jueves, 4 de diciembre de 2014

Pueblismo


Los próceres nos advierten contra el populismo, osease, la ambigüedad taimada, demagogia, mesianismo, el aglutinado mítico del pueblo, esa versión reguetón del proletariado ampliado, por escasez del genuino,

martes, 2 de diciembre de 2014

El avío

Estamos a 3 de Diciembre y aún no ha helado. Esto, que en la ciudad es totalmente irrelevante, en el campo ya habría suscitado desasosiego, si no fuera porque este también es ya perfectamente urbano y a casi nadie se le ocurre celebrar San Andrés con el ritual de paso al invierno de hacer tajadas a un cochino.

lunes, 24 de noviembre de 2014

TOCATA Y FUGA DEL PADRE

Cuando los estudiosos del neomatriarcalismo electrodoméstico a punto estaban ya de incorporar a sus diccionarios mascagachas como sinónimo de padre, un hombre aseguró tener marsupia. Con un par.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Relación relativa


Hace muchos años, aunque lo de muchos sea un decir, nos pilongueábamos enfurruñados del lenguaje empleado en los doblajes de la tele. Aquel mundo miserable aspirante al progreso acababa de vestir el chospe con el aparato y todos los ciernepedos que habitábamos el universo de brasero de picón pensábamos que el idioma portorriqueño no era el nuestro, o lo era menos que el de muchos allegados cenutrios que aún seguían diciendo celómeno.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Uy, qué frío


El cambio climático se acelera, y no es porque los chinos quemen carbón para huir de la quema; o las vacas indias, sin nada más que hacer que peerse y echarse follos, emitan gases; o por los propios indios, más que vacas y nutridos a base de lentejas y garbanzos con curri (curriculum pedorro por antonomasia); ni siquiera tanta pedorra suelta y sin embargo estreñida de no comer como dios manda. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

DEL CUERO AL INFINITO

Desde el momento en que puso la pelota en el punto de penalti sabía que lo iba a fallar. Un segundo antes, el portero, en cuya mirada de bestia alienígena no había reparado hasta entonces porque la había rehuido tozudamente, le había auscultado los entresijos con hambre de fiera hipnótica y desde ese instante, desde ese error de cruzar su mirada, se encontraba entregado como una damisela tibia ofrendando el secreto a voces de su celo, creyendo ver salir de entre sus fauces la baba ardiente de la predación con que había puesto precio a su ya desvelado propósito, estaba claro ya, de tirarlo raso y a la cepa del poste.

jueves, 30 de octubre de 2014

SIN PERDÓN


Yo no sé si Rajoy ha pedido perdón o se ha querido anticipar al Halloween. O que cree que está en misa, o confesándose –en realidad lo que pide es la absolución, sin un avemaría de penitencia–, y que el desgobierno, en vez de delito sea pecado. Y la pide al ver que entramos en tiempo de venganza.

martes, 28 de octubre de 2014

TODOS LOS CAMPOS SON SANTOS (como su propio nombre indica)

Cualquiera que visite estos días un cementerio podría pensar en un reflorecimiento funerario. Pero una cosa es el culto suntuario, que es flor de un día –tres si son de calidad–  y otra el culto a los muertos, que es cada día más desleído.

martes, 21 de octubre de 2014

Aibá, mi abuela


La esperanza de vida depende de las glándulas. De las salivares en eso que se ha dado en llamar tercer mundo y que no siempre está en el quintopijo, y de otras más diversas en este solar requisado y edificado del planeta con comercial, oficinas y planta noble.

