jueves, 11 de junio de 2026

Poderes


El estado debe dar más miedo que la mafia. Este eslogan de Mussolini, pareciera estar presente en ciertas instancias del estado español, a juzgar por la determinación y diligencia para con el (pen)último brote de abominable corrupción política. 

Con los medios, apuntados a coro a airear y explotar una veta de oro, a cuyo hedor el público alucina y babea sin respiro, quizás por el olor a mierda en todos sus formatos, ante el compendio de falta de ética y estética, de abusos, nepotismo, pillaje, extorsión, superior todo en morbo a la programación basura, juego de niños al lado de El Padrino IV que dan las pantallas. 

Y ves a gente por la calle que parece acabar de tragarse un sumario. Están abducidos por la trama, la cloaca, o ese partido hecho una organización criminal. Por esa aberración, esa anomalía, ese desvío en el uso del poder. Algunos temen incluso que eso afecte a la democracia. Son gente biempensante, que hacen su vida y votan y no han tenido razones para sospechar si todo eso que está saliendo a relucir no serán los árboles que tapan el bosque. 

Y si lo que ahora aflora, con detalle, enardecido por el sensacionalismo pro ventas, con pormenores groseros, zafios, todo ese zurrumollo, no será sino la trastienda, la intrahistoria, la vida cotidiana del poder mismo -y no cosa de un partido, y menos de un grupo armado de iniquidad-. 

Eso que nunca aparece tal cual y que cuando lo hace hay que disfrazarlo, travestirlo de monstruo raro, pero que en cualquier pueblo, en el pequeño espacio de las distancias cortas, sin intermediarios ni zarandajas, todo quisque lo reconoce a simple vista, por ser el poder de toda la vida, básico pero definitorio, operando, sea en el sexo, el dinero, las relaciones, las lindes, el estatus, las ambiciones, los deseos. 

No una enfermedad o sarpullido, o la patología de un momento. Una excepción. No. Es el poder, idiotas. Y por supuesto, más real que una peli. Solo falta la violencia, se dirá. Pero eso sí que sería una película, una desvirtuación del poder, que hoy es pacífico por obligación. Como el estado, que, por eso, debe dar más miedo. Incluso a la mafia misma. Bueno, a una de ellas.

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