viernes, 30 de octubre de 2015

Pobres


Como era de temer, ser pobre está de moda, tras ocho años de crisis que, por paradójico que parezca, ha sido muy fértil en ese aspecto, al haber enriquecido el renglón de lampantes clásicos y al uso, de suyo ya fino y canino, con ese gran elenco de bachilleres a dos velas, mendicantes, capigorristas de pro, ganapanes, doctores pordioseros, transeúntes, vagabundos de carrera, falsos peregrinos diplomados, caballeros pedigüeños, afincados en números rojos, abolenguistas sin encomienda, o gente bien sopibobeante cuando no al hurto, entre otros. 
Y aunque parecían incontables, hay quien lleva la cuenta. Según Eurostat son ya 13.400.000 personas en riesgo de pobreza. Mal contadas, claro. 

Los hay en propiedad, de alquiler, interinos, funcionarios, mediopensionistas et alter. Los hay incluso laborales (y liberales). Aunque ninguno quiera pernoctar en albergue, para no perder opciones en el mercado de futuros de los cajeros, pobres brokers de la nada. 
Hay tanto pobre que no serlo es pecado. Y el que no lo es tiene mala conciencia por no serlo. Así que se tiende a parecerlo, para lo cual ayuda la estética impostada de la nueva visibilidad homogenizada de la cultura pobre del entorno, desde la moda a la nueva solidaridad de diseño (cafés solidarios), un trending topic costumbrista en el que cualquier advenedizo puede camuflarse a placer, dárselas de pobre, e incluso vacilar de ello, y hacer el posado del renovado victimario del día, ¡pobrecicos!, sea por autocurativo, para sentirse bien, como homeopatía, por ponerse la venda antes del golpe o simplemente para ligar, porque si no eres pobre, a poder ser certificado, nadie te quiere. 
Y el sello de calidad, el visado hacia la pobreza con pedigrí, al éxito por la pobreza, es lo alternativo, que si en lo ideológico roza lo casposo, con Podemos y otros (falsos) paradigmas, en lo cotidiano es que lo bordan, siendo su máximo exponente el háztelo tú mismo (¿también en lo sexual?), cultivarse las propias hortalizas y, el culmen ya, hacérselas a lo chef. 
El pobre gourmet, esa cúspide que más me deja autónito, ideada quizás para meternos es casa a hacer de comer, para ahorrar, y que Cáritas pueda dar abasto. Aunque, dejémonos de hostias; el ideal, el no va más, la rehostia, es el pobre con entrenador personal. Sin eso sí que ya no eres ni pobre ni nada. Vamos, un pobre.

Figuras y petroglifos













miércoles, 28 de octubre de 2015

martes, 27 de octubre de 2015

Tópico de cáncer

La gentil señorita se había entregado sin reservas. Había llegado a un punto sin retorno, y con los ojos arrasados en lágrimas rompió el silencio confesándose culpable allí donde antes proclamó su inocencia, avivando la llama del respetable público del estadio hasta la bandera, que rompió el hielo con los cálidos aplausos de una cerrada ovación ante el importante avance por los denodados esfuerzos en no cejar en el empeño de esclarecer los hechos y depurar responsabilidades a lo largo y ancho del planeta, a pesar del mal tiempo reinante, pues llovía a raudales  –después de una copiosa nevada–.
Cerrando toda una etapa, histórica, cual serpiente multicolor ,mantenía en una carrera meteórica su lucha fratricida con unos rivales asequibles por llevarse el gato al agua sin solución de continuidad y con la derrota anunciada instalada como una desgracia en el brillante expediente que, por cuestión de procedimiento, pretendía acometer aquella modernización, asumiendo las competencias para potenciar a nivel y en función de, lo que fuera más conveniente,  urgiendo ante la necesidad de poner en marcha un paquete de medidas y entrever soluciones que pusieran la primera piedra en la implantación de un tejido empresarial que promoviera actitudes con una interesante conferencia. O al menos así lo han manifestado.
La encantadora novia, creando peligro en el área contraria y con todo preparado para comenzar el encuentro, puesta en la tesitura de acercar posturas, buscó algo desesperadamente en la defensa monolítica, con las banderas ondeando al viento y las espadas en todo lo alto, lejos del bullicio de la ciudad, haciendo lo imposible para culminar una pared y disfrutar como una loca en el céntrico hotel con aquel equipo de lujo que, pese al partido difícil y complicado, con pases precisos y preciosos le habían procurado una clara mejoría en su pasión irrefrenable, circunscrita al ámbito del milagro de vivir que, aun lleno de incomprensión y siendo un regalo para su oído, levantara voces por el mantenimiento del contacto personalizado y un muro de incomprensión ante aquella ocasión desbaratada que desataba sus iras pidiendo reparaciones y la declaración de zona catastrófica.
Por otra parte no encontraba nada de positivo en el apoyo logístico que reclamaba la creación de una fuerte suma de dinero para dejar el tema visto para sentencia y así disfrutar al menos del radiante día, sin descartar la posibilidad de mostrarse favorable a lavar los trapos sucios de su vida y milagros y vivir una segunda juventud que posibilitara una segunda luna de miel con el polémico contertulio, que en pertinaz sequía goleadora y aun siendo algo más que un delantero, le había robado la cartera para labrarse un porvenir, permitiendo al proceso entrar en su recta final, partiendo de la premisa de, en otro orden de cosas, dar el salto definitivo y, por sorprendente que parezca, configurarse como tal y trabajar sobre el tema a nivel de sortear el peligro de llevar entre manos algo que según todos los indicios y siempre según las mismas fuentes, sigue siendo materia reservada.