jueves, 2 de octubre de 2014

Lo peor


Lo peor no es que esto sea una fábrica de chorizos, crápulas, tironeros de pro, timadores, traficantes de sueños, castas casposas y de Armani, ordeñapresupuestos, aforrados, putiferiados electos, delincuentes por libre o en germanía, falsarios, diezporcientistas, un sitio, en fin, donde el cohecho, extorsión, malversación, fraude, mordida o prevaricación son ya palabras menores por ser desayuno cotidiano, y pecata minuta al lado de otros males mayúsculos presagiados que las dejan en mantillas. O que sea este el sitio donde más (y mejor) viven de la injuria los calumniadores, del mérito y capacidad los chollistas y lameculos, de la infamia los mentirosos y de la deshonra los proxenetas. Todos a golpe de pecho y, por supuesto, merecidamente por grandes trabajadores. 
Primer mandamiento de la sociedad basura o del malestar:
Que cada uno se lo lleve como pueda. Y el que venga detrás,
que arree.
Un sitio, por las mismas, donde menos se puede vivir del esfuerzo y de lo tenido erróneamente por honrado. Donde lo más grave ya es ser pobre, por lo que implica de sobra de vergüenza… o de fracaso en el hampa, que es peor. Y aun así, eso no es lo peor. Ni que ello comporte haber mandado al carajo los principios, los valores y las cuatro cosas intocables que nadie se puede saltar para que esto no salte; o que se haya pervertido la ley, amañado el derecho, embanastado a la justicia, dinamitado todo el sistema punitivo para que solo se pague selectivamente, detalle que agradecerán los funcionarios de prisiones, que así no van al  paro. 
Todo eso no es nada comparado con el daño causado en gran parte de los damnificados. No en sus bolsillos, en sus familias o en sus vidas. Pues lo peor es el cambio radical de ver el mundo, de percibir la realidad que la caída de la venda ha provocado en todos aquellos que iban por lo legal y pensaban que todo eso, o no era de aquí, o estaba superado; que esto era una sociedad y no un estercolero. Gente que se había ido civilizando y habían empezado a compaginar egoísmo y bien común. Y que ahora está más convencida que nunca de que el crimen no paga y lo mejor es ser uno de ellos y no un gilipollas. Gente deseando sumarse, díganlo o no, al vertedero para disputar un huesecillo, deseando resarcirse a bocados de tanto tiempo como estuvieron ciegos. Los conversos del mal. Y sí, siempre quedaremos algunos justos, pero –como dijo aquel exministro franquista– no sabemos quienes.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Hagiografías



Como todo el mundo se teme que no haya más eternidad que la de aquí (como Jordi Hurtado podría constatar), el sueño eterno de mucha gente es convertirse en santo en esta vida, por lo civil y sin más beatificación previa que postularse para ello por el morro.

martes, 23 de septiembre de 2014

El mayor espectáculo del mudo

Hace unos días la inefable Ana Rosa (Quintana) afeaba al PP el no permitirle informar como es debido sobre política y tal, al no acreditar a una reportera suya, o de su programa, tanto monta.

jueves, 4 de septiembre de 2014

El palo y la zanahoria


Para inaugurar el nuevo templo de Assam, India, en 1565, el rajá Nara Narayana les cortó la cabeza a 140 hombres. Que, si lo pensamos, es una fruslería, una minucia para un evento de tal magnitud.

jueves, 28 de agosto de 2014

Dios Culo


El culo, tapado por la moda masculina dictada por la Revolución Francesa, resurge como ente por vía femenina siglo y medio después, en plena guerra fría (¿cómo bomba de calor?)

