sábado, 30 de septiembre de 2023

Lenguas

 Sea por haber vivido estos últimos cincuenta años de las palabras -y de los silencios, o entre los silencios- confieso (y no como delito, espero) que si algo admiro de los catalanes, o mejor de los catalanistas, es su enconada defensa de la propia lengua. 

Bien por saber que es algo residual, o por intuir que ella es su única independencia probable, la protegen como a un hijo único, incluido la anulación de las demás, que es lo que suele hacerse en pro de la supervivencia, y que es un signo típico del imperialismo, como lo es todo nacionalismo, incluido el español, o castellano -recuérdese que el famoso imperio se fundó desde esa parte del “tanto monta”-, y que necesita erradicar a la competencia para serlo. Es la única forma: crecer o morir.

 Luego, para salir en la tele se despliega una gran tela bien serigrafiada con el Catalonia is not Spain, que es como si estuviera en catalán, pues nadie lo entiende fuera, pese a estar en el actual idioma franco, con perdón, sino porque el asunto es (aún más) ininteligible en el exterior. 

Una concesión, lo del inglés y tal, para dar visos de realidad a la ficción, o al revés, que aún resulta más estimulante y posmoderno, lógica en una política de internacionalización (y turisteo) a la defensiva, como se juega la cuestión. Es absurdo pero tiene su aquel. 

Con el castellano, sin embargo, se da más el surrealismo. Por ejemplo, en mi barrio la escuela tiene un grafiti ocupando toda la pared frontal, legible a doscientos metros, que reza (pues no es para menos): “Protect the planet”. 

Ignoro si la lumbrera creadora da por descontado que el entorno es bilingüe, por el hecho quizá de estar ocupado por parejas (tirando a viejas) todo lo más. O si espera que las corresponsalías de teles forasteras tomen vistas para emitirlo en Kabul o Nicosia. Un puntazo. 

O quizá sea para inculcar en los niños que el planeta solo es salvable en inglés, pues el español, tan extendido, está tan visto y va tan “sobrao”, que mejor usar esa lengua cooficial de hecho, en plan snob, tirando de glamur. Y qué mejor que empezar por la escuela. Como para no envidiar eso de “el catalá a l’escola”.

viernes, 22 de septiembre de 2023

Lo del día

Sánchez parece estar empezando a padecer de abuelimia, que es cuando a uno le crecen los abuelos que tiene en el circo para repartir chuches a los niños, pitas, pitas, y luego va y les echa una sardina como a las focas, y prou. 

Así que, la Transition Band ha salido a pista con que este tío es hilipoya, que en andaluz es mucho más que hijoputa, y que no les toquen el legado (cojones, en anciano), que es para sus nietos, que mira tú por dónde más bien andan en la delincuencia digitosexual, que no es que se rasquen ahí abajo, sino emplear la IA, que al parecer es la única que tienen, para gamberrear con el otro sexo, que ya puestos en modo democratitis resulta que es gratis para nenes. 

Pero es lo que cualquier yayo (y seguimos) haría, por sus partes, al cabrearse viendo a los hijos tirar de veta con sus ahorros de toda la vida invitando a caviar en el chalé familiar a una serie de aprovechaos, y prometiéndoles que igual se lo dejan en usufructo, sin pegas, tomaros lo que queráis, estáis en vuestra casa y tal. Un temor lógico si te figuras a Junqueras comiendo gambas. Pero hay más. 

Los viejos, sin decirlo, pues aún no han perdido toda la vergüenza que dicen se pierde de viejo, andan señalando, así como así, el trasunto real de la movida de Sánchez con sus socios, que consiste en que la amnistía, y otros acuerdos, con la serie de cambios de todo tipo que eso conllevaría, si de hecho no romperían la Constitución, ni el régimen, ni España, etc, etc, sí supondrían en la práctica el inicio y puesta en marcha de otra transición, que acabaría de hecho con el régimen del 78 -algo que podemitas y otros llevan intentando ya ocho años-. 

Lo cual, por otra parte, tampoco sería tan descabellado, a la vista de las muchas grietas de su edificio, y digámoslo pronto, la escasa o nula identificación de las nuevas generaciones con esta casa común vista ya como mamotreto, siendo indudable que unas buenas reformas sí convendrían a la casita, reformas que, por intereses de los dos grandes partidos, jamás llegan, dejando que todo se pudra, habiendo así llegado a esto. 

Solo que (y seguimos) esta transición se haría sin consenso, sin saber hacia dónde se va o hay que ir, ni qué es lo que quiere la gente (o contra la mitad de ella), y, aunque tenga visos cabales -Sánchez es un maestro a la hora de montar movidas a lo grande, de debate universal, en las que parece que todo el mundo lleva razón-, cuando lo único claro es que, en esta nueva huida hacia adelante, que es políticamente lo que lo ha caracterizado, su aventurerismo patológico podría cargarse unas cuantas cosas de esas sin repuesto y cuya excusa luego, cuando te preguntan de viejo en el extranjero, es la típica “yo solo quería el bien de España”. Y eso, tampoco es.

viernes, 15 de septiembre de 2023

Seísmos

Era de esperar que el gobierno acusase a Aznar de golpista, que la ministra portavoz, esa orácula, dijese que lo próximo de Jose Mari será llamar a un alzamiento (además del de bienes, se supone). Y ya estaban tardando pues hace tiempo que desde la acera de enfrente, con perdón, les vienen señalando a Sánchez Falconetti como el gran villano, el golpista enmascarado de progre demócrata -¡progre democracia!-, la amenaza en la sombra de Moncloa. 

Es lo que se lleva, la propaganda quid pro quo, hoy por ti, mañana por mí, pues, aunque ambas acusaciones puedan ser ciertas, estas cosas siempre suelen levantarlas precisamente los que no pegan golpe, que es lo que caracteriza, por otra parte, a los grandes golpistas mediáticos, y entre los que no media ni el canto de un euro. Los demás, simplemente miramos por buscar un sustituto al aceite de oliva en la ensalada, que lo tenemos crudo (o eso quisiéramos), y apañárnoslas con nuestros pequeños terremotos cotidianos. 

Los grandes se quedan para gente más pobre y morena, que ya se sabe son los que llevan la parte épica, y en esto la naturaleza es muy sabia, pues así los parias de la tierra pueden seguir protagonizando la historia como es debido, aunque sea sin alzamientos ni protestas en ningún sitio por la tardanza de su rey en acordarse de que existen. Pues los parias, sí, tienen rey, y lo adoran como si fuera de peluche, tan enjoyado para ellos, y con sus besos propios de telenovela de y para súbditos. 