Siendo proclive a toda esta receptividad que permitía garantizar el reunir las condiciones que, no obstante hacer mella en su salud, la permitían dar un paso atrás para salir del área, mover bien y triangular mejor, sin descartar el acoplamiento, creando las suficientes ocasiones, posibilitando que la suerte sonriera para materializarlas con éxito, y queriendo evitar consagrar las desigualdades propias de la confrontación, arrostró la problemática y, como no contemplaba el fracaso, aguantó atrás en nutrido grupo y rodeada de expectación, con el conjunto así encuadrado, delimitadas las líneas, alejó los fantasmas de ver estrellada en la madera la conformación de una lista que pusiera fin a aquella cadena de crímenes con que la historia se había cebado especialmente y, tan sólo entonces, los gritos de aprobación atronaron la sala. Y es que lo tenía muy asumido.

viernes, 23 de octubre de 2015

Los niños de la marea

A las costas de Ítaca siguen llegando cuerpos de niños náufragos muertos. Atlantes diminutos perdidos en un mapa de sueños aún intacto, desaparecidos en combate de olas. Argonáutas sin un Jasón y, definitivamente ya, sin vellocino. Pero nadie habla de ellos.
Los cantos de sirenas a la tragedia han cesado, pues ya no son noticia. Solo el primero, aquel colgando de brazos compasivos, tuvo sus minutos de gloria, los quince de rigor y ya postmortem, un héroe mojado y, aunque vencido, Ulises que llegó, al menos, a concitar conciencias, acaso una semana, todo un éxito, que ni reyes del pop, de la pista o del césped, muchas veces consiguen, haciendo refulgir la vergüenza a las caras, yendo de costa a costa el eco de su proeza, muerto y resucitado para la fama anónima, y poner una pica en una Europa amostrencada y vana, con su figura inerme saliendo de la mar como una Venus niño, o como recién bajado de la cruz, con la playa dispuesta cual sudario, terso, banal, civilizado, aquella estampa inolvidable, gracias, todo sea dicho, a la ayuda de la exclusiva y su unicidad  de evento reseñable.
El arte de su horror y pervivencia como icono de la miseria humana radica en su no repetición. ¡Prohibido repetir esa toma, y menos, anunciarlo! Que no se trata de no querer romper el encanto de aquel primer impacto imborrable. Un niño ahogado cada día en las pantallas puede ser un gran puente hacia la indiferencia, pero también hacia la verdad. Pero no engañarse. Es simple huida de la monotonía y del aburrimiento, que es como quienes manejan y deciden qué ver, qué oír y qué sentir, perciben nuestras vidas errantes desde el alumbramiento hasta la muerte, y que, según ellos y la mentalidad que han impuesto, debe ser un cúmulo de sensaciones bien servidas, y sobre todo, un completo espectáculo.

La existencia como una sucesión de golpes de efecto para sentir estar vivos y hacernos creer que eso es la vida: su noticia. Un guión en el que, claro, no caben más niños protagonizando más momentos de gloria hacia la nada. Lo dejà vu, una segunda escena repe, ya no tiene fuerza. No comunica. Es un retruécano, es pura redundancia, retórica ruinosa. Y mientras tanto, gritan: “¡pero qué niño muerto ni qué niño muerto”!

