martes, 31 de mayo de 2016

Nueva indumenta y vieja política, o viceversa

Yo no sé si se han fijado, pero la mayoría de los africanos y americanos que andan por nuestras calles van casi siempre de domingo.

sábado, 28 de mayo de 2016

viernes, 27 de mayo de 2016

Socorro, tienen otro plan


Sánchez tiene un plan. Otro. Esta vez para los 3,3 millones de parados sin prestación que van derechos al paro estructural, o de por vida.

martes, 24 de mayo de 2016

lunes, 23 de mayo de 2016

Camino de vuelta (y media)

Aun a sabiendas de que cualquier regreso al pasado es necia impostura, un empeño en mostrar el propio relato como otro exempla del apotegma cesarista, tan verosímil como inquietante, de "vence quien permanece", en lugar del cuento de inicios inciertos que siempre acaba aún peor porque termina, no obstante, es evidente que todo el que sigue aquí tiene algo que contar a los victoriosos, los que viven, incluidos los que se supone vivieron lo contado, para los cuales no deja nunca de ser una sorpresa esa vida en común pasada por las letras, sobre todo a manos de otro. Puestos así, solo se trata de esbozar, al modo naturista, algunos pasajes deslavazados, jirones cual cuentas de un rosario roto, obscenos tal vez, o así lo espero, rehilados del recuerdo de unos años (entre 1973 y 1987, aunque la Transición en sentido estricto fue entre diciembre de 1976 y octubre de 1982), a fin de enturbiar con fea tinta esa agua cristalina que nos hemos forjado como origen de nuestro paraíso, y ello con un doble objeto. Uno, para poner en solfa esa mitología de culto que se cierne divina y terrible como madre de todas las mentiras, tan beatificable como una puta. Y dos, para camuflar en esa trivilalización, que incluye al mismo cefalópodo revisionista que todo escritor lleva dentro, sin desvelarse enteramente entre la bruma, pues la verdad es tanto más creíble cuanto más insondable parece. A eso van estos apuntes contra el alzheimer propio. Quienes puedan sentirse molestos por aludidos tengan presente que siempre serán más baratos que otras medicinas.



La mata que no echó

Desde el principio se vio que aquello no iba a funcionar como gabinete de prensa, con tanto concejal como había dispuesto a quitarme el puesto, y con todos los reporteros de la pluma metidos a corresponsales fijos en el recinto. Yo era como el marido de la información municipal: el último en saberla. Y hasta de lo que llevaba entre manos Juan de la Encarnación, que tenía una concejalía muy a pie de calle, me tenía que enterar oyendo Vivir en Albacete, un programa de radio de la Cope, hecho por Paco Aguilar y Faustino López, en el que se solía fiscalizar a políticos y otras hierbas del municipio. Así que hube de ponerme las pilas en otros apartados de mi contrata, como la publicidad y la divulgación, por cierto más gratificantes, aunque más laboriosos. Y me centré en los programas de radio y en el periódico mensual Altozano.
Meses de andadura después llegaría a la conclusión de que si aquellas vías habían sido posibles y lo que me dio finalmente cuartelillo para aguantar como gato panza arriba el acoso y derribo de todo el plantel, fue sencillamente porque desde el principio nadie se esperaba que aquello diera de sí lo que dio ni que yo fuera capaz de desarrollarlo. El factor sorpresa.

