jueves, 31 de mayo de 2012

Zariegos


Dicen que Cataluña está en quiebra. Normal. Para eso fue la primera en empezar, aunque yo estoy seguro de que Catalunya triunfant, tornará a ser rica i plena. Pero eso será otro año. Y si el estado español, como ellos dicen, les da crédito. Melosicos, están. Claro, que el gobierno tendrá que pedirles algo a cambio. Aunque no creo que sea ni respeto a la bandera, o al Borbón (bestia negra de los catalanes desde que el primero de ellos les impuso el centralismo), o que no piten en la copa del Generalís…, perdón, del Rey, o el abandono de la inmersión lingüística. Más bien será algo simbólico. Alguna tontería. 
Calzoncillo tanganillo ideal como
obsequio para la transacción
Lo más lógico sería, por ejemplo, que la mayor estrella del porno ibérico, Nacho Vidal, que es catalán, que es lo que más jode, literalmente, y una vergüenza, y eso que las enseña con la mayor donosura, sea declarado transferible y pueda ser empadronado como de Becerril de la Sierra o de Sisante, para nacionalizado español, como Bankia, y ser así gestionado por Goirigolzarri, único apellido pentasílabo capaz de ser rubricado en una empresa tan penthalónica, y que sobre sitio. Y Catalunya, a triunfar, y España, de nuevo a lo más alto. Y total, por algo más de déficit volveríamos al superavit en algo. Más difícil es que nos cedan el negocio del cine porno asentado en San Cugat del Vallés, que con la prostitución en alza hoy es todo un filón, por cierto que subvencionado por la Generalitat siempre que los actores jadeen en catalán. Ya lo advirtió Freud, que si no de camas sabía de divanes, hablando del narcisismo de las pequeñas diferencias (léase el hecho diferencial catalán) o el énfasis en lo nimio, necesario para cohesionarse internamente mediante la toma de distancia con otro. Y qué mejor para ello que el jadeo. Bien traducido, claro. Duran, que no Durán, aunque dure, lo hace desde siempre. Y Mas –llamado Más por los tabloides ingleses estos días, en castellano, para más escarnio–, acuciado por las deudas, parece andar probando a gemir, por si le prueba, y a relegar lo de coger pindingui del reino, con el estado confederal y toda esa murga sacacuartos, optando más por el ronroneo y la respiración asistida, que hacen mucho más sexy lo de ir zariego por la vida, o de culo, empatillado y cuesta arriba. Por eso se han montado una película de cine, por supuesto con ayudas a la producción. Y algo porno, a juzgar por los jadeos y los vahos en la nuca, que son de adivinar. Aunque, para zariegos, nosotros, y para nuca húmeda, la nuestra.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Con un par


España se está quedando sin huevos. Ya tenemos los huevos más caros de Europa. Aunque puede que sean los más gordos, por lo mucho que mimamos a las mascotas. Unos huevos de oro. Y es que nuestro bienestar animal estaba por los suelos. De ahí que Bruselas haya instado el paraíso gallináceo como nuevo ecosistema ibérico. Y a este paso nos quedaremos hasta sin cerdos, aunque parezca imposible, en cuanto haya que transportarlos en vehículos con climatizador. Con el tiempo que aquí llevan así. Pero en Europa no se enteran. Ni del trato personalizado que dispensamos a las volátiles. Que les hablemos, dicen. Si no lo hiciéramos, cómo iba a haber tanto psicólogo en paro, o suegras sanas. Hable con ellas, o tendrá que hacerlo con la vecina, o con la tele. Y después duerma como un psicópata. Y así, el huevo sube, porque lo caro es lo más deseado –la mala fama de los carbohidratos no es porque engorden, sino porque son baratos–. La comida aporta, además de nutrientes, estatus, o sea nutriente social. Y lo que no se come, más. Como los perros, una buena inversión en estatus que con el tiempo también lo podrán ser de cara al frigorífico. Lo peor son las hormonas que les dan para todo. Pero a todo se hace uno. 
Los Weinstein Brothers levantaron Miramax en los 80 con películas X en una USA donde un perro empalmado era pecado de lesa patria. Pero como la gente, de todos modos iba al cine, la solución fue adoptar toda una panoplia de normas destinadas a paliar los aspectos más salvajes o vistosos de la conducta sexual perruna, para que sus dueños pudieran aumentar sus propias cotas de libertad. Sacrificaron al perro que tenían dentro (de casa) para que pudiera salirles del todo el suyo propio. Un acto zoofóbico de imposible perdón, que, por extensión imperialista, se tradujo en toda una nueva etología castradora, que hizo de ellos seres asexuados tipo tamagochi, perros florero emblema de sus dueños. Y así, hay bañadores para perros, flotadores, maletas especiales de mil euros, acupuntura, cosmética. Hasta hay perros que pasean su propia línea de ropa. Como los artistas. O como quien vista restos de hace veinte o treinta años, como yo. Está claro, pues, que los perros están oprimidos. De ahí las marchas caninas por su libertad, amnistía y estatut de autonomía. Para labrarse un porvenir. Aunque perro labrador… Pero ¿quién tiene algo qué morder, si ahora todo pasa por la minipimer? Es igual. La lucha por los derechos no acaba nunca. Y dos huevos duros. De gallina, of course.