jueves, 21 de agosto de 2014

De generaciones


Cada generación de salvamundos tiene sus propios marcopolos buscadores de especias nuevas para el guiso planeado, así como sus indios con el sueño hipotecado a cambio de un espejo donde mirarse el acné de su belfo imberbe. Siendo así que, del mismo modo en que ahora se acusa a los ultimísimos insurgentes a la mode, de ser sus referentes Irán o Venezuela, hubo un tiempo en que, si recordabas al personal que la tierra era redonda o buscabas tus respuestas, te denostaban como maoísta (aunque huyéramos del campo más que un guardia civil) solo por ir a rabisalsear (y, de paso, darnos un sabaneo) a las embajadas a por revistas gratuitas impresas en raras y todavía inconcebibles cuatricromías, cuando aquí no había más que negro y azulete
Así fue como conocimos al abuelo de Kim Jong-un (tranquilos, ya vendrán el Jong-dos, Jong-tres, etc), el osito panda perdido por Enrique y Ana y encontrado (y que ya anda) en Corea del Norte, tan tierno y adorable para nuestro actual sentimentalismo eunuco occidental como un adolincuente colonial (que parece rociado con Nenuco); ese dictador aniñado que, como criado con polpotitos por el Khmer Rojo, reina sobre el para mí régimen más kitsch del planeta, de los pocos sitios en el mundo en que el trabajo aún no es privilegio de los ricos, pues allá estos descansan y dirigen, dejando a los pobres trabajar, como debe ser, sin necesidad de créditos, crowdfunding o autoempleo, como aquí Banderas o Stallone. 
Un sitio donde los pobres lo son en propiedad, o pobridad, y, si me apuras, hasta con probidad, aun siendo la mayoría funcionarios. O sea, de los pocos lugares donde rige la razón instrumental burguesa y el orden universal, como debe ser. Causa esta por la cual debería ser considerado la gran esperanza blanca, o nacarada (y chati, que es un plus), de occidente. 
El sur, esa tentación siempre tan excitante
Atención, si no, al detalle de que, así, a su chano chano, las faldas han subido allí al menos tres dedos y los tacones dos. Lo cual, más que un gran salto hacia adelante coreano, es el Gran Salto Hacia Arriba. Teniendo en cuenta que por aquí las faldas tardaron 35 años en volver al tamaño de las de los felices veinte, parece todo un éxito. 
Pero no nos engañemos: es otra trampa, puro revisionismo, óptica y nada más, otro signo de degeneración del régimen. O que están engordando. Porque hasta aquí las coreanas llevaban pantalones, con ese su típico look de vendimiadora sexy con el que nos fascinaban. Y que además era signo de liberación auténtica. Porque una mujer sin pantalones no es nadie, como aquí se puso de manifiesto en el momento en que las nuestras se pusieron los vaqueros (y dejamos de ser cowboys de pacotilla)
Y que ya lo dijo la insigne Carmen Calvo, aquella inmensa ministra de cultura del empoderamiento por decreto: las señoras tienen que ser caballeras, quijotas, manchegas. Hasta las coreanas. Y está demostrado que, de ahí (de la cacha, y lo que venga), al tanga (rojo, por supuesto) y echarse a perder, va un paso, ya que está visto que en cuanto las mujeres se ponen en su sitio, sea o no por orden gubernativa, se acabó el comunismo.

jueves, 14 de agosto de 2014

El selfie


Muchas de las pautas de la conducta relacional de hoy, y no solo de la juventud, fueron definidas y anticipadas hace 35 años por Christopher Lasch en su libro La cultura del narcisismo, que es en la que estamos metidos hasta el colodrillo, y cuya síntesis y paradigma más preclaro es el móvil con cámara frontal. Es decir el teléfono personal dirigido a uno mismo más que a los otros. El estanque-pantalla donde el moderno Narciso se mira para gratificarse, sin estar muy claro que más allá haya alguien necesariamente, pues lo importante es verte en tetas o en tablet abdominal y que te satisfagan la vanidad a golpe de etéreos comentarios anónimos de “Me gusta”. 
En eso consiste básicamente un selfie, que es una especie de menage a trois con tu móvil y la nada. Una pajilla electrónica con tu foto inspirándote en plan chico/a de calendario. Y si alguien lo ve o lee, como es para eso, ya no es un violador de intimidades, sino un violeydor. Y cuantos más mejor, porque el buen paño ya no se vende en el arca, sino en el escaparate, eso que Goffman, hablando de nuestro teatro en dos esferas, llama frontstage, o mundo de la representación dominado por la forma, mientras por dentro, en la rebotica, o backstage, va la procesión, la verdadera. Y como no sabemos como hacernos notar, salir en cualquier medio, ser auténticos sin serlo y dejar constancia del ego, cuyo caballo de batalla es el selfie, y porque te sacan fatal, más feo que Picio y con cara de gili estreñido, la tecnología se va ya por lo que ha dado en llamar el selfie phone, o móvil con cámara frontal de 12 megas
Todo sea para evitar que el selfie, que se ha revelado una técnica de presentación peligrosa, acabe con uno, como esa pareja que pringó al hacerse uno encima de un acantilado portugués, para inmortalizar su subida allá, delante de sus niños, que se les habrá grabado de lo lindo. O que la gente, descontenta con el modo en que esa herramienta muestra tu identidad, vuelva a tecnologías más rancias de decir aquí estoy yo, como Robin Williams, el hombre a través del que hablaban los animales, o la voz a la que los animales prestaban su imagen, que se hizo un selfie con una correa, sacándose de plano a puro correazo. Por eso no hay imágenes. O que la muerte, que solo trabaja en una esfera, no necesita móviles.

