jueves, 31 de marzo de 2016

Externalizados

Que España es para morirse, no cabe duda. Lo rubrican, no los 100 días sin acuerdo de gobierno, todo un baño de realidad estruendosa para esa Once política que es el electorado, sino las dos únicas pero

martes, 29 de marzo de 2016

Alboroques, o el (puto) cambio de hora

Desde antiguo, el hombre celebra las horas. Se trata de un acto de segmentación de la propia amortización, de un aplazamiento de la fecha de caducidad. En esto, los romanos,

viernes, 25 de marzo de 2016

Progresando


Aunque parezca sandungueo lo de Bruselas tiene mucho que ver con la paz. Los capciosos dirán que con la de los muertos. Pero también con la de los vivos. O, mejor,

lunes, 21 de marzo de 2016

La procesionaria


Yo no sé si las procesiones son cultura o no, aunque imagino que sí, considerando que el espacio dedicado por los periódicos a los toros, y no va a ser menos un capirote que unos cuernos. Además,

jueves, 17 de marzo de 2016

La "plantá"

San José se presenta este año más parricida de lo normal. No sólo es que la primavera, que se anuncia en plan killer, pretenda fulminar al invierno, la lluvia

miércoles, 16 de marzo de 2016

Nuevos oficios


El repartidor de borrachos volvía a casa después de hacer la última entrega. Aquella noche se había ganado el descanso. Hasta tres

sábado, 12 de marzo de 2016

Camino de vuelta (y media): Dios

Aun a sabiendas de que cualquier regreso al pasado es necia impostura, un empeño en mostrar el propio relato como otro exempla del apotegma cesarista, tan verosímil como inquietante, de "vence quien permanece", en lugar del cuento de inicios inciertos que siempre acaba aún peor porque termina, no obstante, es evidente que todo el que sigue aquí tiene algo que contar a los victoriosos, los que viven, incluidos los que se supone vivieron lo contado, para los cuales no deja nunca de ser una sorpresa esa vida en común pasada por las letras, sobre todo a manos de otro. 
Puestos así, solo se trata de esbozar, al modo naturista, algunos pasajes deslavazados, jirones cual cuentas de un rosario roto, obscenos tal vez, o así lo espero, rehilados del recuerdo de unos años (entre 1973 y 1987, aunque la Transición en sentido estricto fue entre diciembre de 1976 y octubre de 1982), a fin de enturbiar con fea tinta esa agua cristalina que nos nos hemos forjado como origen de nuestro paraíso, y ello con un doble objeto. Uno, para poner en solfa esa mitología de culto que se cierne divina y terrible como madre de todas las mentiras, tan beatificable como una puta. Y dos, para camuflar en esa trivilalización, que incluye al mismo cefalópodo revisionista que todo escritor lleva dentro, sin desvelarse enteramente entre la bruma, pues la verdad es tanto más creíble cuanto más insondable parece. A eso van estos apuntes contra el alzheimer propio. Quienes puedan sentirse molestos por aludidos tengan presente que siempre serán más baratos que otras medicinas.


La visión del cíclope

...Los predadores del poder no se temen entre sí, sino que más bien son carroñeros que se lo reparten a costa del colectivo pastueño, aturdido siempre por el miedo. Contra quien no lo está, y por ello es considerado peligroso, van de dos maneras: una, eliminándolo; otra, tratando de unirlo a sus fines. Del primer grupo salen los genocidas; del segundo los megalómanos. Yo supe a cuál de los dos pertenecían mis primeros jefes cuando conocí a los segundos, es decir bastante después, y pude apreciar que la megalomanía es grave en tanto se la deje actuar, pero al menos te ríes. En cambio con el instinto excluyente no caben bromas.

