Cuando tú te vas de puente hoy
con la Renfe no te vas en tren, sino con Óscar Puente.
El gobierno está haciendo lo imposible por recuperar la natalidad. Y no me refiero (solo) al apagón del otro día, una oportunidad histórica para intentarlo al menos, en plena tarde
Las paredes no sólo oyen; también hablan. Para muestra, el grafiti que vi el otro día: “Nuestros sueños no caben en las urnas”. Lo típico. Sólo que debajo alguien había apostillado, o contestado: “Por no hablar de otras cosas”. Que, al margen de lo poético de tomar ese receptáculo, y perdón por la palabreja, como objeto simbólico de la bella imagen de contención de los deseos abstractos, y hasta de los más bajos sentidos (tómese bajo sólo en sentido geográfico), me dejó con el enigma de a qué cosas se referiría el tapiógrafo, al que de inmediato acoplé en el perfil (que es lo que se lleva ahora) del tópico segmento JASD (Joven Aunque Sobradamente Decepcionado) en que suele a cualquiera que ligue urna y obscenidad con el suficiente desparpajo anticonvencional; aunque también podía haberse tratado de un sátiro canoso, un ama de casa traumatizada por el precio de las bajoquetas o una abuela necesitada. Pero pongamos que era un joven.
Hace 33 años, Francis Fukuyama, un listillo japoamericano, decretó el fin de la historia. La gente creyó que se refería al folk-rock, al pantalón campana o al capitalismo postbélico, con el neoliberalismo ya en plan kamikaze -que también-.
En la vejez no hay amigos; solamente compañeros de crematario; gente que va a Auschwitz y cree que viaja a Benidorm.
Yo no sé en qué momento se jodió la Semana Santa -homenajeemos a Varguitas-, para pasar a convertirse en otro coñazo como las Navidades pero a la inversa, en un andén hacia la huida, hacia los campos de exterminio del turisteo,
Vivimos de incertidumbres y morimos con dudas -y algunas deudas-. Y nuestras certezas son pocas (y menos que cervezas). Así, yo no sé si Ábalos es un picha brava o un pagafantas, pero sí estoy bastante seguro del triunfo tanto de Trump como de Sánchez en sus envites.
Salgo y veo a Santiago, mi fotógrafo. Viene ya de vuelta con el carrito del bebé, y al ir a verlo me dice, sí, mira el niño, y me enseña la bolsa del pan en el nido, y nos reímos.
En esta vida saber ponerse malo resulta fundamental para la supervivencia. Y es que hay mucho temerario por ahí.
Que no me tengan cariño,
pésame ni condolencia,
que he dejado el corazón
para echárselo a las fieras.
Fuego con fuego se apaga,
la piel del agua me quema
el agua que con tus manos
Iba a ir a las Fallas, pero al final me he conformado con la que hay montada desde hace años con el tornado incesante de impostura, mentiras y teatrillo vil en que ha venido a parar el torbellino de basura nacional, escupiendo miserias sin parar, y también a cada vez más ciudadanos del sistema (usurpado por el tornado mismo), antaño preocupados y hoy hasta los mismísimos de todo lo que no sean sus asuntos más particulares.
Objetivo pues cumplido: dividir la población en tontos útiles y atentos, y antisistema los demás, que, de hecho, cada día nos da más lo mismo la diestra que la siniestra (en mayoría), la corrupia, el disloque, la democracia y el sursum corda (arriba los corazones). Ahora estamos con las armas (y arriba las manos…, que te voy a desplumar).
El si vis pacem para bellum ha vuelto, o sea la instauración mundial de la Asociación del rifle. Charlton Heston estaría contento. Y también Margarita Robles, ese ninot indultat cuya trayectoria, de mujer a magistrada, de ello a ministra y de tal a belicista contentísima de adquirir muchos juguetes pimpampuneros, me hace temer que mi quinta vuelva del confinamiento en la reserva (de la comanchería de la vejez) a la primera línea de fuego, a falta de otros más jóvenes a los que quepa suponer el valor.
