Iba
a ir a las Fallas, pero al final me he conformado con la que hay montada desde
hace años con el tornado incesante de impostura, mentiras y teatrillo vil en
que ha venido a parar el torbellino de basura nacional, escupiendo miserias sin
parar, y también a cada vez más ciudadanos del sistema (usurpado por el tornado
mismo), antaño preocupados y hoy hasta los mismísimos de todo lo que no sean
sus asuntos más particulares.
Objetivo pues cumplido: dividir la población en
tontos útiles y atentos, y antisistema los demás, que, de hecho, cada día nos
da más lo mismo la diestra que la siniestra (en mayoría), la corrupia, el disloque,
la democracia y el sursum corda (arriba los corazones). Ahora estamos con las
armas (y arriba las manos…, que te voy a desplumar).
El si vis pacem para bellum
ha vuelto, o sea la instauración mundial de la Asociación del rifle. Charlton
Heston estaría contento. Y también Margarita Robles, ese ninot indultat cuya
trayectoria, de mujer a magistrada, de ello a ministra y de tal a belicista
contentísima de adquirir muchos juguetes pimpampuneros, me hace temer que mi
quinta vuelva del confinamiento en la reserva (de la comanchería de la vejez) a
la primera línea de fuego, a falta de otros más jóvenes a los que quepa suponer
el valor.
800.000 millones, algo que no cabe en cabeza humana, dispuestos por
Europa -gastad, gastad, malditos, que ya se os repondrá la pasta-, y que son
los mismos anunciados (¡qué casualidad!) hace meses por Draghi para levantar la
UE. Pero ahora, en armas.
Y ahí están. Unos, que sí, pero solo si pasa por el
Congreso, que es quien tiene licencia para matar. Otros, que eso es demasiado
importante para que lo estudien antes los políticos electos. Otros, que no pero
sí; o que sí pero no; o que nosi, peroni. O que se llame seguridad. O que les
den la parte que le toque a su nacionalidad. O que sí, pero solo drones, y que
pesen poco.
En fin, el despropósito fallero hispano de siempre, que está
pidiendo a gritos no solo que resucite La Codorniz, la revista más audaz para
el lector más inteligente. Sino también un poco de gasolina, y una cerilla. Y de
indultar, lo justo.