Y es que ya quisiéramos nosotros que un monarca así de patriarcal y divino diese su sangre por televisión por nosotros y se interesase, cámara al hombro, por una vez, por nuestras pústulas, y que una UME extranjera, con sus perros y todo, nos rescatase, pobres súbditos del IPC, del Euríbor de entre nuestros escombros. Y que un rey vecino del piso de arriba, le ofreciese al nuestro sus condolencias (por nosotros, claro, qué honor) llamándole hermano, aunque no supiéramos bien por parte de quién. 

Que, ahora que caigo, si así fuera, resultaría que Froilán, la recluta Leonor o Victoria Federica serían sobrinos suyos. Y es que, si te fijas bien, hasta se dan un aire.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Síndromes

 

Lo peor de jubilarse es que te quedas sin el síndrome posvacacional, esa menstruación septembrina unisex, “esos días” que te jode y te excita a la vez el seguir en el tajo, pero lejos aún de la menopausia laboral; algo así como lo recordado por W. Allen sobre la vida, que es una mierda, pero dura tan poco…, ya saben, la ambivalencia de la jodienda, que no tiene enmienda. Aunque a algunos les afecte más que a otros. 

Yo estoy por decir que, más que a los empleados, a los empleadores y su ansiedad propia días antes de empezar a estirazar de sus chollos o simples negocios, y más en vísperas de fiestas. Así, este año los hosteleros han reclamado, pero como agua de Dana, “personal cualificado” para la Feria, el gran síndrome. Ya estamos. Y llevan razón. 

No basta con cobrar poco, ser apañados/as, hacer jornadas rijosas o saber idiomas. Un camarero cool tiene que saber disertar, al tiempo que sirve mojitos a una peña de tragones de miguelitos, sobre si la Yoli y sus escoltas delinquieron al tratar con Puigdemont en Waterloo, o si el Supremo debería fijar como precedente doctrinal (y figurar en el Aranzadi) el aplauso al protagonista de acto público -hacerse un Rubiales, que se dice- como motivo incontrovertible de lapidación púbica, cese, despido, ostracismo, si eso te excluiría como miembro de mesa electoral (qué gozo), y si habría excepciones, como aplaudir a Mojinos Escocíos o La Polla Records. 

Y es que nos hemos olvidado ya del examen de conciencia como método para no volver a pisar charcos, sobre todo en septiembre, y si llueve. Yo mismo me tiré una vez cuarenta años, exactamente desde los trece, sin oír ese dictado. Hasta que un día, una diputadilla del Psoe, esa nueva iglesia de la verdad tan apóstata como excomulgante, ese otro síndrome colectivo guardián de las conciencias, ese superyo sin abuela que se creen, me lo zampó: “Antonio, deberías hacer examen de conciencia”. Así, en general. 

Y lo hice. Desde entonces paso aún más, y sigo más a rajatabla mi lema: di lo que quieras, haz lo que puedas y reza lo que sepas. Y cada noche antes de acostarme pido que Dios nos pille confesados. Y más en Feria.

viernes, 1 de septiembre de 2023

jueves, 31 de agosto de 2023

Difuminado


Es la técnica, a modo de niebla huidiza, con que los años borran la nitidez de lo vivido. Y la efeméride como recordatorio a piñón fijo, por conjurada y conspicua que sea, tan solo palía la terca desmemoria, y su dedo grasiento y entintado hace un arte del olvido, la sombra y la ausencia. Así con el éxodo (uno de tantos) de maestros recién graduados aquí ahora hace 50 años. 
Ahora no es noticia: exportar titulados. Pero es que entonces éramos los únicos. Los fabricados para dar abasto a aquel invento, la EGB, la gran reforma de la primaria, aumentándola (y la infancia, de paso) al cargarse el bachillerato medio, luego tan echado en falta, y escolarizar el baby boom, aquel maná sesentero anterior al ogino, la marcha atrás y otros desvaríos, gente ya a los pies de la jubilación, verás tú qué ruina. 
Solo que como habían emigrado, tenías que ir donde estaban, Cataluña y Levante, sobre todo, a hacerles tomar escuela, para su desbaste y cultivo, tantas veces sin éxito, como nosotros mismos, por otra parte, y tantas otras gentes impermeables aún hoy a la civilización. Pero ese es otro cantar. 
Luego, oposición a oposición, la mayoría volvería al terruño, a intentarlo con unas cuantas decenas de miles de varias promociones de paisanos. Y ahí estuvieron -yo me escaqueé pronto, si así puede decirse- hasta hace nada en que calculo se marcharía el último de aquella promoción del 73, y cuya identidad me gustaría conocer (y lo mismo aún queda más de uno; el género humano es así). 
Siempre tiene su morbo saber del último mohicano de algo tan heroico como es defender ante treinta o cuarenta enemigos aparentemente indolentes, pero absurdamente e indisimuladamente entretenidos, las cuatro reglas del conocimiento, en espera, tan solo, de ser recompensado con que en uno, o dos (¡qué multitud!) cale ese proselitismo del saber, aunque sea hecho tantas veces desde las antípodas de la ilusión, el incentivo o el reconocimiento.
 Tan solo, como hoy, en horas bajas, del pequeño recuerdo para todos, allí donde estén, 25 años después (de nuestra última reunión), que no es nada. Aunque lo que son 50 ya van pareciéndose a otra cosa. Salud.

jueves, 24 de agosto de 2023

Rubiales

Está claro que el ínclito es ya el impresentable del mes. Aunque el campeonato mundial lo tenga crudo, según está el patio en lo tocante, con perdón, a gerifaltes del deporte, ese pozo moura insondable adonde va a parar lo mejor del culo de cada casa. Así que nada nuevo bajo el sol (ni las cloacas). 

Pero en agosto, la calora, el yintoni y la depilady, se nos suele olvidar tirar de la cadena, y luego flota cada cosa…, y si huele, esto es España, la famosa excepción. Y con Rubiales, es que te jiñas. Pero, ¿y ellas, las chicas, las leonas, las rojas, o “nuestras mujeres”, como ha dicho Borrell? Ha tenido que haber una presión política, mediática y mafiosa para acabar denunciando el famoso ósculo. 

