viernes, 29 de diciembre de 2017

Ah, aquellas navidades...!

Por estas fechas hay gente que padece un montón por sentirse desgajada de una tradición secular, cortado su cordón umbilical de unas costumbres tan ancestrales que se pierden en el tiempo, que cualquiera diría que comerse un polvorón resulta un insalvable atavismo adquirido a la vez que el repelús a los reptiles o el miedo a los perros.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Lápida

En el principio fue el verbo; luego vino la verborrea, su enfermedad de transmisión oral. 

domingo, 24 de diciembre de 2017

Camino de vuelta (y media): Genética de una mudanza, y 4


Aun sabiendo que cualquier regreso al pasado es necia impostura, un empeño en suscribir el viejo apotegma cesarista, tan verosímil como inquietante, "vence quien permanece", y porque el que sigue aquí tiene algo que contar a los victoriosos, los que viven, sobre todo a los que se supone vivieron lo contado, para los cuales no deja nunca de ser una sorpresa esa vida en común pasada por las letras, a manos de otro, aquí va un esbozo, al modo naturista, de algunos pasajes deslavazados, jirones rehilados cual cuentas de un rosario roto, obscenos tal vez, o así lo espero, de unos años, entre 1973 y 1987, a fin de enturbiar esa agua cristalina que nos hemos forjado como origen de nuestro paraíso actual, y ello con un doble objeto, uno, para poner en solfa esa mitología de culto que se cierne divina y terrible como madre de todas las mentiras, tan beatificable como una puta; y dos, para camuflar indesvelado en esa trivialización al mismo cefalópodo revisionista que todo escritor lleva dentro, pues la verdad es tanto más creíble cuanto más insondable parece. Apuntes contra el alzheimer propio, que siempre serán más baratos que otras medicinas para aquellos cuyo recuento les resulte molesto. 

O también podría valer lo dicho, mucho mejor que yo, por L.-F. Céline: 
"La gran derrota, en todo, es olvidar, y sobre todo lo que te ha matado, y diñarla sin comprender hasta qué punto son hijoputas los hombres. Cuando estemos al borde del hoyo, no habrá que hacerse el listo, pero tampoco olvidar, habrá que contar todo sin cambiar una palabra, todas las cabronadas que hayamos visto en los hombres y después buscar el pico y bajar. Es trabajo de sobra para toda una vida."

      
Yo iba para carabina: el arreón

A los procedentes de la izquierda radical nos reventaban aquellos recién elegidos que querían instalarse y contratarnos de porras por un plato de lentejas. Y los dubitativos, quizás para elevarnos sobre nuestro propio cagaleo, los mirábamos con esa arrogancia despreciativa del hidalgo intelectual que ve su hacienda venida a menos y no tiene más modo de subsistir que no sea subirse al carro, llevando como una dote (y como causa impropia) su nueva filiación más o menos forzosa, con rechazo contenido por su propia alienación (que en mi caso era peor por autoimpuesta), por mucho que, para desquitarnos de la soberbia revieja del perdedor, la pagásemos con los que nos cedían –a un buen interés– un asiento en su carruaje recién obtenido en la subasta de la historia.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Eureka

Los podemitas acaban de descubrir que Cataluña es de derechas. No te jode. ¿Y para eso tanto politólogo? Como si el nacionalismo pudiera ser otra cosa.

Posverdad



Si en el principio fue el verbo, y por consiguiente lo real, que fue sustituido luego por la agenda o sistematización informativa en función de intereses complejamente sospechosos, por decir algo,

jueves, 21 de diciembre de 2017

Derviches

A tenor de los resultados previstos, se diría que Cataluña va a inaugurar un modelo electoral de hecho de segunda vuelta (en abril, más o menos). Pero ya veremos si para ahí la cosa y no acaban en una tercera, cuarta, etc., y acaban inventando el Dervichismo electoral como nuevo signo identitario.

martes, 19 de diciembre de 2017

Letras pa'l cante: Sevillanas

Jilguero herío

Eres tan increíble
como las nubes,
que vienen y van solas
sin que las guíen,
y cuando van bajando
es que se suben.

