataron; por vuestra culpa lo crucificaron…!”, sin que proteste ni el borracho del final que le dijo: “¿Y por ti cacho cabrón, qué l’hacieron?”.

sábado, 3 de agosto de 2019

Desorden


Los ricos no deben practicar la caridad. Es algo que aprenden desde pequeños. 
Un rico es un apátrida social que no puede ejercer de limosnero; su relevancia lo delata y anula su acción, pues la limosna, si no es anónima, es imperdonable, porque deja de serlo, para ser algo más que la ofensa que es toda caridad. Si la das a tu jardinero, solo te odiará éste, y en silencio, pero si la generalizas, cunde el recelo, explota el resentimiento y todos te detestarán a voces. 
Pero cuando la riqueza llega tras mucho bregar desde abajo, antes o después te dejas llevar por la tercera virtud teologal, y a la picota. Amancio Ortega lo reunía todo para ello. El pobre, con lo que habrá tenido que currar, no para llegar a ser rico a reventar, sino después de serlo.
Flor viva de ese dicho de que el dinero, el amor y el humo no se pueden ocultar, en vez de comprarse una isla o irse de juerga con cualquier jeque y su jequesa, o hacer las sandeces propias del nuevo rico de fortuna súbita y malgasto imprevisible, o callárselo simplemente, y esconderse, que es lo práctico en cualquier reino de frustración e insidia, va y demuestra que va sobrao, y se hace nada menos que filántropo del Estao, endiñándole una limosna de amores, dolores, en equipos sanitarios, dándoselas de rico chic y solidario. 
Lo cual no tiene perdón, por poner en duda al donado, ablandarlo con dádivas en vez de sufragarlo, y tratarlo desde la bonhomía como un mindundi. O, dicho en psicoanálisis, dejar el super yo a la altura del betún, junto a todos esos demagogos de lo público que van de profesión, sus bondades. 
Prójimos más o menos gaznápiros (quizá clientes inconfesos de Zara, ese altar de los jobres), que dicen que no lo hace por amor a ellos –y que de amoroso, en el sentido fiscal, habría que verlo–, y que todo son cortinas de humo de vaya usted a saber. 
Es el sino de todo Craso caritativo, condenado a la falsa solidaridad, que se supone es entre iguales, y, la verdad, si alguna vez tuviste que trabajar, es difícil pagarle una mariscada por la cara a Florentino, solidario ejemplar. Lo suyo es más dar limosna al estado. Aunque no esté  a su nivel.

jueves, 1 de agosto de 2019

Micromachilápida


No le deis vueltas. La mujer es la que marca el destino del hombre. Y más en vacaciones.