Ahora sí

Estamos perdidos. Ahora sí. Rubalcaba y Rajoy han empezado a hablar. R que R. Y a conveniar, que se dice en idioma engañabobos. A preocuparse por España, a unir fuerzas (aún más) y mirar por el futuro. Así es que estamos perdidos. Uno a uno, vale. Pero juntos... Y si al menos se casasen de verdad, o al menos declarasen ser una pareja de hecho, sabríamos a qué atenernos. Pero no. Encima se tiran el numerito de defender cada uno su programa, su ideología, su plan y su discurso, mientras bajo cuerda acuerdan todo sobre Bankia y todas las empresas e instituciones que han manejado ellos y los sindicatos, se apañan la justicia, arreglan la administración y tratan de enredilar hasta al último buhonero del país. Ha vuelto el consenso, la escena del sofá: la partitocracia. En todo su esplendor. Como sucede siempre que estamos para la puntilla. Y mientras cantan su canción preferida, la de "todos juntos en unión, defendiendo la bandera de la santa tradición", aún se quejan de que la gente esté llegando otra vez a la conclusión de que el principal problema son de nuevo ellos: partidos y sindicatos.  

jueves, 24 de mayo de 2012

El móvil


Ayer a más tardar, Rubalcaba llamaría a Rajoy nada más volver de su andarismo internacional y penoso deber de gallego errante buscando guita por el mundo, para emparvarlo y ver de unir fuerzas para acabar con esto definitivamente, quiero decir sacarnos del truño y dejarnos ya de alcomenías. O al menos eso dijo, que ya tenía su móvil y al mismo aterrizar le tocaba, que ni jet lag ni leches, o mejor así, con la modorra (y la pachorra –aunque, pa chorra, otras, o este inciso–). Suerte que tiene, de estar a verlos venir. Y que los políticos, lo mejor que pueden hacer en este momento es estar, vivir a pie de aeropuerto. 
Mensajería exprés, con aparato y todo
Pero para suerte, suerte, disponer del móvil del otro pureta. Y el sumun ya, tener un móvil, quiero decir el aparato (y para aparato, el de Rubalcaba, casi nada al aparato), el chisme, el adminículo. Eso sí que es un regalo del cielo, casi tanto como Rajoy. Porque no hay nada peor que echar mano, cuando te lo montas por ahí, te esfumas o se te va el santo y quieres echar un achaque bien echado, o estás hecho un perro sin querer hacer de comer y tienes previsto pedir una pizza, y a la hora de la verdad no lo encuentras por ningún sitio, y empiezas a mirar por todas partes, en el chambergo, en los pantalones, en donde el Matabi, como vas a echar fli a las habas, para el pulgón, y lo mismo te lo dejas en los terrones de alcanfor para topos, eso sí, luego te huelen las orejas de maravilla. Una vez me lo dejé en el ponedero de una americana (de aquí, no de Kansas, aunque estás también joden lo suyo) engurruñada, y yo venga buscar (ese día no comimos, ni pizza ni nada), y luego me lo encontré cagado, porque esas lo que ven lo empollan, pero al no notarle vida en su interior, fuese por acabársele la pila o por ser de Movistar, la muy jodida le soltó un gallinazo como un puño, de esos que huelen como si estuvieran lluecas. 
La naranja mecánica,
sin pelotas pero con móvil
Menos mal que gorrinos, no tengo, mejorando lo presente. Y tampoco es la primera vez que se me ha caído en las tomateras, aunque eso no es lo peor, porque entre las solanáceas, yo no sé lo que les pasa a esos artilugios, que es como si descansaran. Pero no crían tomates, eh. Lo digo por si a alguno le da gana. Pero lo peor es cuando se te pierde en las espinacas o entre las malvas. Ahí te ves mal. Ahí, como no te llame Rubalcaba, ni la hueles; bueno, ni aunque te llame, porque en el campo hay más ruido que en el bar del Congreso, y una confusión que te echas la siesta. Pero lo que es móvil, móvil, hay que llevar. Seas presidente de gobierno o jefe de la oposición. Cuanto ni más para ir al campo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