800.000 millones, algo que no cabe en cabeza humana, dispuestos por Europa -gastad, gastad, malditos, que ya se os repondrá la pasta-, y que son los mismos anunciados (¡qué casualidad!) hace meses por Draghi para levantar la UE. Pero ahora, en armas.
Y ahí están. Unos, que sí, pero solo si pasa por el Congreso, que es quien tiene licencia para matar. Otros, que eso es demasiado importante para que lo estudien antes los políticos electos. Otros, que no pero sí; o que sí pero no; o que nosi, peroni. O que se llame seguridad. O que les den la parte que le toque a su nacionalidad. O que sí, pero solo drones, y que pesen poco.
En fin, el despropósito fallero hispano de siempre, que está
pidiendo a gritos no solo que resucite La Codorniz, la revista más audaz para
el lector más inteligente. Sino también un poco de gasolina, y una cerilla. Y de
indultar, lo justo.
Al parecer, todo el mundo sueña. Así, sabemos (por W. Allen) que hasta los seductores tienen sueños; que (según Galeano) las pulgas sueñan con comprarse un perro; o que (por P.K. Dick) los androides sueñan con ovejas eléctricas.
Era imprevisible que el primer mandamiento sería no atentarás contra la mujer, y los crímenes contra ella los más penados, por su mayor entidad jurídica, tras su inclusión en la cadena económica por los Ford, Taylor, Stajanov y otros grandes hijos de perra
Los siglos son como los trenes, nunca van en hora. Así el XIX, que empezó en 1789, o el XX, con el charleston, el cine mudo y el fascismo.
No estoy seguro si fue el Guerra el que, toreando en La Coruña, cuando aún no era nacionalidad, y decirle un periodista qué lejos le pillaba Sevilla, dijo aquello de “lo que está lejos es esto; Sevilla está en su sitio”. Con esta paletada de carallo el torero expresaba no obstante la idea etnocéntrica tan generalizada entonces de la patria, tan próxima en la lejanía, que casaba perfectamente lo local con lo general.
Cuando los políticos se meten a albañiles, lo mejor es irse de la casa… si se puede. Y es que la cosa es mundial. La nueva era, para unos del despropósito y para otros espléndida, ya está aquí.
Hace poco, una niña recién ingresada en la ESO me dijo que ella lo que quería era tener dinero para irse a las Maldivas. Con doce años. ¿A qué? A relajarse. Que está muy machacada la infancia, oye. Y poca broma.
A estas alturas de la Dana, los únicos que han cobrado, y seguro que poco, han sido los militares que fueron al rescate del pifostio. Y porque son empleados públicos. Los demás, o sea los danificados interfectos, están a verlas venir. Lo esperado, pues.
La apropiación de la historia como propaganda, a la que tan dada es la socialdemocracia europea en cualquiera de sus versiones, izquierdista, liberal o mediopensionista, es también una nostalgia autoflagelante utilizada como venganza fustigatoria sobre sí misma en función de su pecaminosa conciencia farisea,
Las primeras Trumpadas del re-presidente, han sido más bien decepcionantes. Pese al negocio mediático mundial adoptándolo como gran rellenador de parrillas, y vendiéndolo como el nuevo Atilano del barrio
A veces me da por leer a algunos colegas, no sin cierto pudor entrometido, y no para juzgar, curiosear u otra banalidad herrumbrosa, sino para ver en qué estado de entropía (o entropeao) me encuentro.
Entre los buenos propósitos del año nuevo, no pocas mujeres se han prometido un perro; de dos o cuatro patas, pero un perro, ese animalico elevado a pseudo androide
Pasado el ecuador navideño hecho a golpe de colonias, bombones y ligueros, y renacida la esperanza de sobrevivir al cardiochristmas (o buenos días, infarto, que cantaría Billie Holiday),