Después de conocerlos, y casi olvidarlos, comparado con ellos Juan era, maquiavelismo de libro aparte, una ilustrísima persona, que lo fue oficialmente. Lo cual, naturalmente, podía llevarte a la perdición, como sucede con todas ellas. Así pues, esquivarlo en lo posible se convirtió en mi táctica. Algo relativamente fácil después de haber sobrevivido a los primeros.
Su mayor fallo es que ovulaba. Constantemente. Y si te descuidabas te zampaba encima sus ideas-huevo. Huevos fritos, pasados por agua, escalfados, revueltos –sus preferidos–, con chorizo (cada vez más) y hasta crudos.
Prat, Valiente, Esparcia y De las Heras,
         respaldando al alcalde Salvador Jiménez,
      su intocable particular,
        en una alocución en la Casa del Pueblo.
Y hasta ellos estaba yo de llevar todo el conreo de la agrupación local sobre la que arreciaban los embates, por más impávido que me mostrase llevando por toda protección la loriga de sus buenas palabras y que al menos contaba con el pelotón de veteranos, ja, ja, una palabra ésta comodín en el PSOE, pues era pronunciada por todos con tal variedad de soniquetes, desde lo mayestático, ampuloso y venerable con que ellos mismos, los Esparcia, Román, Gómez Tomás, Moñino o Serapio Valiente, presidente de honor durante años con una solemnidad de teleñeco, erigiéndose a la más mínima como valores algo más que icónicos del pasado y vínculo entre lo clásico y lo postmoderno…
Hasta lo irónico o sarcástico con que todo el mundo ponía naturalmente en duda todo ese orgullo sentencioso de auto sacramental, invocador de una autoridad digna de veneración y unos privilegios tan ganados a pulso y presupuestos que poco faltaba para instaurar internamente un Día del Orgullo Veterano (no confundir con Soberano), basado más que en la honradez que la propia historia pondría en entredicho, en una modestia a prueba de encumbramiento, pues mayormente, para lo que se les quería era para hacer con ellos la agridulce parodia de la historia. Puta evolución. O mejor, puta vejez.
Quiero decir que la dignidad es lenta.

jueves, 10 de marzo de 2016

Igualdades

A mi no me irritan las sandeces derivadas del militantismo feministoide, como la semafórica valenciana o lo del frontispicio de las Cortes, o antes las meadas

martes, 8 de marzo de 2016

SANGRE FRÁGIL

Los datos dicen que donde más violencia de género hay es entre jóvenes. El sexo ya lo era. Sangre y condones. Puede que el sexo, de tanto aspirar

jueves, 3 de marzo de 2016

El recreo


Eso de que no se aclaren los políticos me está empezando a consternar. Y no es que no se esté bien, que se está. O que no sean autocríticos, que lo son. Y muncho. O porque todo se haya engorullado hasta amenazar hacernos carnemomia, que no sería lo peor. O por el impostureo ensordecedor y sus deslices, que tantos ratos felices nos regala. 
Ni mucho menos por la recién retomada manía patria de hijoputizar contrarios, tan hegeliana como ajena a la rara y nunca practicada unanimidad hispana (aquí priva más la ínclita unamunidad de uno solo). O tal vez esté soliviantado por la exuberante jodicialización de la res pública, o que soy demasiado detractor (más bien soy de mula mecánica). 
El caso es que me veo apocopado por el ambiente medio de la felípica continua (felipes incluidos) que es esta marisconada más que zarzuela de mariscos, este ajopringue rancio que nos depara ese foro calientapobres, como conjurado con el cambio climático para acabar con la pobreza energética a base de pedos, aforismos y denuestos.

No habrá quorum, pero eso sí, cuanto menos gente, más claridad.
Y lo peor es ver a esos pobres parlamentarios hechos unos fijos discontinuos, a tiempo parcial, temerosos de cobrar por peonás, sin un economato dónde ir a tomarse un gintonic subvencionado, sin poder entretener el paro ‘jugando al ordenador’, un votómetro donde hincar su ira, un móvil para rajar gratis; sin saber si irse a un hotel, alquilar con otro un apartamento, si con derecho a cocina o no, o si buscarse novia o llevarse a la parienta, sin poder usar el kilométrico de la Renfe a tutiplé (alguno habrá vendido el coche y ahora, mira), temblando por el ERE primaveral y no acabar de estrenarse y volverse al pueblo como san Agapito, mártires del culo y vírgenes del…, todo el día mano sobre mano o tocándose el papo a ver si les cría esclerosis. 
Es que lo suyo no se lo deseo a nadie, acuciados por la incertidumbre que ya pensaban espantada y sabiendo que no van a repetir. Y sufro viéndoles sufrir cada vez que se acuerden de la estrofa de Perales: “A qué dedica el tiempo libre”. Y tiemblo, porque, sí, perder el tiempo será el paradigma de la clase ociosa, pero un buen padre de la patria tiene que salvar alguna en sus ratos libres. Es su deber. Y si no tienen en qué malgastar tanto recreo, ay de nosotros. Aunque no sé de qué me preocupo, si, total, es más o menos lo de siempre, solo que con más descaro.