El nuevo Barroco


Desde hace unos veinte años, no han faltado estudios que interpretan algunos procesos aplicados a la española, como el tele-info-comunicativo, la partitocracia y la relación entre las nuevas élites y sus nuevas clases clientes, como señales de un nuevo barroco galáctico y pixelado. Una visión un tanto vanguardista y parcial que da por hecho el determinismo de la política en el devenir social a partir “solo” de la pauta cultural en expansión. Pero el torbellino de la crisis en espiral ha ampliado e intensificado de tal modo el campo de juego y los factores, para dar razón de ser posible estar ante un tipo de formación social que, dependiendo de lo que dure, bien podríamos calificar de Segundo Barroco (sea o no parodia), Pequeña Edad Barroca, o de espejismo, que sería lo mejor.
Arte barroco actual
Nuestro primer barroco surge de una acumulación de sinergias única en la historia que produce tal expansión acumulativa a tajo parejo, que su desgaste en la ascensión (pájara, diría un ciclista) provoca un reflujo de siglos, siendo lo más parecido a un cohete que se queda sin gas antes de salir al espacio, por su mal pilotaje, y al caer forma los fuegos de artificio más lindos nunca vistos, que es de lo que los que no han ido al Prado o leído a Cervantes siguen fardando, y no que el cohete se cayó, como de fuera se empeñan en señalarnos. Que fue la primera vez en tenerlo todo, pedir prestado con ese aval y pulírnoslo todo y más. O eso cuenta Quevedo del Dinero, “nace en las Indias honrado (el sector productivo de entonces),… viene a morir en España (en guerras, dispendios, catedrales) y es en Génova enterrado (en los bancos, para pagar los préstamos; hoy serían Frankfort o Paris).
Pero hay más coincidencias. Por ejemplo, y no es baladí, la actual “refundación” del capitalismo y su fundación real entonces en los países que aprovecharon la enorme riqueza que el comercio y los descubrimientos (y explotación de medio mundo) desataron. Mientras aquí, como ahora, se estaba más por las sangrías dinásticas, jugar a la Inquisición, por cerner la harina en harnero, despilfarrar en palacios e iglesias (como ahora en coches, palacios de congresos y aves, y de ahí los palominos), hacer de Quijotes de la cristiandad, perder cuartos y acusar de hereje al negociante, y quedar, tras el batacazo, hechos una estantigua a vivir de la sopa boba de los conventos (cáritas, bancos de alimentos, ayudas) o de la picaresca, y por cierto, con todo dividido en feudos, en taifas nobiliarias, señoríos, reinos, concesiones, cargos y encomiendas. ¿A que suena?
Cuatro siglos después, los cotolengos y otros centros de caridad o las calles, son de nuevo tomados por masas de bachilleres mendicantes, capigorristas, ganapanes doctores, transeúntes cualificados, vagabundos de carrera, o falsos peregrinos diplomados, pero también por caballeros afincados, gente bien al asalto de la sopa boba título en ristre, gente de abolengo sin encomienda, que lampan por doquier, los que no se han ido a hacer las europas o américas, como entonces, tras que el alemán de turno (ahora Merkel), arrasara con sus asesores bruselenses la comunería hispana, dando lugar a pasajes tan míseros y grotescos como hilarantes, sólo igualados en su macabrismo por Charlot, como el del Lazarillo criado de un hidalgo más pobre que él en cuya tenebrosa casa reina el hambre, que al ver un entierro y los gritos de dolor por el muerto, de “¡ya te vas donde no siempre es de noche, donde nunca se come¡”, se asusta, piensa “estos van a mi casa”, y corre hacia ella desesperado.