Lápìdas

Quien se contempla a sí mismo no ve más allá de sus narices.

martes, 12 de agosto de 2014

El follapavas

Medio siglo después, Juanito Romances miró por la ventana del aula que daba al patio y vio que no llovía. Amagos tormentosos. Últimamente el tiempo amagaba más que un boxeador chungo. Como él mismo de zagalucho, cuando le dio por calzarse el cuero y desafiar en alguna calle perdida o en la alameda a todo aquel al que tenía ganas. Y al reencuentro de la lluvia le entró una seca somnolencia con cara de tonto de baba, de la que lo sacó a tirones del bajo de la chaqueta el niño que le pedía ir a mear.
Era uno de esos niños arrinconados, introvertidos, de videoconsola. Pero aún así pensó que querría darse un garbeo o enfollinar a la portera o incluso largarse a la alameda casi lindera con la escuela, en la hora blanca de su libertad.
En realidad, Juanito Romances pensaba en él mismo. Y su cerebro más de moviola que de maestro se transportó una vez más a aquel lugar donde le había nacido su sobrenombre a la temprana edad de diez años cortos, por su precoz tendencia a aviar pavas detrás de la galera de una vara que disfrutaba del descanso eterno en un ángulo del inmenso corral ovejero de su casa conocida como del Gavilán, novelesco nombre oscurecido por una cantidad tal de piojuelo, que la madre le tenía puesto al recinto un interdicto permanente que le prohibía retozar en él a sus anchas.

jueves, 7 de agosto de 2014

La gran evasión


En verano todo el mundo evade algo. Los tristes, el alma; los pobres, la necesidad; la inocencia la juventud; los Pujol, divisas. En fin, que cada cual tira de la manta, echa fuera las remesas de sus sobras completas y se pone de saldo, tirándose al monte, a la playa, o a quien pueda. Es la gran evasión. Liquidación total. Aquella por la cual todos tratamos de ser otros siendo al fin lo que quisimos y nunca pudimos, invirtiendo en ello nuestro principal capital: los sueños o ilusiones, que, en razón de la edad, el medio disponible más a mano, van convirtiéndose en delirios, que es como la muerte embarulla la sintaxis del sueño, que es la prueba de la rana de la vida. 
El verano que nos faltaba, derritiéndose
De resultas que el verano se reserva para vivir la vida auténtica, la que el resto del año yace presa bajo el dominio de la realidad. Y es como desprenderse de un espeso ropaje, un caparazón impuesto del que, con el calor, renegamos, para llegar a ser lo que siempre hemos deseado y postergado, aunque no sepamos muy bien qué. Es la búsqueda de ese esplendor, de nuevo, o primerizo, en la hierba (o césped artificial, llegado el caso). Y el “ahora se van a enterar esos cretinos de quien soy yo”. Y vaya si se enteran. Y luego, cuando al fin ves el espejismo al que una vez más cediste tu voluntad a prueba de soles, con los que siempre acabas perdiendo, y retornas a la propia magnitud de sueño de papel desdibujado, ves que, otro año más, fallaron otra vez todos, menos el guionista y director de la película, claro. 
Aunque al menos fue bonito mientras duró. Y también, que a la piel que te apresaba y que abandonaste para ser tú mismo, le pasa lo que a Aznavour con Venecia, que está triste sin ti, y que quizá sea tu verdadera entidad en realidad, a la que a tu fantasma de verano más le vale volver, aunque sea con la sábana entre las piernas, pues igual es esa toda la vida que tenemos, aparte la ilusión del último verano, que siempre lo es aunque haya próximos. Y ese fracaso canicular de cada año a lo mejor es la forma menos virulenta de hacernos cargo durante otro montón de meses de ese ser que cuando sube el sol al horizonte creemos cárcel de la que huir definitivamente, y cuando se acerca el equinoccio parece la única habitable. Porque el hábito no hará al monje. Pero la costumbre sí.