Mientras, ha primado lo que prima en ese ambiente de piña juramentada donde el trepismo y el show mandan, la connivencia de la mierda se queda en el vestuario, y donde se espera y se calla, también la homosexualidad, curiosamente, como los varones, y ello pese al machiruleo tenido a gala -con el que nada desentona el tocahuevos de Rubiales en la final-, con tal de llegar arriba y triunfar bajo ese principio de “solo hay un puesto, el primero”, que preside toda carrera del deporte de masas, lleno de pendejadas. Hábitos todos del deporte masculino, asumidos, dejémonos de historias, también por las féminas. Y ahora resulta que, ¡por haber ganado un mundial!, un ser así de cutre no puede continuar. 

Aquellos sí que eran besos
Como si hasta aquí ellas, él, la Federación, los clubes y la misma afición no hubiesen alimentado desde el machifutbolerismo lo de echarle cojones, te como los menudillos o a por ellas que son unas moñas. 

Y nos salen por lo del abuso sexual. ¡Venga ya!. Cuando hasta antesdeayer, la besada iba de freudiana -nunca hay reciprocidad en el goce sexual- sin decirlo, para no darle la razón al jefe besante, que sin conocer quizás a Lacan (o creerlo algún centrocampista extracomunitario), mantiene su tesis de que la relación sexual, en realidad no existe. Y ha tenido que venir un sindicato de futbolistas a dictar la diferencia. Y es que esto ha cambiado lo suyo, y cuando la española (no) besa, es que (no) besa de verdad.


jueves, 17 de agosto de 2023

Sabores

 

Para gustos, colores. Y para disgustos, sabores, diría yo. Porque si hay una dictadura irreversible, por lo que afecta al cerebro por vía de las papilas gustativas, esa es la de la ingesta entendida como la obligación de consumir lo que a cada momento ordenen los intereses más o menos espurios de sepa Dios. E incluso en los mecanismos de defensa contra esa tiranía, como es el comer casi siempre las mismas cuatro cosas, y pasar de ganoserías y tentaciones, esa dieta viene marcada siempre por algún mandato de esa misma dictadura papilar. Y lo único que te queda es la melancolía del gusto. O del malgusto. 

Yo, por ejemplo, en cuanto llega el verano echo de menos el agua de cebada y el chambi de mantecao. El agua de cebada, solo de recordarla me refresco. Es como la vuelta momentánea a una dulce glaciación de malta, bloques de hielo y agua. Y eso que la última que tomaría debió ser en las afueras del viejo mercado de Carretas, del lebrillo donde la servía “El tapicero”. 

En cuanto al chambi de mantecado, el gran clásico extinto, que repartían con sus carritos por toda la ciudad los chambileros, aquellos paladines del sabor andariego con no más de tres gustos en sus cacharras de refrigeración primitiva, además del de turrón, y el de fresa o chocolate, el susodicho es ya inencontrable, y pedir “uno de mantecao”, que es como se decía, es poco menos que pedir la vuelta de “El pajero” toreando con una silla. Y eso que fue el gran sinónimo del helado por estos pagos del sureste hasta que se instaló la gran, no sé si democratización del sabor, esa inauténtica pluralidad bajo la que late el regusto de una misma base más sus añadidos más o menos de artificio. 

En 1976, cuando los últimos (chambileros) mohicanos paraban entonces por la calle Tejares, en un reportaje para la delegación de Pueblo, me aseguraron que ellos ya no podían surtir de los sabores que les demandaban. Y al poco, desaparecieron. A la gente le había dado ya por la stracciatella, la UCD, el yogur, el PSP, el nugat  o Euskadiko Eskerra. Y el mantecao, como otras cosas, desapareció. Y desde entonces casi todo sabe a nostalgia de verano. O peor.   

miércoles, 9 de agosto de 2023

Pasados

Por paradójico que parezca, conforme caemos en la vejez -ese es su verbo-, más que sin futuro, lo que nos quedamos es más bien sin pasado. Desde que el poder va de bueno, y te acicatea con la zanahoria de la esperanza de vida creciente, el todavía eres joven, la filosofía parda de que hay que vivir el presente y el carpe diem, el pasado pasa a ser un terreno abandonado por sus coetáneos, tan embebidos en vivir el momento cada cual a su aire (y desde el covid, más), y perdido de maleza y solitario se convierte apenas en una borrosa memoria virtual tan individual y subjetiva como sospechosa. 

Por algún motivo el pasado de los que aún podemos recordarlo juntos, por ser todavía muchos, no interesa. Y sin embargo, se hace todo lo posible por aparentar la recuperación de una memoria común que sea tan asumible entre generaciones como edificante. Solo que tal memoria no está en el pasado sino en el presente, pareciendo más bien una visión del mismo a partir de hechos pretéritos más o menos relevantes e idealizados, con los que se elabora un relato, una peli (basada en hechos reales, que se dice) contada con un forzado lenguaje actual para hacerla entendible, aunque esté ligada (y esa es otra maña que se exhibe como valor) a un tramo específico de población mínimo y deslavazado casi desaparecido, cosa que impide tanto la puesta en común -que no es lo que se persigue, sino su injerto en las generaciones más nuevas- como el debate de sus lagunas. 


Todo lo cual facilita la erección de ese pasado concreto -leyendas incluidas, que la escasez de testigos favorece- como único referente al que retrotraernos todos como sociedad. En esa impostura básica radica la memoria histórica que para funcionar necesita, de un lado centrarse en una época, prácticamente no recordada (ni requerida) -lo cual puede ser un buen comienzo según para qué-, y de otro ignorar hasta erradicar otros pasados como pueda ser el de los hijos de esa época “heroica”, de la postguerra y después -el de los nietos apenas si existe, y está todo en internet pasado a cuchillo por la wiki, ese otro poder-, un pasado 
más accesible por cercano y vívido por más compartido, y seguro que igual o más aclaratorio para los más jóvenes. Pero no.

 Quizá sea para no opacar el gran objetivo de que todo gire en torno a un tiempo y una gente ya desaparecidos y, por lo tanto, del mito, ya que en esto, los políticos hacen como el editor de El hombre que mató a Liberty Valance: "cuando la leyenda se convierte en hecho, imprime la leyenda". O igual tienen razón y es que todavía somos muy jóvenes para contar(nos) batallitas que sirvan de conexión entre aquel tiempo tan adorado por perdido (y hoy a la recherche) con el de los que aún no tienen prácticamente ningún pasado, y, al paso que vamos, no tendrán otro que el que les quieran contar. 


sábado, 5 de agosto de 2023

Letras pa'l cante: tangos festeros

 

En la puerta de Eroski

te vi un domingo.