Como entonces, el declive ha ido parejo al cambio del estudio de medio de ascenso social a modo de apalancamiento conservador, que amamanta la titulitis y la universititis, para acabar viviendo en casas empapeladas de diplomas. De nuevo el principio de inmutabilidad (en la posición, el modo de vida, lo que sea) como base de la felicidad, según el principio de integración tradicional según extracción, genes o casta, típica base de la jerarquización en las sociedades barrocas, cuyo papel reivindicativo cubre hoy el hedonismo y el derecho a la felicidad como valores de progreso. Y venga promociones de gente sobradamente preparada con un nivelazo que es un peligro para cualquier empresa neocapitalista.
De los más altos principios a las más baja de las miserias. Y los políticos, con su acarreohablando de bóveda sobre cómo desalabear este tapial. Y los demás, venga cagar las plumas. Y lo peor no es que no haya políticos que piensen como estadistas, es decir, en las próximas generaciones en vez de las próximas elecciones. Lo peor es que ya no hay padres que piensen como estadistas, más allá del enchufillo, el puestecete o en dejar el suyo al chiquillo. Faltan ya los que querían que sus hijos fueran algo y sus nietos todo. Los mismos cuyos nietos han acabado siendo todo, pero sólo para ellos, y sus hijos han acabado en el paro en vísperas de los cincuenta. Los mismos a los que ya sólo quedan dos recursos, por cierto muy barrocos: desfilar descalzos en procesión y lloviendo, o el juego de azar, todo un síndrome del fracaso de los tiempos: Dios y el azar, o el azar como Dios.
Cuadro típico barroco. Mal gobierno, ruina, expolio de recursos por las castas chollistas privilegiadas acaparantas y sus arrimados, sociedad cerrada sin permeabilidad, aumento del trecho entre ricos y pobres y de sus vínculos de dependencia. Es la Europa de las capitales, pese a esa falsedad dicha de boquilla, ese tic, o pose, que es volver al campo, a la naturaleza, la ecología, que también es de ciudad, donde es aherrojado todo tipo de gentes precarias,  predispuestas a la trifulca, organizada o no. Léase aquí pegamoides, quinceemeros, alternativos, bachilleres, neojipis, parados, góticos, perroflautas, neojubilatas, sintechos, hastalosgüevos y hartos antisistema todos que, según el apotegma de Juan Rufo, “el hombre pobre siempre está en tierra ajena”, no consideran de respeto la iniquidad de los nuevos absolutismos y tiranías, el ajoputismo sin arremuda que pone otra vez de relieve la España descrita por Mateo Alemán: de la privanza surge la codicia, de ella nace el odio, del odio la envidia, de ésta la disensión y de ella mala orden, o desorden y lío. 



Herramientas barrocas, ya desaparecidas




La convulsión la facilita la anomia urbana de las masas, la relajación de los controles (permisividad) y la libertad negativa que suponen la frustración, la falta de autonomía real, la nueva capacidad de informarse, y el desengaño y pesimismo general que al final supone percibir la vida como peor y menos posible. Eso producirá en el barroco la cultura clásica de la muerte, y ahora la eutanasia, el aborto, la muerte digna. Poco importa que muchos de los levantiscos sean ellos mismos subalternos o mamporreros de las nuevas élites causantes del estropicio instaurado por la ociosidad, el desprecio por el esfuerzo y el trabajo, y entronizado el clientelismo descomponedor de otros valores ya diluidos en eso llamado bienestar social como derecho universal que todos creen haber conquistado (por la molestia de dar el número de cuenta para cobrar, será), aunque sea un regalo del poder para tenerlos más a su merced, para ordenar, manejar y disciplinarlos como población, y mantener psicológicamente sometidas tantas voluntades que se temen contrarias, sujetando la vida social por la vía de un nuevo autoritarismo a partir del adagio que ya triunfó en el XVII: “persuadir es ahora más importante que demostrar”Y surge la necesidad de reprimir de otro modo. Distante, diferida, indirecta. Más lúdica y comecocos. Disuadir, convencer. Por la vía de la opinión, la cultura, el espectáculo. El gusto ya no es una elaboración intelectual. Y el juicio, que en el viejo Barroco aún lo era, en el de hoy es ya también sólo una inclinación estimativa procedente de vías extra o pseudorracionales. Vamos evolucionando.
La gran contradicción de todo tiempo barroco es que si la gran negatividad social, la sensación creciente de declive general, el zarandeo e involucionismo, hacen resurgir los valores tradicionales y el ansia de seguridad, también impulsan la superación del sufrimiento con un gran deseo de goce de una vida idealizada, exagerada e incontinente, como es de prever pase tras la fase depre en la que estamos por el estado de shock y sucediera ya en los Felices Veinte tras la I Guerra Mundial. Entre otras cosas porque el poder estará interesado en esa vida espectáculo mucho más que sus actores. Y todo, bajo el aspecto de una búsqueda angustiosa por realizarse que por fuerza ha de caracterizarse por lo retorcido de sus apechusques, dentro de los grandes contrastes en que se da, combatiendo lo anterior, pero de mentirijillas, haciendo pasar por innovador y hasta subversivo lo retro, y no sólo en política, economía o relaciones laborales. Es la mascarada de la revolución reaccionaria, a mayor gloria del absolutismo de sus promotores, las nuevas élites, y adoptada sin complejos por el resto a todos los niveles.




