domingo, 10 de diciembre de 2017

viernes, 8 de diciembre de 2017

Humores

Los humanos somos destilerías, a poco que se nos exprima, e incluso en reposo. Y sacar la pringue, echar la bilis, llorar a moco tendido, o como una Magdalena, sudar como cerdos, mear como mulas, supurar como apestados, escupir como cobras o defecar como sisones, toda escatología vale para afirmarnos como animales excretores –de ideas, también–, habiendo hecho de esa capacidad única de secretar de todo y por doquier, la metáfora de una superioridad, la facultad de sobrevivir y progresar contra la adversidad a base de administrar nuestros flujos más vitales, cuyo mejor resumen fue aquel eslogan de Churchill, y epitafio real de toda la era heroica, “sangre, sudor y lágrimas”, los tres humores, dicho en clásico, que, tenidos por más nobles, subliman a todos los demás, ya que el pus, las heces y otros, pese a ser tan heroicos, o más (que se lo pregunten a los estreñidos), no son de recibo una vez que las funciones corporales han pasado al lado oscuro, y aquel famoso Blood, sweat & tears ha perdido su significado, y no solo porque primero fuese un lema de resistencia, luego en los 60 un grupo de fusión jazz-rock-pop, y ahora un éxito niñato global de un conjunto coreano indefinido total. 
No. Es que la sangre no vale ya ni para hacer morcillas, y aunque la ofrezcas gratis no hay vampiro que te la quiera chupar (la sangre). Y lo mismo el sudor, cuyo templo hoy es el gimnasio, y no el campo o la fábrica. Y las lágrimas, secretas las sentidas; negociadas las públicas. 
Los humores, o jugos, se han depreciado, salvo los etéreos (como el buen olor) propios de una época gaseosa, o los bendecidos por el sexo, el intercambio de fluidos que, disparado su valor, acapara el mercado, devaluando los demás. Y como la vida acaba siendo una gestión de destilados, y que su etílico no te corroa, de repente tus flujos ya no valen nada, o están mal vistos. 
Y llega el mal humor. Y más en diciembre, verdadera encrucijada de humores, que te ves negro de excretar. Aunque te cisques como un antiguo todo el día en él y su hojarasca. Menos mal que es el mes de la suerte. Y que excretamos por más sitios.

martes, 5 de diciembre de 2017

Lápida conmemorativa


Mientras las televisiones privadas no hagan programas sobre la Constitución, esta solo será como la bandera, TVE o las instituciones, cosa solo del gobierno de turno.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Hecho diferencial

Estos días en que la hojarasca desafía al buen Newton, nos han traído como un cierto y romántico aire jacobino a nuestra depauperada lontananza política, mostrándonos otros semblantes distintos (y distantes) de los mastuerzos, modorros y amajanados que nos gastamos por doquier, con cuya eflorescencia menuda o sutil de tardoprimavera rebrotan, tras un verano socarrante que dura años, la anémona sorpresiva de lo inesperado que resulta ver cómo en una campaña autonómica, pongamos la catalana, apenas se habla por ejemplo de hipotecas, del transporte, de la atención primaria, de guarderías, del trabajo en el hogar, del desempleo juvenil, de las viudas y personas solas y otras cosas que al parecer están por solucionar en todas partes salvo allí, en Cataluña.
No pretendo engañifarme con el distingo de unos candidatos de dulce frente al rastrojo mesetario, más mostrenco, y también podría ser que el motivo de ese detalle tan elegante del mitineo bajo los amarillos y grises de diciembre fuese para desviar hacia sus contraluces las verdaderas preocupaciones del poble, que una vez más ha demostrado que en lo único que no escatima es en pragmatismo, obligando con su actitud a los políticos, mal que les pese, a prometer al menos alguna cosa concreta, útil y hasta necesaria que echarse al coleto, preguntándose algunos de dónde habrán salido estos nuevos catalanes materialistas, siempre pensando en lo mismo, que no se conforman pues con que alguien les proponga por todo programa ser un nou estat, sino que, además, pretenden que su vida cotidiana funcione sin grandes desvelos. Habrase visto; como si fueran hijos cualquiera de botiguers, y esto no hubiese evolucionado nada. Qué gente más antigua.

Pero eso aparte, ¿es que están locos esos catalanes de nuevo cuño? ¿Cómo se atreven a hacer bajar del pedestal a sus aspirantes para ponerlos a hablar de cosas caseras, nada, tontadas, ñoñerías del día a día, sin esas reyertas ideológicas tan relevantes que tanto resuelven? Y sobre todo, ¿qué se habrán creído? Pues que sepan que no nos dan envidia a los demás, pues el resto no tenemos que soportar campañas autonómicas ya que nuestros candidatos suelen ser de una monotonía irreparable, y además suelen ser tan buenos que nos tienen a piquico de rollo y nos lo ponen a huevo, sin hacernos cavilar cuál será el más idóneo. 
Así que, envidia, ¿de qué? Lo único es que a veces nos gustaría ir más atrasados, como Cataluña; nada, sólo por divertirnos un poco, por variar, por echar una canita al aire, y que la simple caída de la hoja nos pareciese un hecho natural y no uno maravilloso que, como todo, se debe y hay que agradecerlo a la magnanimidad y omiscencia del gobernante. 
Porque vivir en el paraíso también puede resultar un coñazo. Ah, y también nos gustaría por aquí que solo nos quedasen 20 empresas que facturen más de 1000 millones de euros. Cada una. Sería inconsolable. Pero todo un hallazgo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Perfiles

