El gachaperomental español es monumental. La mayoría está de acuerdo con el “madurazo”, pero la mayoría, también, cree que va contra el orden internacional. Con un par.
El gachaperomental español es monumental. La mayoría está de acuerdo con el “madurazo”, pero la mayoría, también, cree que va contra el orden internacional. Con un par.
No quiero pensar que Trump
captura y secuestra a Sánchez. Es capaz de dejarnos de presidenta a Margarita
Robles, a la Yoli o incluso a Marlaska. ¡Auxilio!
La gran carrera de propósitos del año acaba de empezar. Sin muchas novedades, la verdad. Sánchez, con su pertinacia numantina de engarabitarse al gotelé monclovita;
Dentro de nada, como quien dice, los máximos defensores de la limitación (y devolución al remitente) de inmigrantes serán los niños que ahora mismo y desde hace un tiempo están naciendo en nuestras maternidades de padres que llevan aquí cuatro días o incluso acaban de llegar.
En la enciclopedia Álvarez mi quinta aprendió que, mucho antes de existir España, hubo un caudillo que ganaba batallas después de muerto.
El imaginario colectivo del bienestar es bien sabido que va por barrios. Así, aparte de algo que garantice la supervivencia, si en Francia, por ejemplo, empieza a serlo el transporte, en España, por cuestiones históricas de escasez, culturales de apego y laborales como el horror
(De la colección Relatos para espantar al miedo. Magacín para la Realización Animal.
Descatalogado.)
Soy Nila López y hago crónicas. Y he visto muchas veces a los humanos. Pero no olvidaré la cara de Lido, la pequeña pata, cuanto su madre, pensando que la gripe aviar se la llevaba al otro barrio, la acompañó a verlos por vez primera, quizás como un regalo, quién sabe si para escarmentar la enfermedad, a sabiendas de que los humanos tan pronto dan la vida como la quitan.
Si hay algo de lo que todo dios habla y nadie sabe lo es, eso es la dichosa libertad, eso que cada uno siente a su bola. Así, los hay cuya libertad consiste en irse de putas. O en tener veintitrés móviles, como Koldo. Qué tío más grande. O en chupar picaportes.
Los viejos no viajamos (o viejemos) porque podemos, por el tiempo libre o por aburrimiento, sino por ponernos al día.
Tengo los ojos tan hechos
a gobernarme en lo oscuro,
que cuando miro tu cara,
con tus ojos me deslumbro.
Cuando tenga la Internet,
con (tu cara) mis ducas voy a hacerme
una paginita web.
Sé que no tengo perdón,
pero disculpa, muchacha,
el prontito que me dio.
Alabo yo tus ojos cuando me miran,
los dedos de tu mano
son como anzuelos,
la raíz de mis carnes
a mí se me eriza,
tu cuerpo es una cama
donde me duermo.
Gente no para de hablar
y hecha gasolina al fuego
para que me queme más.
Y quisiera ir adonde se fueron
los sueños del ayer
cuando se perdieron.
Y poder decir
que las ilusiones
me han hecho a medida
un trajecito nuevo.
El aire que yo tenía.
mijita de pan, mijita de pan,
te lo has llevaíto puesto
cuando coges y te vas.
En mi niñez, una película en color era sinónimo de buena. Algo así como las rubias, o las pesetas. De esta guisa nos tragamos cada callo de no te menees.
España es el país de la UE con más pobreza infantil. El triunfo de Mandani reescribe el mapa moral de Occidente y convierte la ‘segunda ciudad sionista’ en un laboratorio pro Palestina.
Por estas fechas, quien más quien menos saca a pasear su pequeña melancolía de superviviente que echa de menos a sus seres queridos ausentes.
Los adultos, históricamente, siempre hemos hecho el imbécil. Pero, no contentos con ello, pues si algo tiene la idiotez es que es agónica, también hemos hecho lo (im)posible por educar en la imbecilidad,
Todo sucede allí donde los astros
navegan sincronizados con tu pulso,
así la primavera hasta la muerte,
viajando de precipicio en precipicio;
así el dolor cauterizado por el fuego;
así mi malestar ilusionado.
Contigo, con, sin ti,
raudo galopan los recuerdos,
atenazados, roncos, sin pena
por la sed de la resaca cristalina
de pasados a flor de piel, tiranizados
en la desdicha y la memoria inamovibles,
como solo alimento ante la vida,
como objetivo cierto, casi vivo.
Así en la luz a la que todavía perteneces,
te busco donde te halles, sin saberlo,
y no me angustia más un fin precipitado
que el horroroso por contingente olvido.
Estos días la Transición cumple 50 tacos, cuando se nombra a Juan Carlos jefe de estado interino (por segunda vez desde que un año antes Franco entrase en el box hospitalario para su expedición al otro barrio),
La gira sexual de ese dúo de circo (y fieras) formado por Ábalos como empotrador sin fronteras y Koldo como su agente y pagador,
El mundo está lleno de parajodas. Una de ellas es que, cuanto más globales son los medios, más invisibles nos volvemos.
Veo por ahí que la generación Z, o sea los veinteañeros, no tienen esperanza, que es esa cosa que, además de solamente saber bailar chachachá (pues son más tiempos de bachata),
Es ley universal del consumo que el aspirante a un palacio se tenga que comprar un casoplón, el que quiera una vivienda PPO, un apartamento, quien apunte a eso una grillera,
En el mismo instante en que TVE transmitía en directo un motín pro palestino contra la vuelta ciclista, otra televisión socialista, la de Page, nos expedía sin rubor alguno una peli
Pablito Iglesias nos lo ha puesto a huevo una vez más para sacarle las corás, al saberse que lleva a sus niños a un colegio privado, y lo de rojo señorito ha sido lo más bonico que le han dicho.
Las madres de antes no iban a la Feria. Por aquel entonces, la fiesta aún no era obligatoria, sino más bien la parte de alboroque a pagar como contrapartida del haz y sustancia ferial que era el intercambio, que una vez satisfecho con dinero y enseres contagiaba su esencia mercantil al resto de los materiales con cuya liquidez el hombre saliva fluidos, vino, llanto, y se dirige hacia la felicidad redondeando con este envés de la moneda el óbolo perfecto para trasponer sin temor la frontera del solaz, algo que las mujeres, quizás con buen criterio, buscaban de puertas para adentro, considerando demasiado extramuros los gozos que con demasiadas sombras se servían fuera, en el patio de Monipodio en que la vida alegre se iba abriendo paso entre la desdicha.
Debido a esa percepción tontiloca tan humana del mundo, somos dados a creer que mientras en invierno pasan las cosas, en verano solo pasa el verano, que por cierto es esa época