Endivia a la Montoro, alta cocina
que te endiña.




De nuevo el teatro como paradigma (y no solo como moda cultural), un teatrus mundi de la vida segundón, pues el gran reflejo social está ahora en la tele y, cada día más, en internet. Si Lope orejeteaba los estrenos de la competencia quedándose con las reacciones del público para darle luego más bazofia, así ahora todo el mundo plagia todo y se reabsorben una miseria a otra. Las nuevas masas recién alfabetas entonces y analfabetizadas funcionales ahora, incapaces de gestionar tanto tiempo libre, pasan a depender de lo echado en el tornajo audiovisual, en forma de mitomanías e iconografías promovidas desde arriba como un regalo-castigo. Y se cultivan el rito y los contrastes imposibles del palacio-cabaña, espiritualidad-cutrez, lujo-miseria irredenta, abigarramiento y nitidez, y el derroche ostentatorio de la élite como sintagma de comunicación y emblema a seguir, dando forma a un espacio que utiliza las artes como escenario de unas nuevas relaciones que priman lo público y externo patrocinado por el poder sobre el intelecto, mientras en el nuevo espacio público-privado de internet, no menos patrocinado aunque más discretamente, es el mundanal ruido el que preside triunfal las nuevas relaciones de pulverización social en las que podemos imaginar como dómine Cabra del Buscón a un licenciado Montoro, el ministro más dicharachero de Barrio Sesamoncloa, alentarnos embazante al ver nuestras hambres, con aquello de “coman, coman, que me huelgo de verlos comer”. Y es que es para holgarse.
El rasgo cultural más definitorio de las sociedades barrocas es el consumo del kitsch. El consumo (del privilegiado) es la expresión de la relación entre lo privado y lo público y la comunicación entre el individuo urbanizado y masificado que no renuncia a ser él mismo y disfrutar su estilo de vida y nuevos gustos, algo que el poder, adulador y atento a esa nueva capacidad de aburrimiento descubierta y la demanda de una cultura asequible, manipula al ofertar a préstamo su alta cultura de rebajas, vulgarizada, precocinada y estandarizada por géneros y arquetipos a modo de imagen para automodelarse (nuestros didcult y masscult de la prescripción y la autoayuda). 