Yo dije vaya tía;

tú, vaya un tío.

 

Las cosas que yo daría, sería,

por un trozo de tu cielo, Consuelo,

cositas que daría yo,

la puntita de mis carnes

y el huequecito de mi corazón,

que hasta morirme podría

con tal de volver a verte a la luz del día.

 


Al laíto mismo del agua,

fuiste a comprarme un cortijo

jugando a la lotería.

Y como no te tocó,

trajiste una cabra fina,

y vivo de su leche y de tu miel,

pero me quedo con tu boca y con tu piel.

 

Tengo un huerto de primores

con yerbabuena para las penas

y verdolaga para el mal de amores.

 

Los chivitos, para Pascua


y el rocío, pa' la calor,

y con tu boquita llena,

que me quieres, dímelo.

 

Que ni el parné de los reyes faraones

ni las yerbas de la madre celestina,

te curan del pasar de los pasares,

no lo dudes, tú la diñas.

 

Berrinches no cojas,

no tomes pesaombres,

tú, como si pasan

veinte procesiones.

 

Alevántate,

alevántate,

que la enagüita

bajo la manta

ya se te ve.

miércoles, 2 de agosto de 2023

La misiva

Es una lástima, pero no ha podido ser y Sánchez, con su esquela cortante cual epitafio, ha rechazado la relación epistolar como serpiente de verano que Feijoy inició aunque fuese de modo estulto y sin adobo. Y lo que podría haber sido un paliativo de la infamia y desencanto a los que nos tiene anclados el dúo cuya rivalidad en generar zozobra pasará a los anales del patetismo patrio, se ha desvanecido. 

De seguir curso esa correspondencia y haberse pasado ambos al género epistolar (y a los demás por la piedra, supongo que filosofal) como arma negra sobre blanco digna y bella, y hacer nacer una flor entre la mierda política que nos agobia a 42 grados con estos dos aspirantes a insignes profetas de la nada, y a los que más bien hacemos de probetas de su historia del desatino por entregas, otro gallo nos cantara, y no dos pollos desgañitados, desvariados y ágrafos. Tanto si cantasen al orto, con perdón, como al ocaso. 

“Estoy deseando volver a verte para comerte los pechos”
Esa escritura agosteña del pasar, aunque ociosa, conspicua y en fascículos, ya es algo parecido a un relato de continuidad, tanto en horizontal como en vertical hacia una sociedad tan desperdigada como anhelante, y alumbraría de por sí cierto discernimiento, cierta esperanza en las luces, tan arrambladas y olvidadas en el solazo canicular. 

No hacía falta recrear la Epistola moral a Fabio: “Fabio, las esperanzas cortesanas prisiones son do el ambicioso muere y donde al más activo nacen canas”. (Imposible, ¿no?). Ni emular a San Pablo, en especial su dirigida a Filemón (en un país más bien de Mortadelos), ni las tan sesudas como amenas entre Marx y Engels, ni las instructivas de Lenin con el príncipe (del anarquismo entre otras cosas), Kropotkin, ni las jugosas entre Hemingway y Marlene Dietrich. Y ni pensar en lo que Groucho dijo a los Warner Brothers

Pero sí fijarse en Kruchev y John Kennedy, más contrarios que nuestros frustrados epistoleros, y se entendieron. Y sobre todo en Dillinger, aquel otro epistolero que escribió a Henry Ford: “Mr. Ford, permítame que le felicite. Fabrica usted los mejores coches para huir de la poli tras un atraco”. Ah, jamás sabremos lo que nos hemos perdido. 

sábado, 29 de julio de 2023

Voto Cera

La cera está que arde para Kara(jo)te Kid. Ya sabes: dar cera, pulir cera. (A quien sea)

Maldita (in)dependencia

 También es mala suerte. Siempre dependiendo de los catalanes para todo, y ahora, en vez de Rosalía nos toca Puigdemont.

jueves, 27 de julio de 2023

A fluir

Si hay una palabra de moda, esa es fluir, que más parece la aspiración no consumada de desatrancarse, de librarse de una vida en vallado, vista como una carrera de obstáculos, un campo acotado o una playa erizada de minas, soñada para descansar más que para ser ensartados como espetos por sus púas, esa angustia con que se vive hoy lo cotidiano, incluso lo fútil, lo inane.

 Así, los jóvenes, cuyo deseo es “que fluya, que fluya”, en general, y en particular las relaciones, que no son otra cosa más que el flujo digital en pantalla líquida de la secuencia indefinida de dimes y diretes de la red, ese río circular que no nace ni desemboca en ningún lado, solo fluye. 

Y no es que se hayan hecho de Heráclito (“todo fluye”). Al contrario, la fluidez ansiada por los que vienen detrás, es interpretable, a tenor de sus propias palabras y gestos, más bien como un dejarse llevar por esa corriente sin rumbo actual sin orden o patrón aparente, lo cual es un símil de la vida a la deriva náufraga, pero cómoda, tan regresivo como inmaduro, de esa infancia veraniega con flotador -como lo

es, o debiera serlo, toda infancia; la adolescencia es cuando el flotador pincha o te lo quitan, y ahí te las apañes-, remansada y perfecta en la que crees moverte, pero sin ir a ningún sitio, pues simplemente, te mecen. O sea, que de heraclitanos, nasti. 

Y luego estamos los mayores, ese lado oscuro de la fuerza adonde ha llegado también el hambre de fluidez. No hay más que ver la obsesión del bloqueo, que anda convirtiéndose en el enemigo de la panacea del fluir. Y que tampoco sugiere un deseo del cambio permanente que el precursor de la dialéctica instaló al decir que, por aquello del flujo, nunca nos bañamos en el mismo río -de las playas no dijo nada-.

 Más bien insiste, esto de más fluidez para todos y el desbloqueo universal, en la sospecha de ser afluentes de un río tan insólito como virtual y quieto, y que lo que queremos en realidad es que todo siga más o menos como está, y a seguir ignorando que los bloques somos cada uno según nos amazacotamos. O sea que, nenes y mayores, nuevos y viejos, que fluya, que fluya, sí, pero que fluyan otros. 

jueves, 20 de julio de 2023

Películas

 En este país no hay bloques; hay productoras de relatos, con sus guionistas, sus actores y tal. Pero para optimizar recursos y minimizar riesgos solo hacen dos tipos de películas -hay más públicos, pero polarizados, dos-, que los medios distribuyen, eso llamado transmisión y servicio público, y que desde 1º de periodismo sabemos que es algo más inicuo que inocuo. 