jueves, 31 de julio de 2014

El robaesteras


Si en verano Franco pescaba atunes, Rajoy se conforma con un rape catalán desgalichado, el rehén entregado por la oligarquía de allá bien deshonorabilizado cual caganer y presentado como un vulgar  robaesteras, casi como un homúnculo tiranizado por la señora y famiglia.

miércoles, 30 de julio de 2014

Lápidas

¿Por qué se dice sol de justicia, si ésta lo único que quiere es ponernos a la sombra?

jueves, 24 de julio de 2014

La magdalena


Los españoles, así, a lo tonto, hemos hecho otro gran negocio. Por 250€ por barba nos hemos quedado con la Caja de Cataluña. Toma ya. Y para que veas que el más tonto hace bolígrafos, y además, funcionan, encima, se la regalamos, porque nos sale, y porque nos sobra, al BBVA,

jueves, 17 de julio de 2014

18 de julio

Buscando el centro (y pa dentro), el PSOE traicionó a la izquierda y, con las mismas el PP a la derecha. Y dividido definitivamente su corazón, su escroto y su cartera, ahora no saben cómo volver con su legítima, a la que siguen cuerneando con sus queridas respectivas, que al final es la misma, otra a la que chulean.

jueves, 26 de junio de 2014

Desafueros

En Roma hay una plaza con una estatua como pillada de derribo en una escombrera, a la que llaman El maestro pasquino, cuyos  coetáneos del Cinquecento adoptaron como dazibao –ya saben, aquel invento de la Revolución Cultural con que los chinos trataban de huir del campo (y adonde fueron a parar cuando fracasó)–,

jueves, 12 de junio de 2014

Salvas

Lunacharski fue un bolchevique que murió en Francia en 1933 según venía a España a tomar posesión como embajador. Lástima. Le habría gustado.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Los oficios del verbo

Incluso en tiempos tan horrendos laboralmente como estos en los que prima la afirmación de Don Vito, “me es indiferente cómo se gane nadie la vida”, sigue llamando la atención lo distinto que se habla según qué ocupaciones, pudiéndose observar en el lenguaje un acentuado toque clasista para categorizar los oficios, clasificándolos según no sólo sus posibles gratificaciones, algo admitido por todos y que se hace abiertamente, sino también por cómo se accede a ellos, algo que en su misma enunciación ya se expresa del modo más “inocente”, delatando así el empeño creciente por acotarlos, delimitarlos, valorarlos, calificarlos e incluso juzgarlos al mismo sacarlos a la palestra.

martes, 6 de mayo de 2014

El dedo en el culo

Si he de ser sincero, y sin afán de sentar precedente, a mí, lo del apagón de los canales digitales me la suda. Entre todos no emitían ni treinta minutos diarios de algo visible. Antes, aún veía alguna película en la Sexta 3.

jueves, 17 de abril de 2014

Saber estar

Yo no sé si será una suerte o no, pero gracias a la lengua los hispanohablantes podemos distinguir, percibir y conceptuar los dos modos de existencia, que son el ser y el estar, que tanto tienden a confundirse, aunque en todas partes se acabe pasando del primero al segundo, volviéndose el vivir un estado, que al final se convierte en ese algo cochambroso e incierto donde el vivir ya “ni está ni se le espera”, que cada vez más dura toda la vida, y un Sartre redivivo bien podría cambiar su El ser y la nada por El estar y la nada, más propio de los tiempos actuales llenos de muerte social, luz de gas y defunciones anunciadas.

lunes, 14 de abril de 2014

UN MONTAJE DE MUERTE

Según los sergioleonólogos, el maestro era tan adicto a dar carpetazos a los géneros, que él, convertido en sí mismo en un género cinematográfico, sufrió la paradoja del escarmiento en propia carne, víctima del carpetazo de los productores (americanos, por supuesto), que se lo cargaron sin pestañear, como los héroes (americanos, por supuesto) de sus películas, hechas siempre con la aspiración a ser prohijadas por una americanidad tan pródiga como esquiva, quizá desgraciadamente por ser siempre también tan europeas.

