viernes, 1 de mayo de 2026

Pobres pobres


España está invirtiendo en pobres, pero a lo bestia. Y todo dios, dando palmas. El gobierno, porque se supone que los pobres votarán a la izquierda. La iglesia, porque de ellos es el reino de los cielos, amén de que heredarán la tierra. Los sindicatos, porque necesitan nuevos clientes para reflotar un negocio en bancarrota. Y los empresarios, porque les garantiza el ejército de reserva necesario para que los sueldos sigan a la baja. 

Prácticamente, los únicos que no saltan de alegría son los pobres de toda la vida, los veteranos, incluso con pedigrí, que ya estaban aquí. Los que no votan al gobierno porque este ya no es de izquierdas y a lo mejor ellos tampoco. Los que ya no desean el reino de los cielos, por fiárseles demasiado largo (¿qué tal, señor, un apartamento, aunque sea de 50 metros?), ni mucho menos heredar la tierra, que hay que cavarla, y los escavillos están por las nubes (y los traumatólogos, imposibles). 

Los que ya no necesitan a los sindicatos, por carecer de un empleo que así pueda llamarse (o sindicalistas de los que fiarse). Los que ya no necesitan ni a los empresarios, ni siquiera para ser pobres. Con hacerse autónomo -establecerse, que se decía antes–, ya te garantizas la pobreza. Hágase usted a sí mismo pobre, podría ser un buen eslogan de la nueva liberación en marcha. Únete a la nueva revolución con futuro. Mañana seremos más. La nueva vía de hacerse a sí mismo. De ser uno mismo. Sea algo en la vida: sea usted pobre. 

Y es que, sea como sea, aquí somos muy de pobres. Nos enloquece sentarlos a la mesa (es un decir), invitarlos a churros, hacerles donaciones (de camisetas de Zara usadas), apadrinarlos -hay quien tiene aún sus pobres-, limosnearlos, compadecerlos. Todo aquello que sirva para estar con los buenos, que son aquellos que, sin ser pobres, se identifican con ellos, pero sin ejercer, por no poder, pues el pobre no es bueno; es solo pobre, y si te conviertes en uno de ellos, adiós redención, redimidos y redentores. 

Así pues, pobres progres pobres, que necesitan de tal inflación para seguir en voga. Bueno, y para que sus hijos no tengan que meterse a basureros, luego a luego, los nuevos ricos.