Una de las pelis tipo es así como de realismo mágico. Guachi. Yupi. Previsible. Jugando a creíble. La otra es semificción, pero “basada en hechos reales”. Jugando a verosímil. Con decibelios, montaje publicitario, golpes, caídas y ritmo trepidante. Así que no hay color. ¿Quién va a sacar entradas para un Disney echando una de Clint Eastwood. Aunque sea mentira (algo sospechado de ambas). 

De ahí el no ir (el PP) al debate de TVE. Se hubieran hecho un spoiler. Un destripe del "cómo se hizo" Y eso nunca antes de romper la taquilla, pues en vez de taquillazo lo que se puede dar es un gatillazo. Si bien hay un refrán francés que dice que los ausentes nunca llevan razón, a eso, ni caso. Para eso está Vox, en el debate y fuera de él: para imaginar en él al PP, pero en 0,0. Incluso en abstemio. 

Así que el domingo bien podría decir Feijoy lo que Helenio Herrera: hemos ganado sin bajar del autobús. Aunque cortar dos orejas y un rabo (no adscrito a nadie, todavía) sin llegar a comparecer, no es para tirar cohetes, con esta izquierda tan cortica, desfasada y tan ilusa con la ‘suspensión de la incredulidad’ esperada ese día (a su favor). 

El concepto citado se desarrolló en el XIX para la ficción y la fantasía propias del romanticismo, y luego, ya en el XX, empezó a aplicarse por la sociología electoral a la política. Y desde que la postverdad, el fake y la guerra cultural han hecho de lo virtual algo con más entidad que la dudosa realidad, que nada entre dos aguas y nos ha vuelto tan cínicos que nos resulta más sencillo creer en lo imposible o inverosímil antes que en lo posible o cierto, en política es un puntazo, consistiendo en pensar -y actuar en modo marketing para- que el votante, que además de humano y más aún espectador, o sea  (¿triple?) tonto por naturaleza, también es incrédulo por necesidad, en el momento crítico de votar -y aún no he visto ninguno que no se considere así- se apee de su descreimiento feroz para convertirse simplemente en tonto y creerse un pastiche blandón, como es el caso en esta ocasión, que ni fu ni fa, ni chicha ni limoná.  

Y todo para perderse un thriller, aunque su argumento sea rebuscado, el guión de corta y pega, la dirección poco menos que correcta, la actuación mediocre y la música de chunda chunda. Vale. ¿Y no acercarse por el módico precio de un voto al mal, aunque sea metafóricamente, a esa relación con el poder, tan confusa y oscura que tanto llama al animalico que llevamos dentro? Venga ya. Pero si lo dijo el mismo Aristóteles, que un poco más, y se hace socialdemócrata: es preferible una imposibilidad probable a una posibilidad improbable. Pues ahí lo tienen. El porqué nos gusta tanto acercarnos al abismo. Y estos, pensando en la 'suspensión de la incredulidad'. Menudos analfabetos. Y es que no leen pero nada. Ni la Wiki.


martes, 18 de julio de 2023

El istmo de las nanas -cosas del veranazo-

 

Viajes con mi primo. Libro de entradas y salidas de Mediwat López. Impreso en hueso de fémur de equino de primera; sistema odontográfico para lectura láser. Ejemplar único. Museo de Cultura Hincaica. Cuentacuentos: Hermeneutina López. 

Todo son átomos y entre ellos lo único que existe es el vacío. Demócrito

 Los sitios que no fui/ son un futuro/ de postal en mi mente./ Qué suerte que haya tantos  /viajes postergados / al fin, como la vida.

 

Cuando mis dos nietecitos pascuales vinieron de merendar su compuesto carminativo de sales de eneldo y aliaga, y me lo trajeron, no me sorprendió. Habían encontrado a su autor dormido, y al ir a bigotearle el costillar arrodalado por una tiña añera, una garrapata salió del carrizal de su pelambre y se asustaron: “Mira, un hueso. Cógelo”. “No, tú que eres mayor”. “¿Por una hora y veinte?”. “A ti te dan de mamar antes, por algo será”. “Bueno...” . Lo cogieron y se fueron a dos metros, para examinarlo:  “¿Qué son esas marcas?” . “Serán mates. A los perros les van los números.” . “Arrea, ¿un hueso en clave?”. “Lo mismo es un mapa del tesoro” . “Sí, de otro hueso enterrado; tú eres gilipollas”. “ ¿Y tú, sabes leerlo?” . “No. Pero la abuela Hermeneutina sí. Una vez interpretó el esqueleto de una sardina en salazón. Estaba de buena...”. Se relamió el mayor. ”Pues arreando”, ultimó el menor.

Al verlos venir azogados, abandoné mi ramoneo estabulario y les pregunté: “¿Qué lleváis ahí, zarzaneros?”. Al menor le faltó tiempo para decir: “Lo tenía el ratonero, que está ido perdido. ¿Nos lo leerás?”. “Trae aquí. A ver...”, dije escudriñando las marcas dentarias del húmero siniestrado. “Esto parecen vivencias. No nos incumbe. Se lo daremos a Sumo”. Y por poco les doy un berrinche: “¡Nooo, güela, nooo, léenoslo antes, andaaa, porfi!”. “ Mira que no me gusta que os metijéis en la vida de nadie”. Repuse. “Además, se trata de un perro. Está totalmente contraindicado”. “¿Pero para cuentistas, los perros, no? Puede ser chuli”. “Y peligroso. Se trata de un superviviente de los Años Acelerados” . ”¿Y eso qué era, un grupo musical?”. “No –no pude reprimir una risilla. Estos críos...–. Era cuando se buscaban las respuestas. Y el ratonero era de la vanguardia”. Yo miré a los danzantes pensando en otras cosas. Tal vez en otros bailes, en otros corazones. Y casi sin querer, seducida por el duende pegadizo de la infancia, les hice bajar el nivel de su júbilo y empecé a leer bajito aquel trozo calcinado de memoria...

“Hola, qué tal. Para quien le interese, soy Mediwat López, de los López de Casajuncaña. Nunca he padecido la hidatidosis ni la rabia y mi sentido olfativo es veinte mil veces superior al del hombre. Pero eso no ha sido suficiente para escapar al fin. Al contrario, más bien lo he perseguido desde la noche aquella en que, contra mi parecer, me uní al bandido corneja y a mi estimado Patócleto en la Cápsula de los Tiempos y, antes de mi segundo ladrido de alarma, marchábamos dejando un futuro de plastilina a nuestras espaldas entre la nube roja en llamas que nos cegaba aspirándonos fría como el sudor que ahora siento... 