jueves, 19 de mayo de 2016

La Patética

Hay quien nada más ver venir la vejez va y se deprime. Lo cual no es grave, sino realista. Más preocupante es quien, con las mismas, trata de que sus hijos también sean viejos, que es la peor de las corrupciones, y de las más perpetradas por padres contra hijos. Que si tragan, aún es más deprimente. 
Puede que lo hagan por una buena causa, como esos yayos izquierdosos que hacen hasta el pino para atraer a su viejo ideario a sus ideológicamente desperdigados vástagos, para ir de la mano en las manis, como el último gran placer de la senectud. Que será chocante, pero menos lamentable que los que, por lo mismo, y ya sea por soledad o por rentabilizar lo mucho invertido en descendencia para nada, al ver huir tanto al tiempo como el dinero se hacen de la causa de los hijos, aunque sea de lo más dudosa o contraproducente con la suya. 
Pero si hay algo especialmente denigrante es ver a esos puretas trasnochados cómo invitan a sus pobres criaturicas a un concierto de Bruce Springsteen, como a una reunión masona o a una sesión iniciática de espiritismo, para, con amañado embeleso, mecheros encendidos llevados ex profeso (pues ya no fuman) y lamentos compartidos por no poder beber birras, contemplar al Jefe sudar entre su bótox e injertos de pelo, como acto trascendente.
Qué papis más majos. Si tú no has hecho eso por tu prole, si no te ha invadido esa forzada euforia, esa premeditada nostalgia trasferible, esa empatía trucada, esa babosería de relaciones paternofiliales sustituidas por la de amiguetes, más falsa que una Ossa de 4 tiempos, te falta un pelo de la calva para ser un fachoso. Muchos lo harán por chochez, por explicarse sin hablar, esa aversión intergeneracional, y darse a saber a través de la afición o emociones presuntamente idénticas e identitarias. Que el hijo acogerá con complicidad no menos ilusoria. Es la última oportunidad frente al desconocimiento mutuo, antes de pasar al recuerdo. 
Pero muchos más lo harán por introducir en la postmodernidad más progre, creíble y a la vez contestona y salvaje por rockera(?), a su progenie, como un ritual de paso, para investirlos así como de los suyos, cantando Nacido para correr, y si es We shall overcome (Venceremos), que es como la Internacional gringa por lo gospel, ahí ya es el descuaje. Y te sale del alma lo de “en pie patética legión”. ¿O era famélica?

martes, 17 de mayo de 2016

ZP goes to Venezuela

Esto es nuevo, que los idiotas hagan también las américas. La idiocia se expande, como el universo o el humo de Seseña (obra de algún otro ZPirómano). Pero ahora es el auténtico, nuestro ZP, el genuino, quien acude a Venezuela para tratar de sofocar el conflicto a punto de estallar. Estamos (están) perdidos. Estallará. Y no será una voladura controlada. Un tonto es superable. Pero dos tontos muy tontos son invencibles. Y mientras, Margallo y Pastor, en Cuba. Pero eso ya es otra película: Tú a Cuba y yo a Venezuela. Para que digan que el bipartidismo ha muerto.