jueves, 20 de marzo de 2014

Lágrimas nuevas


Desmond Tutu, que tiene apellido de detergente añejo y cañí, antes de que nos pasáramos a Omo, sin h, que era la competencia, y lavaba más blanco, como Desmond, ha pedido al gobierno más pasos en la conciliación de la cosa vasca. O sea: la reconciliación de las bascas. Y yo que Rajoy, le enviaba al obispo (la Iglesia ante todo, presidente) una copia de 8 apellidos vascos, esa peli que va a reventar la taquilla, y que amenaza con ser un buen punto de partida para la paz definitiva (menos en la Academia del Cine). Igual el mismo bishop desciende de vascos (Tuturrunoindía, Txotuturena o Porropapatxitutu), y descubre que le viene de sangre eso de abogar por pobres presos, y perdonar a las víctimas todo el mal que han hecho. (No, si ya verás tú como éste, además de algo rincojo y zarzanero, si no 8, al menos 4 apellidos vascos sí que tiene).
Decía Groucho que es más fácil hacer tragedia que comedia, pues la gente llora por las mismas cosas, pero se ríe por cosas diferentes. Lo que ocurre es que aquí se ha llorado tanto, por norma y casi por obligación, por algunas, que ahora que hay motivo para hincharse a llorar por otras (la crisis da para llenar un lebrillo), el llanto por las viejas suena ya forzado, inauténtico. Y no solo eso. La gente está deseando llorar con lágrimas nuevas, pero a poder ser de risa. Desaturdirse del embotamiento de la tragedia. Soltarse con la risión enorme de la tragicomedia de la vida, y más de la española. Lo que se dice reciclar el lagrimal. Y de paso, la existencia. Hacer catarsis. O mejor, carcatarsis, o catarsis a carcajadas. Descojonarse de tanto dramón y pasar página. Pero así, sin pasar por el melo ni la alta comedia; tirándose directo y de panzotada a la piscina para echarse en salazón como boquerones en sal gorda.
Es la tan traída y llevada nueva transición que nuestros oligarcas nos niegan y que habrá que hacer por lo civil, por lo ficticio, el arte, el espectáculo, lo lúdico, para aguantar algo más en el purgatorio (y ya que está visto que no nos los podemos quitar de encima). Porque entre la crisis y ellos, estamos hasta el gorro (o barretina, o chapela). A todo lo cual esta película seguro que colabora con su (no tan) burda risoterapia. Especialmente en el País Vasco, donde tanta falta hace  cambiar de lágrimas y echar el dolor en el adobo del humor, y debería subvencionarse su visión. O no. Que se gasten los cuartos, que para eso son más ricos, leche. 

martes, 11 de marzo de 2014

Enclave de futuro


Al final de Nebraska, la película que ha perdido, como era de esperar, toda opción a los Oscar, hay un breve diálogo que sintetiza y rubrica, no sólo la historia narrada sino también el momento sociopolítico en el mundo desarrollado, es un decir. Y es cuando la empleada de la oficina de promociones pregunta al hijo del enajenado (voluntario) con la persecución del sueño de obtener el premio prometido en la publicidad: “–¿Tiene Alzheimer? /–No. Es sólo que cree lo que le dicen./ –Qué pena.”
En este breve diálogo, casi a traición, queda resumida de forma un tanto lapidaria la gran disfunción de un sistema que para subsistir tiene que renovar constantemente la esperanza, e incluso la fe, para los más adictos, en un mundo mejor y el progreso infinito, a la vez que su angustiosa realidad tapona cada uno de los sueños que hace fecundar en sus víctimas, que para cumplirlos han de recurrir a “montarse una película”, hacerse el loco (el viejo chiflado de la peli es un Quijote, y su hijo carabina un Sancho) y jugar con fantasía y realidad para, al final, la única mejora, como salida de esa crisis, no es el camión añorado sino una furgoneta que el hijo consigue a cambio de su coche. Lo que en castellano se dice “cambiar el burro por una manta”.
June Squibb, actriz que da vida (y mucha) a la parienta del
medio demente buscador del sueño perdido (su vida),
encarnando lo que suele denominarse "cruel realidad". 
En definitiva, un largo trecho, el viaje, la vida, la crisis, el mundo, para acabar, en vez de en un sedán, en un pickup. Así es como probablemente acabe también resolviéndose la fase histórica que nos ha tocado. Pero a cuya cuenta de la nueva riqueza que nos han vuelto a prometer, ya hay preparada, como en la película, una verdadera legión de acreedores, buitres, vividores, dispuestos todos a pedirte un anticipo por lo rico que vas a ser y por la suerte que vas a tener. No importa que seas otro pobre diablo ellos. Como buenos zombies en los que el hambre nos convierte, al acecho de los pocos que quedan vivos y gordos (o así los vemos) para hincarles el diente. Lo cual es un indicio de la poca esperanza que albergamos en el cambio de rumbo vital esperado, aunque solo de mentirijillas, y que contradice la fe que de boquilla declaramos en el futuro.
Es solo que, como Bruce Dern en la película, queremos creer, el viejo  tópico voluntarismo para la vieja, ulcerosa y gangrenada herida de la realidad. Una actitud –para la que el género humano resulta de lo más apto–, la de creer, que es la aprovechada por los comeerciantes de sueños renovables y a plazos, con premio gordo o con pedrea, para vendernos otro boleto para su rifa. Y así poder seguir en esta lotería, sabiendo en el fondo que jamás tocará. Pero, eso sí –y esta es la parte más reaccionaria de la peli, calcada, por otra parte, de la vida misma–, que la resolución de ese laberinto que te rompe la cabeza no es lo fundamental, sino los vericuetos del trayecto –la sublimación de los problemas, la convivencia, la familia, la amistad– en los que vives toda la vida, para quedarte en ella, ¿a vivir? O a morir, más bien. Aunque creyendo. Siempre creyendo. Como locos. ¿Qué pena? Bueno, más se perdió en los Oscar.