Después, el deslumbrón se deshizo en volutas en una niebla seca, y el universo de fuego desapareció. Debido a la deshidratación, las fibras nerviosas de mi superdotada nariz quedaron bajo mínimos, y no pude indagar más sobre la película. Recuerdo, eso sí, el aire insulso enrarecido, similar al del salón de mis amos. Y que el huevudo Brevon me guiscaba:

–¿Y tú dices que tu mucosa olfativa es una maravilla? ¡Una puta mierda! Un humano, con su porquería de 0.006 milímetros y drogado, huele más que tú.

 Menudo viaje me pegó, con su alma de chacal.

Cuando ya estábamos bien perdidos en la perdición, atisbamos entre la gasa de niebla aproximarse un reflejo material. Algo que incluimos en el esperanzador grupo de los objetos, y lo que al fin se plantó ante nosotros era un fiero guerrero con el casco abollado. Y va y nos vocea. Aunque al menos sabemos que somos una presencia:

–¡Eh, vosotros. Soy Hermes, el mensajero de los dioses, dios mismo de la Astucia, la Suerte y el Robo, y vengo a escoltaros hasta el Hades. Así que andaros con ojo!

De manera que lo creemos, por la cuenta que nos trae.

–¿No queríais espíritus? Pues ya estaréis contentos –les digo, nada satisfecho con mi destino. Y le seguimos sin resollar porque, como es dios, va a todo puño. Pato le grita, desjarretado:

–¿Adónde vamos, buen Hermes pederasta? –Pero no le contesta. Menos mal. Porque mi amigo confunde los términos y éste debe ser uno de los dioses más groseros de por aquí. Por fin se digna, pero sin volverse:

–A cruzar el Aqueronte. Yo no sé por quién venís recomendados, pero debéis de tener un buen agarre. Aquí todo el mundo lo cruza con sus huevos. ¿Lleváis los óbolos?

Nuestra extrañeza es intensa. Y Brevon, que no se corta un ápice, grita:

–No, pero el pato puede recitarle el listín de especies en extinción en un pestañeo.

Hermes da paso y medio y se para. Luego se vuelve. Su mirada es mortal. Nosotros también nos paramos. Yo pienso: “Ya está, ahora nos desintegra de una hostia”. Pero no. Sigue. Peor. Como es el dios de la astucia, espera que te esperarás. Y en efecto; por lo menos por lo menos estuvimos dos o tres años luz corriendo como galgos hasta llegar al Aqueronte. Al acabar, y sin dejar ni descalzarnos:

–¿Qué, algún chistecito más? –Reta. Si se le ocurre al bocazas de Brevon decir algo, le pego un bocado que le quito la cabeza. Y, reventados, al ir a sentarnos en su orilla, sale con un exabrupto, una cosa que para qué, que qué nos hemos creído, que si pensamos que él es nuestro criado, que cómo nos atrevemos a poner el culo en el reino de Ultratumba. Y entonces caemos. Pato, con mucha urbanidad, inquiere:


–¿Entonces, señor,  ésto es... el Más Allá?

viernes, 14 de julio de 2023

Cine X

 Antes, ser un morboso salido o pajillero vocacional tenía su aquel y hallaba más amparo que ahora un sarcástico o un simple guasón, tan mal vistos. 

La censura social, más cerca de la moral clerical, más benigna a veces que el nuevo puritanismo hipócrita, facilitaba espacios adonde los mirones aficionados acudian raudos, sin mirar para no ser vistos -ese juego infantil-, como acuciados por una prisa carnal al cruzar el parque hacia el Candilejas, donde les aguardaba su película X, aquel invento de sacristía para putibundos anterior a la era pornográfica en todo que se abriría paso por entre la dilución de las ideologías, la democratización del cuerpo y el consumo vicario, ese que se hace a través de la criada, el niño o el perro, y que aherrojó a un rincón en el ángulo oscuro de su concupiscencia a tanto mirón amateur y no pocos perversos polimorfos preadolescentes -móvil u ordenador mediante- que hoy son legión. 

Aunque no se vean. Mejor pensar que no existen. Y aunque no vean películas X, que solo es un mote, una clasificación para cine marginal, con la que los Weinstein, mira por dónde, construyeron Miramax, mirar al máximo (con películas así clasificadas en USA incluidas las de Almodóvar, cosas de la vida.) 

Pero existen. Existe todo. Aunque no se llamen así, o no queramos verlo -esa auto represión del presente: dejar de mirar, y mira que nos gusta-. En la tele echan un montón. Sobre todo en la pública. 

Así que no son marginales, aunque sean realmente X, ya que van claramente contra la Constitución, los principios democráticos actuales, sexualmente ilegales y mayormente impresentables. Pero se ve que son un servicio más de la Junta con los que Page nos viene preparando -con los toros- para ser el ejemplo en el que mirarse España, según él. Luego, no paran de hablarnos de lacras como los abusos, el machismo, la violencia de género, el racismo, y que la mejor solución es la educación en valores. Y por las tardes, otra castaña criminal. 

Eso sí, al final siempre aparece el letrerete de no ser muy acordes con lo que hoy se espera de un producto cultural. Así, como perdonando el bollo por el coscorrón, ¿para quedar bien? Será con ellos mismos, que es con quien nunca aplican la tolerancia cero.

jueves, 6 de julio de 2023

Miedos

 

Cómo lo verá el pobre Sánchez para basar su campaña en eso tan primario y traidor que es el miedo. Y gritando, en falsete, ¡que viene el lobo! (al que él mismo dio el biberón más de una vez), refiriéndose a Vox, al que los votantes para colmo han aceptado ya como animal de compañía; pero también -y esto sí que es patético-, a sus socios de régimen y con quienes vienen negociando todo lo negociable -y lo que no- en este jueguecito secular que ya huele llamado España. 

Y sin embargo, el miedo funciona. En el 93 funcionó. Y el Psoe se mantuvo agarrado a la brocha mientras le birlaban la escalera. Y ahora, igual salva los muebles (que se diría es a lo que van) y no queda en la oposición peor -o sería su ruina- que sus socios de izquierda, más aptos para el motín, el piquete y el pifostio que el cambio de paradigma político en marcha -París siempre va delante- seguramente conlleve. 