Con el rollo este de Cataluña se ha vuelto a poner de moda uno de esos conceptos ajeros por repetitivos, cuando no ya vintage, por el glamur conferido a las automentiras bien contadas durante décadas, y que resurgen por doquier como parte del comportamiento colectivo, a la que nos aprietan para que nos definamos (de una puta vez).
Es la dichosa equidistancia, esa actitud parece que sobrevenida, aunque ya antigua e incluso se diría que enquistada entre nosotros, que en todas partes quiere decir colocarse o situarse en el punto medio entre dos cosas y en consecuencia hacer como que ni fu ni fa; menos aquí, claro, donde seguimos siendo especiales y todo cobra siempre otro sentido y un color especial, debido a ese complejo tan extendido, y un tanto asquerosete por sobreexplotado y recurrente que parece obligar a adoptar siempre para lo que sea una postura que no sea, por Dios, sospechosa de facha o antiprogre (pues aquí, desde que se acabó Saldos Arias y triunfó El Corte Inglés, todos vamos de un izquierdismo inmaculado obligatorio) y que ha acabado por elevar al postureo y el perfilismo a deportes estrella de la impostura nacional, y a todos en expertos quasi profesionales en eso de hacerse un selfie político de dar el pego en un plisplás con quién, donde, como y cuando sea, como si fuéramos candidatos y estuviéramos en plena campaña.
La técnica está más que chupada: primero abominas de lo que sea, da igual, y a continuación maldices (pero en un tono algo más vomitivo, no olvidar esto) del régimen actual y de sus responsables, en general, y si es en particular, concretando, mejor. Por ejemplos:
Los secesionistas son unos pendejos, pero al gobierno no te lo pierdas.
Unos estarán fuera de la realidad, sí, pero es que los otros son unos impresentables que nos tienen a todos hasta los cojones.
Habrá crisis, sí, y estará mal la cosa, pero al PP hay que echarle de comer aparte (y con horca).
Y así hasta el infinito, pues los casos donde aplicarlo son muchos y variados. Lo que pasa es que, debido a lo facilón de tal maniqueísmo mecanicista, es fácil caer en el radicalismo estrambótico, el patinaje de neuronas y la parodia de la propia incongruencia, y por ende en friquismos como:
Sí, el cambio climático está fatal, pero, ¿y Rajoy qué?
La violencia de género es una lacra, y la derecha otra.
Yo, aquí, cuatro años esperando que me operen del menisco, y la Cospe seguro que le hacen gratis un lifting detrás de otro.

Todo eso es una constante hasta aquí, aunque es cierto que sobrepasada por la inercia de la nueva moda de otoño-invierno en estulticias canallescas impostadas, que ahora, una vez esa centralidad a la española que es la equidistancia tal y como aquí se entiende, de sabor especial y más falsa que una fideuá de Yatekomo, se encuentra ya afincada y establecida, y dados ya por amortizados por convictos, condenados y culpables (y casi confesos) los gaviotos del régimen general clásico, con su curiosa ayuda inestimable, como nuevos y alegres equidistantes y grandes anticiudadanos, como se sabe, el rizo del bucle equidistante ha pasado a cebarse con sus supuestos herederos, los ascendentes C’s, que sí, serán todo lo liberales, centrados y españoles que tú quieras, pero de la una, grande y libre, se dice. Solo les falta a todos advertirnos :¡”No os fiéis, que son como nosotros!”. 
Ellos sabrán. Y bien podrían cuadrar tales avisos para navegantes, con la cúpula de los nuevos acusados avant la lettre, que ya ha hecho el rodaje para sobrevivir, e incluso depredar en esa jungla, pero viendo a la pedestre recua inopinista de subalternos rivereños, borderline políticos netos, los calificados de nuevos falangistas –aunque apunten maneras, pues la nómina la cobran sin falta estos cabroncetes–, siempre de perfil y más perdidos que un palomo en un tirapichón, me temo que si amenazan a la democracia es por su supina ignorancia, que puede que sea más grave, y su espabile me temo que tardará y todo en cambiar. 
Como nuestra equidistancia de salón, uno de nuestros juegos tóxicos de siempre, renovado ahora en forma de nueva y neutral postura ecuánime,  limpia y responsable de verdad, pero en el fondo destilando inquina contra todos por igual, solo que contra unos más igual que contra otros. Equidistancia que, criminal o no, es epidemia a la que todo dios se apunta por mimetismo, por necesidad a la vista de lo que hay, y sobre todo para guardar la ropa mientras se nada. Pues el que nada no se ahoga, y el neopreno todavía es prohibitivo para el público en general.