jueves, 6 de marzo de 2014

Institucionalizados



Antes, tanto los pobres como los tontos eran verdaderas instituciones. Estaban bendecidos. Eran un don, la antítesis en la prueba de la existencia de Dios, que es que gracias a ellos hay ricos. Eran pues, cruciales para la poyética. Cuando no la poyesis misma. Que es la poya. Y eso se traducía en el lenguaje, hablándose de pobres de solemnidad y de tontos solemnes. Luego vino el boom, y casi desaparecen. Menos mal que pinchó la burbuja y han vuelto. Pero no es lo mismo un rico venido (o vendido) a menos que un pobre rancio. O un tonto de toda la vida que un tonto funcional. Y los de ahora son de serie, motorizados, ciudadanos, contribuyentes, digitales (frente a los de antes, analógicos), han mamado el bienestar, el estado de derecho, etc. 
Es lo que tiene la aldea global. Sólo que, como recuerda Carmen Camacho, en ella también están los tontos del pueblo. Y, no te creas, que, como dice el amigo Barrax, un tonto te jode un pueblo. Se te mea en la cuerva del Día Grande, y te lo jode. Aunque de momento se limitan a querer salir de tontipobres, como esos preferentistas que reclaman que el estado les diga cuándo tienen que vender las acciones de Bankia para obtener ganancias. Vaya un pijo. Que es como pedir a los maestros en el robo que te enseñen el arte del tirón. Y eso que son tontos.
Es lo que tiene haberse recriado en el estado garantista que te declara con derecho a todo (menos a la pela, como se ha comprobado). Como si supieran aquello que dijo Reagan, de que el contribuyente es una persona que trabaja para el gobierno, pero sin haber hecho las oposiciones a funcionario. Y que es lo que quiere cualquier malpierde que aspire a ser un pisaverdes: institucionalizarse, aunque sea interinamente. Y exige al grito de “y luego dicen que no hay cuartos”: ser pescatado, seguir siendo parte del estado, pero de la que sale ganando. 
Pues el Estado sigue siendo esa gran ficción descrita por Bastiat a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás. Y un pobre tonto no va a ser menos estado. Luego protesta, que algo queda. 
Y que vivir por encima de las posibilidades, aunque sea a crédito, es más vanguardista y capitalista, y menos reaccionario que esa prédica del ahorro burgués. Nada de ir de tocatejas por la vida. Que eso es un atraso, y al que no paga todos los días se le recuerda. Y es que los tontos son admirables. Aunque, como dijo Niels Bohr, un tonto siempre encuentra otro más tonto que le admire.