Kitsch barroco postmoderno




Es el kitsch, cuyo mensaje, con una finalidad mercantil, por proselitista y clientelar, recreativo y a la vez con una técnica efectista para impresionar con estímulos violentos de orden sensorial, sentimental o intelectual, crea estados de ánimo, reprime y modifica: recrea. Así, yendo del feísmo al delirio, del realismo (como sucedáneo de la vida, en el teatro, lo audiovisual ahora) al escapismo, de lo sublime a lo irrelevante (la extravagancia en la moda y las costumbres, el todo vale), el arte se convierte en aforo del régimen y genera la alienación moderna, la desalienación alienante que integra a los sujetos en unos marcos de representación formalmente más universales y elevados, pero no propios. Y como ahora, cunden el versioneo y la relectura, eso tan bien consignado por Tarantino: los artistas de verdad no copian, roban; el Barroco es siempre un pillaje de lo anterior, un eterno revival en forma de creatividad apoyado en el intrusismo general propio de la falsa universalización cultural que lo llena todo de literatos, poetisos, visitantes de piedras, turistas culturales, lectores entendidos y cursillistas de toda laya (las Universidades Populares como epítome del kitsch más desenfrenado), debido a la típica ansiedad intelectual del carente de una buena formación que busca el imprimatur en la cultura literaria o museística, a toro pasado. 
Kitsch no tan postmoderno
Y ahí están los intelectuales, bien sufragados por el poder, para redirigir hacia los intereses de éste todo ese cotarro de la idiosincrasia democrática identificada como opinión pública, con consignas de libertad o pluralidad, y hasta de subversión, pero del gusto y opinión plebeyos, para sustituirlos por los del amo, sumisión y acatamiento, antaño con la crítica y sátira de la ambición, el poder y el dinero, ampulosas y retorcidas, por miedo para dificultar la comprensión, y ahora con el chapurreo intelectual y la ceremonia de la confusión permanente. Es la farsa del teatro social de la inteligencia. 
El espectáculo barroco empieza con la religión, cuando el rito y el culto (hoy la ciencia y tecnología) desplazan a la fe subjetiva propugnada por Lutero, hacia la contemplación general del mito en imágenes proporcionado por los artistas a sueldo del binomio poder–Iglesia. Es la contrarreforma (aunque se llame reforma, como ahora, para eludir lo negativo). Y es el primer gran negocio del espectáculo, hoy ya superlativo, y si no lo fuera se llamaría el espectáculo del espectáculo, W. Allen dixit.



Nuestras Meninas de a pie de calle.





El público, nacido de la ruptura interesada del escalafón cultural por las élites con subproductos de la alta cultura para el lumpenconsumo, acude a las diversas escenificaciones para alimentar su mitomanía, como sopa boba espiritual, con los iconos del nuevo imaginario ingeniado para ellos por las clases dominantes para promocionarse y para darles castigo entreteniéndolos.(Entretenimiento en origen es eso, distraer a alguien de su negocio; luego cobrará el sentido de diversión ociosa). Y todo, en imágenes. La pintura y el arte del barroco son cine con la imagen presa y estática, por cuyo triunfalismo aparatoso contrapuesto a la razón clasicista del renacimiento (igual pasará al impresionismo con el neoclasicismo), y a lo dicho por Cervantes de que alabanza propia, envilece, es conducido el rebaño, como en visita guiada por una iconografía que produce catalepsia convulsiva y rechazo evasivo de la derrota del sistema, reflejado por el teatro (y ahora por la tele). Un adelanto todo emotividad y sugestión, del sensacionalismo romántico. Y todo, por ser el cristianismo una herejía semítica comunicada al mundo por otra cultura mitómana e iconoadicta, la helenística.
La gran técnica artística que plasma este gran claroscuro ideológico y social de época, de luces y sombras, muerte y vida, luz y tinieblas, es, cómo no, la expresionista del claroscuro, canon oficial de representación estética, cuyos efectos luminosos, contraste, estructura disimétrica y composición en diagonal preludian lo audiovisual, peligroso de infringir y vigilado entonces por la Inquisición como el cine u otros lo serán por el código Hays u otras censuras. El auge de falacias como el fondo y la forma, el falso bipartidismo culteranos-conceptistas (dinamiteros ambos del equilibrio clásico), no serán sino usos de la retórica como herramienta de ilustrismo oscuro o claridad chinesca, para capitalizar el verdadero objetivo: la opinión pública como depositaria de la nueva razón, y legitimarse con ella, una vez convertida en un pastiche ininteligible, entonces presidida por el secreto, y hoy por la información global. Qué más da.
Igual que entonces, la individualización, su soledad, y los viajes, el cosmopolitismo y la información, sean reales o virtuales, han cambiado las mentalidades y quebrado el modo de pensar a partir del actuar cotidiano, en una crisis permanente, y no solo del sujeto. También, la conmoción producida por el agotamiento de las esperanzas (infundadas) sobre el destino da lugar a que el auge y declive de las sociedades, formulado ya en el XVII, sea un fijo en la solución que cada cual encara con estrategias de integración personal, entonces abordada según una ética protestante (o en su contra) en ascenso, tan productiva en lo material como peculiar en su carácter e idiosincrasia, y hoy, perdida la actitud militante (y elegida la diletante) desde esa mezcla de lo peor de los restos de rancia ideología protoespañola y lo pésimo del matrimonio europeo entre Calvino y la kermés, que forma el poso del batiburrillo vital en que nos movemos, un vacío que tendemos a llenar encajando el nuestro en su enorme puzle cual figurantes de un gigantesco artesonado rococó.
El sexo es un paradigma. Sus experimentos (sexonet, gadgetsex) culminan en el bondage (que es vendaje), ceremonia de ocio sexual de la dominación que liga el deseo a la inmovilización y estimula la libido con adrenalina cediendo la iniciativa al otro (y toda responsabilidad sobre el placer), y más que una liberación que ata, o viceversa, u obra de arte sadomaso, chic o cool, como lo llaman, también legitima el poder ajeno, desmedido y desordenado que lo constriñe sin remedio, así legitimado por abandonarse a su dominio. Toda una metáfora de correaje y candado del sujeto morigerado, lábil y maleable por el tormento y el éxtasis, tan propios del barroco.
No falta, así, quien, como entonces, ve el mal en “la flojedad de los nuestros”, y no en la guerra, la crisis u otras causas. Y ése es el personal que ha de salir del hoyo. De otro siglo de oro ya no hablemos. Lo que de momento garantiza la economía es lo marrón. Si aquella vez la contradicción entre la supuesta vuelta a lo viejo y el enardecimiento real de lo nuevo, dio paso a una síntesis de ambos desde la doble perspectiva vivida entonces de estar en lo más alto y lo más bajo a la vez, hoy sólo disponemos de la segunda. O sea, partimos de la nada. Lo cual obliga a empezar de nuevo. Begin the beguine, por Artie Shaw. Lo cual no es mal principio. Siempre que no la interprete Julio Iglesias, claro.