Y si algo sabe bien Sánchez es que una sociedad limitada de cargos públicos, sin presupuesto, móvil ni babosas alrededor, tiende a desaparecer. Es su miedo. Y espera que el de la gente a los fantasmas y al tío del saco, le guarden su viña. Y el que pueda darle al PP tras ganar con un planteamiento ideológico de guerra cultural (y mieditis) y nada más -otra alternativa que tal baila-, a quedarse solo ante el peligro de los antisistema, viejos y nuevos, le facilite esa supervivencia, amenazada a juzgar por todos esos analistas ‘serios’ que machacan a Sánchez, pero salvan el partido, que es otra cosa, sin decir el qué. Más miedo. 

Y es que el miedo está sobrevalorado. Sobre todo por los que lo utilizan para manipular las opciones de la gente. Y sí. Hay un 30% de electores, tan lánguidos como peligrosos, que tendrán una relación poliamorosa los últimos días de campaña. De lo que resulte, si hay tema, con o sin penetración, con o sin mamporrero, depende la noche electoral, en la que se bebe y llora más que se fornica. Y ahí el miedo jugará un papel. Pero no piensan -por vivir en sus nubes- que a 40º a la sombra y tan contentos por soltar 30€ por una de sepia en el chiringuito, ¿quién dijo miedo a votar lo primero que salga de la chepa?

jueves, 29 de junio de 2023

Reciclaje

 

Más pronto que tarde nos acabamos convirtiendo en ganado. Aunque no por ser actores, que eran para Hitchcock el ganado por excelencia, sino por dejar de serlo; o, mejor dicho, cuando pasamos a ser simples figurantes, y eso con suerte, o aún peor: extras; ya sea con una bolsa en la mano por la calle, o recogiendo la caca del perrito del césped (que cada día estoy más seguro de que lo plantan para ellos) o apoyancados frente al ordenador, la caja tonta 2.0 del momento. 

Un ganado tan pasivo como productivo para las clases dominátrix que toca servir, esas del amplio espectro (pues espectrales son las cosas del zénit vital) que va desde un político a una nuera o un yerno -y ay de quién le coincidan ambas categorías-, o un pobre oficinista de banca, o un repartidor de paquetería, esa precoz ganadería a motor. En fin, que al viejo y al bancal… 

Pero si el voto, el servir a la patria yendo al supermercado o hacer mandados ya suponen actividades más que lucrativas para sus beneficiarios (que queda claro no son los que las llevan a cabo), es cuando se pelecha cuando los subproductos de los mayores -que en puridad ya no lo son por estar en horizontal y no pueden decir ni lo que Groucho: perdonen que no me levante-, más útiles se manifiestan, y ahora para el público en general.

Pues es al morir cuando más colaboramos al bien común, por el hecho mismo de hacerlo, y en especial por poner en circulación las cuatro cosas de uno, que en realidad suelen ser dos: el coche y la casa, que enseguida se ponen en venta, facilitando, por un lado vivienda para abaratar las que no se hacen, y el coche, que hasta por piezas sirve contra lo imposible de los nuevos. 

Lo cual es un anticipo de la fábrica de reciclaje que pasamos a ser en sí mismos, con órganos para trasplantar y todo los más cuidados, al pasar a difuntos, de clase pasiva a concesionarios de artículos de segunda mano. 

No me digan que no es para merecer, a título póstumo, naturalmente, aunque fuese una medallica por los servicios prestados al PIB y contra la inflación. Ah, y a la lucha contra el cambio climático. O una mención, al menos. Aunque sea de segunda mano.

jueves, 22 de junio de 2023

Edades

Dice Arcadi Espada que la política debería estar vetada a los jóvenes. No sé si incluye a Biden, que acaba de pedir que le pongan otra (con tropezones, y por picar algo), pues la juventud va desde tomar la primera comunión hasta la Preysler, un suponer. 

Aunque creo que el periodista se refiere más bien a los treintañeros (as, más bien) que ejercen el poder, algunas de los cuales han dado razones tan sangrantes como no concluyentes para darle la razón. 

Por lo que pienso que más bien el veto es a que gobiernen más que a la política, pues en qué escuela del crimen mejor que ella podría un joven prepararse para la existencia, y graduarse, bien como egresado vacunado de por vida contra ese virus, o reenganchado en ella como asesino de reemplazo a un postgrado para ejercer en eso que el cinismo histórico occidental denomina bien común y que se lleva a cabo mediante otro sarcasmo de marca mayor como es el famoso arte de gobernar (inventado por Maquiavelo, ahí es nada), que es como elevar a canon platónico el oficio de la carnicería (y charcutería) o la pesca a gancho del atún de almadraba. 

Por lo demás, el joven, y ahora más las jóvenes, que les toca echarse alante, a cambio de aprender supervivencia solo pueden aspirar a servir de morralla para el caldo, o pagapatos del juego -y conste que es bajo precio para tanto aprendizaje-. 

Un buen ejemplo es Irene Montero, aunque no haya escatimado en dar pábulo a críticos con su carácter vehemente, personalización verborréica e imagen intransigente. Lo cual, con un chalé y una posición ascendente, jode. Y más, a la izquierda. 

Por eso quizá se convierta en la única dirigente no derrotada y dejada para las mulillas en el próximo urnazo, lo cual, con lo que viene, que es política pura y dura, no apta para memo/as bienquedas, con sonrisa de pata de gallo y el jijí jajá como estrategia, tampoco está tan mal, porque va a hacer falta mucha juventud y mucho iluso. 

Y mucho error y mucho ridículo. Por eso Biden hace muy bien en pedir prórrogas. No por viejo locati, que eso está claro, sino por payaso. A veces es lo que toca para que el circo siga. Y si la juventud no baila… 

jueves, 15 de junio de 2023

Profundidades

 Si ya es difícil saber lo que piensa una mujer por dentro, ni te cuento lo que será saber lo que piensa por fuera.

Cosechas

No creo que haya ningún animalista, antiglobalista, antipesticidas, ecologista fanático, loco de la macrobiótica, tarado antiagricultura convencional o simplemente contrario a la modificación genética leyendo esto, y me alegro por ellos. Pero, por si acaso, hola, qué tal, traigo malas noticias, no para ellos, que seguro que comen, y hasta de caliente; sino para su ideología, aunque la práctica ya sea otra cosa, pues una cosa es comprender el mundo, que según Coetzee, el Nobel que tuvo que huir de la ceguera intolerante negra (mamada de los blancos), lleva directamente al fracaso, y sin embargo, pulsar el botón adecuado, al éxito”. 

