ZP, padrino del sanchismo, de la perversa Alianza de las Civilizaciones, la memoria histórica cunetera, la dichosa discriminación positiva, la entrega final del País Vasco a los abertzales, del engendro del Procès, y gran recortador del bienestar (10.000 kilos, se dice pronto) y sin que lo exigiera Europa; el único presidente que me ha removido el yuyu de algunos bajos instintos, hasta hacerme votar (en contra) en este siglo, por temor a su mayoría absoluta; ese pedazo de pan buenista y más peligroso que un chimpancé con una navaja de afeitar, resulta que va a ser, también, un ladrón.
Lo cual es de lo más lógico, si consideramos que aquí es lo más fácil para cualquiera con posibles -del resto ya se encarga el gran ladrón: hacienda-, y es casi legal. De hecho, es tan nuestro que se considera gilipollas a quien, pudiendo, no roba (a otro ladrón, pues todo el mundo lo es, y de ahí lo de los cien años de perdón).
Si no, no se explica tanta permisividad, comprensión, simpatía y olé tus huevos para con la sisa, la propina, la mamandurria, la gorra, el porcentaje, el apaño, el menudeo, la mordida y otros parabienes, y tanta justificación y dar por hecho que para vivir hay que robar. Debe de ser la miseria de mamar ansia y envidia y ganas de ganeta durante siglos de secarral y no solo ambiental, y de hidalguías arruinadas.
Y luego está esa casta sin oficio ni beneficio que se adueñó, conjuntamente con los grandes ladrones de siempre, de la política, desplazando a los que la llevaron, por convicción, a ciertas cotas de dignidad, estableciendo el esquilme, la extracción y el saqueo como norma y maricón el último.
Que es lo que, una vez liquidadas las clases menestrales, y ya todos
pobres al menos de espíritu, ha terminado por integrar el latrocinio y el que
parte y reparte como señas de identidad de lo público hecho una ciénaga, y su
admisión como equipo de serie, hasta el punto de que cualquiera ve anormal ya
la honestidad y presagio de necesidad de trato psicológico en quien no mete la
mano en el cajón. En estas circunstancias, la corrupción ya no pasa ni factura,
y si el menda es de los nuestros, es un héroe. Así nos va (a ir).
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