Todos
los países cultivan sus mitos. Unos los épicos u operísticos, como la grandeur
francesa, la superioridad germánica o la flema británica. Nosotros, que fuimos
tan infelices, a ritmo de bolero cultivamos en cambio, además de bajoquetas
tiernas con roya, algo más zarzuelero como es la raza española futbolística o
las famosas dos Españas, ahora diecisiete, en cifra más efébica. Una parada esta
de las naciones –no hablemos ya de las autonomías– que, por ser ociosas las
comparaciones, no es más que un desfile de frikis cuyos fondo y forma compiten
por la infamia, y que en nuestro caso es solo unesperpento.
Ese
cainismo secular, inalterable y sempiterno, cuya genética se pierde en frases
como la galdosiana de que la intolerancia es el origen de todos los males que
nos aquejan, demostrado después con un siglo largo de enfrentamientos, o la
rúbrica culmen machadiana quintaesenciando esa afición nacional trágico-lírica
a helar corazones, ha evolucionado sin embargo de modo que hoy, con el nuevo
poder adquisitivo, el mercado de las ideologías ha puesto a nuestra disposición
una serie de terceras vías para todo que hacen posible la superación de nuestro
dualismo más irreconciliable en lo referente a los aspectos más importantes de
nuestra existencia.
Así, ya nadie riñe por querer niño y niña; se
compra uno un perro, que gastan menos dodotis, o, en el peor de los casos, se
adquiere el pack completo (niño, niña y perro) en el mercado de futuros, y ya
está. O como poner a alguien el nombre de la madre o la suegra; se le pone
Sheila María y se acabó (lo de María es para celebrar la onomástica, pues no se
va a quedar la nena sin ella, además de para que la abuela le llame Mari).
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La Tercera España en plena acción. |
Si
reñimos es porque queremos, pues ahora todo se solventa con alternativas de
síntesis proporcionadas por un mundo volcado en la paz. El Estado Islámico, por
ejemplo: sunnís y chiís, que se tiran al moño, y todo porque ya no están allí los
usís (soldados USA).
Y
es que todo ha cambiado un montón. Así, las guerras ahora se hacen de noche,
fuera de foco, y el amor a pleno día y ante las cámaras. Otro ejemplo: cuando
alguien te pregunta si estás de vacaciones para a continuación inquirirte con
esa suprema estupidez resumen del esplendor veraniego: ¿y no váis a ningún
sitio?, tú puedes responder: Sí. Estuvimos en Valldemosa y vimos la casa de
Chopin y Georgie Dann, que se entendían, ya sabes –dejas caer, así como
engolfado–, uno hacía la música y otro la letra, je,je. Y si buscas algo más
impactante, que te has ido al casquete polar, antes que se deshaga (como
todos). Y que averigüen el casquete.
Pero
nada de esto importa; todo el mundo sabe que después del verano el cerebro está
como lavado a vaporeta. El verano es de una tercera vía que te cagas. Es la
época de síntesis por excelencia, y no sólo en lo único importante. Es cuando
esa España agazapada tras los créditos y la división de opiniones entre la
tesis y la antítesis, lo manda todo a la mierda y echa el cierre. Es La Tercera
España, que por cierto está hasta los topes y hasta las criadillas de unos y
otros de las otras dos y que, casualmente, en lo único que carece de opciones para
ilusionarse en pintar algo en su vida, es en lo de la política, ya que todos,
sin saber por qué, todos son o de unos o de otros y pertenecen a una u otra
España, pero no a la tercera, que es paradójiamente la mayoritaria. Aunque no lo
parezca.
Y
no lo parece porque, aunque el mercado simule ampliarse con variedades tipo por
ejemplo melocotón amarillo, melocotón rojo o los típicos “tontos”, en política, donde el más
tonto es concejal, para adaptarse al gusto ecléctico creciente y sacarle el
amago a la vieja España bipolar que se pirra por la falsa pluralidad, como si
se pusieran de acuerdo, pillan de aquí y de allá (aunque siempre de los mismos),
y te fabrican un producto de síntesis, que es como el yogur, una tercera vía que
resulta que lleva de todo, menos yogur. Y a la tercera España, que le den.
Porque, en cuestión de yogures aún puedes pillarte el típico, pero en política,
si no te gusta lo sintético, en todos los sentidos incluido el glandular, y no
puedes hacer tu propia síntesis con productos originales, luego a luego lo
único que queda es hacer de espectador, que te ríes y, de momento, es gratis. De
momento.