jueves, 17 de mayo de 2012

La dictarrenta


Si hay una dictadura sagrada e intocable, ésa es la de la declaración de la renta, y es doble. Por un lado, seas o no creyente, tienes que pasar por ese confesionario laico del programa padre o Gran Hermano Fiscal, a declarar tus pecados en forma de bienes y rentas, reminiscencia de la visión cristiana de lo terrenal como el mal, y ritual de sometimiento y humillación, que con los datos que tienen ya podrían evitarnos. Si bien con la confirmación del borrador, como la de después de la primera comunión, al estar  ya embanastado, sólo con preguntarte si crees y decir que sí –ya no te piden el Credo, ni el Padrenuestro, por si no lo sabes, que queda fatal–, te bendicen y exoneran de hacer porra y arrodillar hasta el desuelle. 
Los muy lañas tiranos saben que estamos traspellados y a pique de rezar un mementum mortis, y aflojan el vencejo. Aunque no perdonen. Saben que en lo de la pela todos somos catalanes insumisos. La otra parte de la dictadura, aún peor, es que, según vean, te declaran rico y te avían. Así, tú eres mileurista y despídete de ir a las piscinas municipales por lo barato, y no digamos jugar al pádel (además de llamarte maricón), yéndosete una pasta en autobuses llenos de pensionistas exentos (y señoras) más jóvenes que tú, con el carrito de los Invasores atacado de lechugas. Que están como Helenio Herrera, aquel entrenador que decía que él ganaba sin bajarse del autobús. Y si te quejas te acusan de enojica. Y de mimado. Y que estás poncho, y que ellos sí que han trabajado hasta conseguir el carné de pobre, que si es cierto es lo único que se consigue trabajando (gran ejemplo a no seguir), lo han hecho con mamolas o dando la vara a médicos de la España de las tres ces: carné, cartilla y cupón, y una persona un voto (y no un empleo). Así que, a los pobres por la crisis hay que unir los pobres por decreto. (Caso aparte es el prejubileo de lujo –o prelujibeo– y apalancado en euros hasta los 65. Eso sí que es un laudo y lo demás beneficiencia). Y el que no esté entrampado que dé los cuartos a los políticos. Que ellos los administran. Ése es el mensaje, te llamen ciudadano o español. Lo cual anima más a seguir el viejo dicho de robar a un ladrón para obtener el perdón, y más en estas fechas. Cosa que practicamos ya entre nosotros, como buenos (primos) hermanos, pues lo que ahora viene es el Ladrón de bicicletas, o cuando, para subsistir, más que para sobrevivir, los pobres tienen (¿tendremos?) que machacarse unos a otros. Porque si algo hay seguro hoy día es que ni se sabe.