martes, 1 de marzo de 2016

La escalada

Una tal Julia César, habiendo tenido de pequeña una perforación de tímpano y deseando extender con el tiempo el evento a otras membranas, un día que creyó la camelaba un estudiante, puso en alerta el oído malo con tan mal tino que, en lugar de escuchar la declamación de un tetrástrofo monorrimo, que era lo que le venía, entendió “tu teta a la que me arrimo”, y abalanzándose al donjuan virtual lo puso despavorido en estampida. 
La enseñanza lírica de esta brutal decepción para ella, que siempre había aspirado a ocupar parte del segmento del mercado sentimental de regadío, fue que –además de una permanente y enorme motivación en la competición por el mercado a secas–, juró no pasar hambre jamás. Pero al pensar que eso ya lo había dicho Vivien Leches en Gone with the wind, matizó y se planeó una rotunda venganza, aunque al principio fracasara.
Con tal foco tormentoso, naturalmente, empezó obsesionándose con el calafateo de bajos en dique seco, como cualquiera cuyo físico no le augure sino quedar segundo en un concurso de feos. Ello y el hecho de que lo único que podía perder era el moldeado de cabeza para fuera, le hizo recalar en el fondeadero de revistillas femeninas donde recabó que éstas se ocupaban de la cuestión de diferente modo.
Así, por ejemplo, las populares la dejaron preocupada acerca de la menstruación, las liendrecillas, los anticonceptivos, el vulvismo o la recién descubierta por ellas anorgasmia. Y la verdad es que era de agradecer la aleccionadora instrucción dirigida a la reproducción. Pero su tema vocacional era más la alta tecnología de la prensa distinguida de entrepierna destiladora de placeres inicuos, con su diletantismo para con los humores, su ambigüedad con significados como semental y sentimental, y lo conferenciante de temas tan arduos como la pasión, la infidelidad y la alcahuetería selecta al por menor. 
Era como más... femenino singular. Eso es. Pero ella lo que ansiaba era quitarse las calandracas. Y aunque de esa etapa sacase el aprendizaje de que la causa femenina debía muchísimo al hecho de que profesiones como la periodística se hubieran inundado de mujeres que, sin remedio, hacían lo imposible por mejorar la imagen de los asuntos femeninos en los medios, o, lo que no era moco de pavo, haber introducido en la enseñanza o la sanidad como palanqueta de las nuevas disciplinas –y represión, ojo–  de cuerpos y mentalidades, rechazó no obstante estas posibilidades constructivas movida simplemente por otro tipo de pulsión. 
Si había ya quien se curraba el camino de la cuenta atrás hacia la igualdad, desandando los tristes vericuetos de la infamia sexista, ella se ocuparía en aquello en que se había preparado psicológica y físicamente, pues para eso iba para héroe, buscando en plan guerrillero la aorta del mercado, tirar adonde hacer sangre, allí donde matar con su actividad dos pájaros de un tiro, haciendo de cada golpe una cadena de víctimas.

Elaboró un detallado cálculo sexual de posibilidades, afinó en más menos un 3-4% de error, que ya era, consideró pros y contras, esperó una semana tumbada bocarriba sin catar bocado, y como tras la vigilia seguía tan determinada como un cruce de guisantes, se santiguó y fue a firmar unas oposiciones para funcionarios recien salidas. 
Estaba decidida: por las mañanas ocuparía una plaza de cierta relevancia muy probablemente destinada a un hombre, y por las tardes jodería algún trabajo masculino más en la economía negra, que era lo que más les dolía. El caso era hacer el amor, que ahora se dice. Metafóricamente, claro.