Y hoy por hoy, de botones -y de llorar a pleno pulmón por el planeta para seguir comiendo-, se sabe bastante. Aun así la realidad es tozuda. Tú puedes ser todo lo poeta de la vida que tú quieras (aunque sea de haikus), pero España no producirá este año ni trigo ni arroz suficiente. 

En los 50’, una cosecha así suponía restricciones, mercado negro, enriquecimiento monstruoso…, y hambre. Que vaya tontería; se trae de fuera y listo. El famoso y denostado sistema global criminal (que lo es) proveerá. Solo que eso es pensar en términos macro neoliberales, aceptar que gracias a las siete grandes compañías -de las cuales ninguna cotiza en bolsa- que manejan el asunto, comeremos, aunque metiéndote por el galillo todo lo que les venga en gana, sea química, genética o rabos de mandril. 

Y a tragar. Y gracias. Pues, debido a la carestía, inflación y desabastecimiento, aquí habrá que espabilar para que el hambre (la de verdad) no caiga sobre quienes dependen de instituciones de comidas y bancos de alimentos, ya vacíos (y más que se espera estén). Y como el hambre no engorda más que al que hambreó, pregúntale a quien la padezca si prefiere pan duro o ninguno. 

Y volveremos a llevar razón en lo mala que es la guerra y la codicia, y la Bayer. Algún desesperado le echará la culpa al azar, que como bien dijo Benjamin, es lo dejado de la mano de Dios. Y mientras, los chiquillos, descalzos (es un decir); y alguno, hasta con hambre. Pero, ¿no habría que salvar la tierra empezando por ellos? 

martes, 6 de junio de 2023

El debate

A nadie le gusta que le digan la verdad a secas, como plato único. De hecho, la sinceridad es hoy algo incivil, y un pecado, un vicio tan secular como religioso en un mundo en el que todo se funde en el patetismo de la corrección. 

Antes, cuando aún existía el futuro, eso que hay antes del postre, inimaginable ya, del retiro feliz, se podía decir (la verdad) como antesala del segundo plato. Así se lograron las grandes victorias, con sus millones de víctimas también. Pero en pleno futuro-presente, o viceversa, ya no hay nada creíble que prometer para después. Ni carne ni pescado. Y la realidad resulta tan sucia, profana y vacía que solo a un imbécil se le ocurriría sacarla del arca para venderla. 

El buen paño prometido ha de venderse sin exhibirlo. Relatándolo. Charlataneándolo. Eso lo entendió hace tiempo la derecha, por así decir, y cierta izquierda, por así decir, criada ya en las nanas y cuentos virtuales del nuevo mundo. De ahí los achaques contra ella por querer jugar con la baraja del enemigo, la comunicación o propaganda del más allá; o la indecisión sanchista de recurrir a lo hecho -lo real-, como meritocracia positiva, corriendo el riesgo, claro, de evidenciar también lo que ha dejado de hacer, como por ejemplo: 

-Mejorar el sistema de autónomos o los servicios de la dependencia.

-Digitalizar la justicia.

-Ley de familias, del ELA, de salud mental, de equidad del sistema de salud, del derecho de defensa, o contra el fraude, de protección laboral para trabajadores enfermos graves, de la libertad de expresión, de acceso a banda ancha en el campo .

-Nacionalizar saharauis nacidos bajo la soberanía española.


-Gratuidad del primer ciclo de educación infantil, etc, etc.

Así pues, de salida, la ventaja es para los charlatanes capaces de vender la nada como segundo plato. Aparte de que el rojerío, tratando también de vender ese segundo plato, y en aras de la verdad, además, se volverá a asar en las parrillas (tanto mediáticas como sin mediar), favoreciendo así al redivivo bipartito PPSOE, y aunque esa inmolación sea insuficiente para ninguno o incluso no sirva para nada. 

Pero una cosa está clara. En el debate de mierda -o debates: seis toros, seis, ha pedido para encerrarse el Niño de Moncloa- que se avecina, el primero que eche mano de la realidad para intentar vencer -convencer es otro mito-, ese, pierde.

jueves, 1 de junio de 2023

El vínculo

 El Día de la Región maté un pollo. No tenía culpa ninguna, pero es de lo poco que hoy te dejan matar -ni siquiera el hastío, ni siquiera un candidato derrotado, ni de risa-. Pero vamos al turrón. Matar un pollo es, según los clásicos, un acto poiético (¿la ética del poio?), tan metafórico como real, un lance lacaniano donde los haya, que, como no pienso ir al psiquiatra (ni a votar) doy por bueno -otro cantar sería la forma de ejecución-.

 E hice un arroz. Ya saben, esa cosa que facilita la confluencia -y que si la Yoli supiera, no tendría tanto problema con las adhesiones inquebrantables- y une a la familia antes de la herencia, siempre que haya pollo, algo garantizado en la familia, una madre que lo haga, y una herencia, o si no, mejor irse a un chino. 

Y no es que celebrase nada. Si acaso estar más vivo que el pollo. Era para buscar en mi interior ese algo que echo en falta como nexo tribal con mis paisanos. El vínculo. Pero lo único que sentí fue un trozo de pechuga, muy torticera en esos bichos camperos, anudada a mi esófago. Aunque una vez trasegada me sentí igual de deleznable, impropio, desarraigado, contrario y apátrida que siempre. Sin identidad, anómico perdido. El único hecho diferencial entre yo y mis paisanos era un trozo de pollo rebelde. 

Ya sé que no es tan raro, y conozco ese desánimo de no pertenecer a ningún corral que puede llevar a verse inferior, incluso a la disfunción eréctil. Y haces lo que sea por integrarte donde sea. Eso pasa, eh. Y apadrinas a un gabonés o te haces defensor del oso cántabro, o poeta, que es otra patria. 

Yo, pues, quisiera sentirme de algún sitio, aunque fuera bable o panocho. Pero más allá de dos o tres calles de mi casa, nada. Y mira que me sale solo lo de gobanilla o repalandoria -y como me miran raro, crecen mis dudas sobre el entorno-. Y no me pierdo ninguna de esas españoladas rancias que da la tele regional, justificadas al final con un letrerete advirtiendo de ser inconstitucionales (¿). Y he tratado de ver los toros. Y hasta a Ramón. 

Pero no puedo. Estoy como vacío (bueno, después del arroz no tanto). Así que, menudo día pasé. Y si no el pollo.