Cogí un jilguero
en medio de la granza
y al enredarse el probe
con tu despecho,
se tronchó un dedo.

Como el jilguero llevo 
por los granzales
el cuerpo roto,
pero con tantos males,
probe de mi, jilguero,
ya no lo noto.


domingo, 17 de diciembre de 2017

viernes, 15 de diciembre de 2017

Eviva, eviva


Las cosas no suelen ser como las vemos. A nivel de percepción estamos fatal. Por ejemplo, la pitada contra el himno en la final aquella de la Copa del Rey parece que no fue tal, sino que, al carecer de letra, el público lo pitaba (y de paso lo petaba, pero solo por desafinar). Y es que cada uno se las ingenia como puede para tararear lo que no existe. Se hace mucho en el fútbol. O se hacía: 
“Viva Espana, lalala lalalala lalalá lalá…”, hasta que llegó el Mundial sudafra y los jugadores perdieron la poca vergüenza que les quedaba (les faltaba la bota de vino) y adoptaron como marcha triunfal un pasodoble de dos flamencos belgas de pura cepa –el buen ojo de estos flamencos para echar lluecas sigue siendo proverbial, como podemos constatar–, al cual, por su ignorancia del español, llamaron Eviva Espana, y con tal exitazo de versiones en Europa que Manolo Escobar no tuvo más huevos que grabarla para la película Me has hecho perder el juicio –pues era y sigue siendo de juzgado de guardia–, pues con razón no lo quería para sí ni muerto, por friki y casposa. 
Y mira lo que son las cosas, que 40 millones de copias vendidas después él mismo fue a cantarla con los futbolistas una vez consiguieron estos volver a Madrid, recuperándola el pasadoblero del baúl de los recuerdos donde prácticamente la tenía ya, aborrecida y más que excluida de su repertorio, con aquel look galácticutre inolvidablemente dañino para la vista y algún otro sentido. Lo cual no quitó para que, con el evento, el pasodoble acabase de ser adoptado definitivamente como el himno paraoficial alternativo del populacherío, o sea, la España profunda o intraespaña de taleguilla y descamise, ya que, al menos tenía letra, aunque sea cortita. 
Pero su mensaje tan simple como era el de la supervivencia sin más de la patria y su capacidad de mostrar su cara más empática, además de su acepción como canción protesta contra agresiones antiespañolas, la han acabado de erigir en un a modo de placebo de la carencia de algo con lo que identificarse también verbalmente. Una operación de desambiguación, esa verbalización, similar en lo icónico a lo de la bandera del torito, o la busca de una nueva identidad, pasados ya los escuditos y los incólumes non plus ultra al desván de lo inoperante, salvo para reñir. 
Como lo de Sijena, trastos viejos olvidados o semi, pero que resultan ideales para disputas en cualquier reparto de herencias, y que los neo (pseudo)reconciliadores como Iceta, Colau y sus voceros mediáticos, no han tardado en lamentar que los jueces bien podrían haberse abstenido de tirar al aire en plenas elecciones (para que caigan sobre la cabeza de alguien, como suele pasar, utilizados como típica arma arrojadiza), y señalando detrás, cómo no, al gobierno azuzón. 
Y no lo dudaría yo mucho. Pero es que son los mismos neo apaciguadores que desde hace meses juran por su perro que la separación de poderes es un hecho, tras haberla negado durante años, si no siempre (o solo cuando ellos no gobiernan). Y asombrados (como todos) de la inusitada hiperactividad judicial y fiscal de oficio, dudan si tanto auto judicial, fianza, embargo, prevención, agenda de Jové (hay que joverse), lo de Sijena, la vista de la pitada, es pura coincidencia, ganas de emprenyar con recalentón premeditado de campaña o estado de derecho y defensa de la ley. Que ya no sabemos por dónde va la hebra. 
Pero, claro, cuando de pronto ya hay gente que muere por llevar tirantes rojigualdas, y uno que los gasta, aunque no sea de esos, pues te mosqueas como un pavo en navidad, porque cuando las barbas de tu vecino veas pelar... Pues eso. Y fíate tú de la independencia judicial.

jueves, 14 de diciembre de 2017