De la subversión (es un decir) a la subvención

Uno de los rasgos de la postmodernidad más mohosa se vuelve corpóreo de tanto en tanto cuando artistas, intelectuales o simples faranduleros optan por significarse socialmente apuntándose a causas que, por encima de ideologías, el ideario colectivo cataloga como de estricto neutro humanismo, o blancas. Así, el hambre, la paz, la infancia, la ecología, la cultura. 
De esta manera tan sutil como es el respaldo del talento que no se vende (quizá por falta de compradores), causas tan inocentes como las mentadas pasan a engrosar la recámara de la interminable lista de las ideologías con las que se libra esta eterna guerra, demostrando una vez más que no hay nadie apolítico, ni infantil ni pacífico, ni ecológico ni culto, y sí que alguien tiene que ejercer en cada momento de cuidador del homo candor, que es el que tiene que creer para vivir.
Naturalmente, entre los que a eso se dedican, los hay que van de extras o como simples relleno del reparto. Pero también los hay profesionales. Puede distinguírseles por su trayectoria, su vuelo y sus garras, y así como los hay palomos, también los hay halcones, pero en general, e independientemente de sus méritos, todos suelen acudir a la táctica de la factura para conseguir su propósito, aunque sean pocos  los que, pidiendo crédito en base a que in illo tempore anduvieron sublevadillos, consigan con sus antecedentes algo sólido o jugoso, no ya para sí, sino para su prédica y sus ideales, pues son de un filántropo que hiere, y se consideran ofendidos, y con razón, cuando se les recuerda que es gracias a su función de tropas auxiliares que obtienen la vianda y la gualdrapa, tanto si son privilegiados de pecunio o posición, como simples escritores, teatreros, músicos, pintores, cuentacuentos o probos burócratas culturales en busca de un legítimo plato del erario, sea en forma de sopa, caña, línea, bingo o bolo de provincias.
Esta movida cínicopatética eterna que toca la melodía de hoy y de siempre, lejos de apuntar, como podría presumirse, un reflorecimiento de la inteligencia como contrapunto legítimo de desarticulación de las trampas del poder, o siquiera como un apunte crítico y sostenible (que tanto les gusta), de más allá de una coyuntura,  sólo confirma, con la inconsistencia de sus planteamientos, la diletancia de su práctica, el adocenamiento de sus practicantes y el pesebrismo que caracteriza sus pasos, que ese ápice “cultural” indica más afán de sufragio que de servicio.
Se comprende que el régimen actual no dé para mucho y no inspire suficientemente a los poetas. Es lógico. La amenaza del maligno siempre reaviva las neuronas. Baste recordar a los muchos que se lanzaron a las páginas de los periódicos, a las exposiciones, los recitales, las conferencias o simplemente a la calle, a subvertir un orden amenazado por otras gentes contrarias a un régimen que ahí descubrieron como propio, y que una vez restablecido, dejó de vérseles el pelo… porque estaban haciendo cola.
Y es que por mucho euro a que hayamos cambiado, el peseterismo seguirá siendo la gran ideología prevalente en la cultureta del profundo vientre provinciano español (cuna por cierto del feroz nacionalismo), donde tanto aspirante se fragua baboso en la batalla de ser nombrado proveedor de palacio, pues el pan es a las penas del espíritu lo que la tapa dura a la encuadernación. Y de hecho, y haciendo un inserto, una de las aspiraciones más risibles por ejemplo de muchos escritores es la de ganarse el pan oficial con el lomo, pero no el propio, sino con el del libro que le hayan subvencionado, pues es cosa visible que un escritor, a más lomo –del solomillo ni hablemos– de sus libros, más escritor.
Larra, el Cervantes del periodismo que, como éste, al espicharla como autor teatral, se pasó a novelar lo del día –¿por qué los muros de este puto oficio han de fabricarse con la frustración y los desechos de tienta de las musas, una constante hoy día superlativa?–, levantó la veda sobre una realidad que todavía hoy, y yo diría que más que nunca, aún resulta paralela nuestra: un régimen caciquil en una sociedad andorguista, autocomplaciente, envidiosa y linchadora de sus descartes. 
Él hablaba entonces de los ‘vizcaínos’ para ejemplificar a los obtusos radicales conservadores que se agarraban a los valores caducos y brutales para no dejar enderezarse democráticamente una nave en la que cupiesen todos. Como hablaba de los ‘casados pronto y mal’ como los señoritos imberbes sin mayores bienes raíces, ni materiales ni culturales, que los del árbol que les cobijaba.
Hoy, cuando hay que celebrar de nuevo, porque así lo han establecido las convenciones y poco más, el año del padre del Ingenioso Hidalgo y otras vainas arracimadas a sus flecos, da que pensar si aquellos ‘vizcaínos’ de Larra no serán nuestros obtusos radicales de pega de toda laya, los nuevos bienpensantes por conveniencia, y si ya a pie de calle, los ‘casados pronto y mal’ no seguirán siendo esos eternos aspirantes a ilustres oficiales, prebostes, vates y pontífices de todas las artes y ningún oficio que forman el rimero de palacio.

Son muchas las similitudes de esa constante. Pero sería injusto no ver también las diferencias, pues contra lo que ocurría antaño, lo que ahora se precisa para obtener la subvención es un certificado de radical, una hazaña protestaria, la firma de un manifiesto, hacer bulto en un público, salir en una foto tras la pancarta, en definitiva un pedigrí amañado lo suficientemente subversivo. Sin ese sello políticamente correcto, te echan los perros, o sea a ellos, como suplemento alimentario. Para que engorden. Y no falla: cuanto más gordos están estos morciguillos, más famélica anda la prole del espíritu. Será por dinero. O por subvertir.