lunes, 19 de octubre de 2015

Tercera vía

Todos los países cultivan sus mitos. Unos los épicos u operísticos, como la grandeur francesa, la superioridad germánica o la flema británica. Nosotros, que fuimos tan infelices, a ritmo de bolero cultivamos en cambio, además de bajoquetas tiernas con roya, algo más zarzuelero como es la raza española futbolística o las famosas dos Españas, ahora diecisiete, en cifra más efébica. Una parada esta de las naciones –no hablemos ya de las autonomías– que, por ser ociosas las comparaciones, no es más que un desfile de frikis cuyos fondo y forma compiten por la infamia, y que en nuestro caso es solo unesperpento.
Ese cainismo secular, inalterable y sempiterno, cuya genética se pierde en frases como la galdosiana de que la intolerancia es el origen de todos los males que nos aquejan, demostrado después con un siglo largo de enfrentamientos, o la rúbrica culmen machadiana quintaesenciando esa afición nacional trágico-lírica a helar corazones, ha evolucionado sin embargo de modo que hoy, con el nuevo poder adquisitivo, el mercado de las ideologías ha puesto a nuestra disposición una serie de terceras vías para todo que hacen posible la superación de nuestro dualismo más irreconciliable en lo referente a los aspectos más importantes de nuestra existencia.
 Así, ya nadie riñe por querer niño y niña; se compra uno un perro, que gastan menos dodotis, o, en el peor de los casos, se adquiere el pack completo (niño, niña y perro) en el mercado de futuros, y ya está. O como poner a alguien el nombre de la madre o la suegra; se le pone Sheila María y se acabó (lo de María es para celebrar la onomástica, pues no se va a quedar la nena sin ella, además de para que la abuela le llame Mari).
La Tercera España en plena acción.
Otro suponer; las alternativas al vino y la cerveza, como conductores de la ira asesina hispana de colmado, que tampoco andan escasas hoy día: tinto de verano, clara, con te o sabor a limón, para evitar sus inmundos sabores originales. E igual de fácil resulta sustituir la carne o el pescado por una tortilla de algas (por tomar algo), o lo de poner ducha o baño, origen de tanta gresca genericida, que se resuelve con un buen jacuzi para, al final, ir a asearse a la piscina municipal. Por no hablar de las polémicas entre película/tomate o campo/playa, solventadas poniendo los anuncios o divorciándose, no obligatoriamente por este orden. O las olas de calor, que son pan comido, y sin hacer caso a ninguno de los miles de consejos con que por nuestro bien se nos atosiga, ni poner aire acondicionado: te vas al dentista y, en plena canícula, se te congelan las dos Españas y el árbitro. Y hasta la vieja diatriba fraticida Joselito versus Belmonte, hoy está superada con la más inofensiva Preysler versus Patri (Vargas de Llosa). Pero si hasta lo de los colores de la bandera, que muchos dicen que le falta uno, se solucionaría simplificándola aún más...
Si reñimos es porque queremos, pues ahora todo se solventa con alternativas de síntesis proporcionadas por un mundo volcado en la paz. El Estado Islámico, por ejemplo: sunnís y chiís, que se tiran al moño, y todo porque ya no están allí los usís (soldados USA).
Y es que todo ha cambiado un montón. Así, las guerras ahora se hacen de noche, fuera de foco, y el amor a pleno día y ante las cámaras. Otro ejemplo: cuando alguien te pregunta si estás de vacaciones para a continuación inquirirte con esa suprema estupidez resumen del esplendor veraniego: ¿y no váis a ningún sitio?, tú puedes responder: Sí. Estuvimos en Valldemosa y vimos la casa de Chopin y Georgie Dann, que se entendían, ya sabes –dejas caer, así como engolfado–, uno hacía la música y otro la letra, je,je. Y si buscas algo más impactante, que te has ido al casquete polar, antes que se deshaga (como todos). Y que averigüen el casquete.
Pero nada de esto importa; todo el mundo sabe que después del verano el cerebro está como lavado a vaporeta. El verano es de una tercera vía que te cagas. Es la época de síntesis por excelencia, y no sólo en lo único importante. Es cuando esa España agazapada tras los créditos y la división de opiniones entre la tesis y la antítesis, lo manda todo a la mierda y echa el cierre. Es La Tercera España, que por cierto está hasta los topes y hasta las criadillas de unos y otros de las otras dos y que, casualmente, en lo único que carece de opciones para ilusionarse en pintar algo en su vida, es en lo de la política, ya que todos, sin saber por qué, todos son o de unos o de otros y pertenecen a una u otra España, pero no a la tercera, que es paradójiamente la mayoritaria. Aunque no lo parezca.

Y no lo parece porque, aunque el mercado simule ampliarse con variedades tipo por ejemplo melocotón amarillo, melocotón rojo o los  típicos “tontos”, en política, donde el más tonto es concejal, para adaptarse al gusto ecléctico creciente y sacarle el amago a la vieja España bipolar que se pirra por la falsa pluralidad, como si se pusieran de acuerdo, pillan de aquí y de allá (aunque siempre de los mismos), y te fabrican un producto de síntesis, que es como el yogur, una tercera vía que resulta que lleva de todo, menos yogur. Y a la tercera España, que le den. 
Porque, en cuestión de yogures aún puedes pillarte el típico, pero en política, si no te gusta lo sintético, en todos los sentidos incluido el glandular, y no puedes hacer tu propia síntesis con productos originales, luego a luego lo único que queda es hacer de espectador, que te ríes y, de momento, es gratis. De momento.