jueves, 10 de mayo de 2012

Imposturas


Juro por mis gallinas que pensaba ir a la manifa de “sin periodistas no hay periodismo”, aun disintiendo de ese eslogan y del “sin periodismo no hay democracia”. Pero cuando vi en ella a algún político con 25 años de ejercicio en su andorga, vi que me había equivocado y que se trataría de alguna otra de jubiflautas del mangoneo nostálgicos, sin la ristra, eso sí, de medallas con que desfilan los ex jefes de negociado del PCUS cerca de la Plaza Roja pidiendo la vuelta de Stalin. Y de moñigá, cogí el portante. Aunque luego, recapacitando sobre el gran papel o papelón que este tipo de periodistas adventicios cumplen en los medios, por su experiencia, su independencia, su gran amor por eso inexistente llamado objetividad, ja, ja, sus dotes y dimensión (unos más que otros), que apenas hay espacio para ellos, y eso que les dan el máximo, hoy por ti mañana por mi, me percaté de que ellos son en realidad los auténticos plumillas, por afición, espíritu y cuerpo (unos más que otros), y no unos advenedizos amateurs intrusos (como otros) que usan los medios para hibernar hasta la vuelta a la poltrona. 
Y que viva Cartagena, y la Pepa
y el Pepe, y todo lo que sea
de cobro.
Lo que pasa es que, al haber perdido su vida sirviendo al pueblo desde la mesa reservada en su restaurante preferido (y tener que comer lo que les echen, que esa es otra), no se acordaban de que lo eran. Y ahora, mira tú, con eso de haberlos pulido, han podido volver a su verdadera vocación, además de a hacer dieta. No hay elixir como la derrota. Si lo sabré yo. Pero es que algo similar me pasó ya el 1º de mayo, que menuda semanica. Me preparo, me conciencio, me asumo (padre, me acuso que hace más de 20 años que no…), me arrepiento, me arrimo tres orujos para pasar menos miedo que Cagancho en Almagro y cuando ya estoy, los veo, puestos de sindicalistas, ¡hasta de obreros!, a alguno ya no le viene la chupa, pero lo importante es la voluntad, que diría Schopenhauer. Y lustrosos, coloraos, rojos aún no, eh, gritando bien almorzados contra los ajustes que los han emparejado. Y dije, coño, estos se han perdido y les ha pasado como a Charlot, cuando huye de la pasma, se encuentra una mani y le dejan la bandera roja y se pone el primero. Pero según pasan veo que no, que no me entero, que no han ido allí a meter coleta y que el falto soy yo, y los obreros, ellos. Y me abrí, compungido y sin identidad, pero concluyendo que a estas harturas, hay políticos periodistas y viceversa. Sólo que si para ir de proletario, a un periodista le sobra con ejercer, a un político le basta con una concentración.

jueves, 3 de mayo de 2012

Extorsión


Lo del marisqueo de Repsol en Argentina y Red Eléctrica en Bolivia me recuerda a Scorsese o Los Soprano, y me ratifica en que la serie negra, sea en literatura o cine, sigue siendo el modo artístico más relevante de interpretación de la realidad, su auténtico universario.

jueves, 26 de abril de 2012

El frente


Los cónclaves andaluces de IU, tras mucho hacerse de pencas y brujulear lo suyo, han echado fumata blanca, y habemus papa y papus pues, con mucho papo, han optado por gobernar con el PSOE. A primera vista, con esta cosa del papeo parece como si que se hubieran conjurado a lo Escarlata Ojara y la decisión fuera un algo así aquel “¡juro que no volveré a  pasar hambre!”, o a comer más papas aliñás, por decirlo en andaluz.

miércoles, 25 de abril de 2012

Pep versus José

Que el mes de abril es malo, ya se sabe: lo que el invierno no se carga, abril se encarga. La cosecha de sus caídos por Dios y la primavera, raramente tiene parangón. Así, en Cataluña ya lleva dos Guardiolas, un José y un Pep.